Las últimas palabras salieron de mis labios, sin ganas. Había hablado horas con ese ser despreciable que solo asentía y sonreía de una manera embaucadora, bueno, embaucadora que se diga...Parecía haberse tragado todo, sin cumplir su amenaza.
Cuando terminé de hablar se acercó en dos pasos y posó su mano sobre mi hombro.
-Ahora, tu y yo quedaremos en esto-miré su mano y sus ojos alternativamente y suspiré. No tenía elección.-Vas a olvidar todo lo que ha pasado hasta aquí y las palabras que oirás en esta habitación serán lo único que te interesen-asentí sin ganas, sabiendo que por mucho que dijese seguiría sin creer a un ser tan despreciable.
Sus ojos brillaban con astucia como si supiese en lo que estaba pensando.
-Todo lo que has visto, te han contado o has oído...-tomó una pausa dramática-¡es mentira!-exclamó golpeando el aire con la mano.-Nosotros no somos tan asquerosos como crees que somos, ni siquiera somo los malos de esta película. Nosotros queremos que el mundo nos comprenda, poder vivir con los humanos mientras ellos saben nuestro secreto. En cambio, esos traidores, solo desean esconder nuestro modo de vida, solo desean destruirnos, destruir a tu madre con esa maldita piedra-su tono de voz se iba haciendo más lúgubre cada vez.
-Ya-susurré apartando el hombro como pude de su agarre.-Eso explica a esa gente de ahí fuera.
Su expresión cambió a una sonrisa macabra.
-Esos...ellos no importan ene este momento-intentó moderar la manera en la que estaba hablando, pero su voz seguía estando decorada con un leve tintineo de oscuridad.-Lo que te quiero dar a entender es que nosotros luchamos por una causa justa, la de poder vivir en paz, ellos solo quieren ser los únicos que controlen este mundo. Tus padres se revelaron ante ellos, por eso se unieron a mi-sabía donde tenía que apuntar para que me doliese, lo sabía demasiado bien. Sabía que si metía a mi madre entre todo ese barullo me desconcertaría. Pero esta vez no, esta vez seria más inteligente que él.
-Tus padres, eran buena gente, que lastima que a tu madre hiciese esa estupidez, esa pequeña tontería que le costó su vida. Después de eso tu padre se volvió loco. Nos traicionó, para que esos traidores-escupió la palabra-le encarcelasen hasta el final de su vida. Fue una pena-susurró la última frase negando con la cabeza como si de verdad lo sintiese.-Seguramente eso no te lo contaron, pero lo que le sucedió a tu madre fue culpa suya, la convencieron de que nosotros solo queríamos destruir a los humanos, ella les creyó, pero lo que en realidad querían era apresarla, al igual que tu padre. Sin ninguno de los dos, el viejo tendría a otro integrante mestizo, alguien que se pudiese introducir en las filas del enemigo, pero...tu madre le rogó antes de ser encerrada que te llevasen con una familia humana-todo parecía estar de acuerdo con la historia que ya sabía.
-¿Adivinas lo que paso?-susurró sonriente.
Negué intentando no creerme ninguna de sus palabras.
-El fue el que envió a esas pequeñas y juguetonas bestias que te hundieron en el lago, pretendían llevarte hasta el pero lo calcularon mal, al igual que todo lo anterior. Parece que encontraron a alguien difícil de roer-me sumí en mis pensamientos. mirándolo bien, por que me habían atacado, y por qué la de la piedra, y lo de hablar conmigo...Todo eso tenía algo que no me llegaba a gustar.
El roce de su mano sobre mi hombro me sobresaltó.
-Creerme, no has sido la única, a ese chico...¿cómo se llama?...¿Khad?-me preguntó con la mirada turbia.
-Khass-susurré sin poder creerlo.
-Si, su madre se unió a ellos por el mismo motivo que tu madre y descubrió que eran crueles, déspotas y que querían estar por encima de todos nosotros. Huyó, pero fue demasiado tarde para el niño-asentí dudando.
El parecía saber que si seguía hablando de ese modo toda mi cabeza se convertiría en un volcán en erupción.
-Ahora, si no te molesta, debo retirarme-susurró acercándose a la puerta y haciendome un gesto para que pasase delante de él. Me levanté de la silla y salí por la puerta. Me siguió y cerró la puerta detrás suya, la cual crujió de manera ensordecedora.
Lissie seguía allí esperando con una sonrisa de niña buena en los labios, y como si fuese el perrito faldero de ese tío, se levantó y fue corriendo hacia él.
-Señor-casi chilló.-¿Necesita algo?-el hombre asintió y me miró como si de una carga se tratase.
-Que descanse, y dile...-la miró como intuyendo que la liaría.-No, mejor no digas nada.
El hombre desapareció por el portal dejándonos allí solas en medio del silencio.
-Sígueme-susurró de mala gana. La seguí atravesando rincones, escaleras y pasillo, unos detrás de otros. Por las ventanas ya empezaba a entrar claridad. Ninguna de las dos parecía dispuesta ha hablar, hasta que rompí el silencio.
-¿Qué empresa lleváis a cabo en este sitio?-pregunté intentando sacar algo de información a la que menos barreras parecía tener.
-La igualdad entre los...-lo pensó-...humanos y nosotros-asentí. Todos parecían estar de acuerdo en el mismo punto, como si les hubiesen enseñado a dedillo la lección.
-¿Y toda esa lucha entre los dos bandos?
-No es nada. Ellos no quieren descubrir nuestros poderes naturales-bufé con resignación.
-¿Y que pasa entre Euríale y el señor?-pregunté sabiendo que eso la obligaría a reaccionar.
-Nada-se giró bruscamente.-Solo fue un encaprichamiento del señor, ahora no es nada-susurró continuando su camino. Sus ojos parecian haberse vuelto hielo cuando me miró.
-Eso no es lo que parecía antes-susurré con una sonrisilla en los labios. Era divertido, muy divertido, parecía que fuese a echar humo por las orejas de un momento a otro.
-Desde que a su hijo Kassh le secuestraron los otros, no ha habido más, ¿me entiendes?-la temperatura de la habitación bajó precipitadamente. Asentí sin poder creerme todo lo que había descubierto. Kassh era hijo de "el gran y todopoderoso" señor. Según todo eso, había sido secuestrado, mi madre se arrepentía de haberse unido a la banda del viejo, mi padre se había vuelto loca y ahora tenía a dos civilizaciones de distintas ideas enfrentadas por una piedra que se supone nos daría la salvación, o nos la quitaría. Todo era demasiado extraño.
-Ya hemos llegado-me miró, o por lo menos yo sentí esa mirada suya llena de odio y hielo. Asentí forzando una sonrisa.
Un colchón de paja y una ventana llena de escarcha me esperaban. Lissie se acercó al colchó y sen tumbó sobre el.
-Puedes dormir en el suelo-susurró dándose la vuelta.
<<Repípi celosa>>, pensé mientras me apoyaba debajo de la ventana. En esa habitación hacía demasiado frío, más que en el resto. Incluso había escarcha en la ventana.
Como pude me acurruqué sobre mi misma cruzando las piernas y rodeándolas con los brazos. Cerré los ojos y poco a poco todo se volvió oscuro a medida que el tiempo pasaba.
Los árboles me golpeaban, y la humedad se sentía en cada poro de mi piel. Alguien me estaba dando la mano, alguien muy familiar.
-Mamá-dije mirándola. Dirigió una mirada esperanzada con unos ojos azules acuosos.-¿Dónde vamos?, ¿y papá?-intentaba dejar de moverme, pero mi madre tiraba de mis manitas de niña con facilidad.
-Vamos a ir a ver a un amigo-susurró.-Papá vendrá más tarde-veía como las lágrimas escapaban de sus ojos.
El paisaje parecía siempre el mismo, los árboles me cegaban y las ramas se enganchaban al bajo de mis pantalones. De pronto mi madre se detuvo tirando de mi mano.
-Hedera, cariño, quedate aquí. Ahora vuelvo-susurró dejandome allí en medio del bosque, mientras ella se alejaba hacia una zona hundida en el terreno.
No tardaría más de diez minutos cuando de la nada salió con un niño entre sus brazos. La miré sin comprender, el niño que llevaba en brazos me resultaba familiar.
Llegó a mi lado y sin esperar más, volvió a coger mi mano y tiró, ahora con más rapidez, de ella. La seguía sin poder seguirla el ritmo, mientras que ella corría desesperada.
Por fin se detuvo. El bosque se había abierto formando un claro donde un calmado lago descansaba. Soltó al niño en el suelo y con pasos cortos y temblorosos introdujo sus tobillos en el agua. Era la primera vez que me fijaba,pero tenía la piel azul y el pelo tan blanco que resaltaba en la noche.
-Cariño-su arrodilló metiendo las rodillas en el agua. Pasó su mano por mi frente y sonrió con tristeza.-Ahora, nos tenemos que separar-susurró mientras unas lágrimas caían de sus ojos.-Tienes que prometerme una cosa-asentí sintiendo las lágrimas en los ojos,-debes cumplir la profecía, debes acabar con Fenix-susurró.
Cogió al niño otra vez entre sus manos y, lentamente, se fueron sumergiendo en el agua poco a poco. Un brillo extraño se oyó y un sonido, como si de un llanto de una criatura sobrenatural, retumbó en el aire.
-Ve con Yukon y entregale la piedra-la voz de mi madre zumbó en mis oídos con una exhalación.
La luz dejo de emitirse y ,como si la corriente lo llevase, el niño apareció en la orilla, totalmente empapado y con unos ojos blancos que parecían estar vaciós, acompañado de un enorme huevo azul.
Sin pensarlo tomé de la mano al niño y al huevo y corrí, casi arrastrandole, por largos caminos y senderos. Sin saber donde me dirigía, sin saber como llegaría. Camino tras camino, mis fuerzas empezaron a disminuir hasta quedar tendida en el suelo.
Murmullos sonaban, uno tras otro y voces fuertes y contundentes sonaban sorprendidas. Pero hubo una que reconocí al instante.
-El pequeño Kassh y la pequeña Hedera ya son unos de los nuestro-la voz de Yukon sonó llena de felicidad.
Desperté todavía apoyada en la pared y con la cabeza ladeada. Todo había sido un sueño. Limpié los rastros de lágrimas y observé la escarcha del cristal. Ya era de día.
La doble vida de Hedera Helix
domingo, 30 de octubre de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Capítulo 16
La mujer ni siquiera esperó a que la puerta se abriera del todo, tan solo pasó por el pequeño hueco entre el marco y la puerta.
Sacudí la cabeza intentando quietarme el embobamiento que tenía encima. Llevaba esperando ese momento desde hacía días, semanas, no lo sabía con certeza, ni si quiera ahora lo sé con determinación.
Entré siguiendo de cerca a Alec, que había entrado despúes que la mujer.
La habitación estaba en penumbras; el gran ventanal que había al fondo estaba cubierto por unas anchas cortinas; las paredes decoradas con un friso de madera; un escritorio oscuro con un globo terraqueo y varios papeles esparcidos sobre él, descansaba bajo la ventana, pero lo que más llamaba la atención era la silueta de un hombre de espaldas, con el pelo desigual y un traje con solapas desgarradas.
-Señor, traigo a la chica-la mujer se dirijió al extraño hombre de espaldas anchas.-Muchas gracias, Euríale-su voz dura y grave tenía una mezcla de misterio y elegancia, pero en ese momento no me fijé en su voz, sino en ese nombre...
<<Euríale, ¿de qué me suena?, lo he oído antes lo sé, pero...>>, una imagen acudió velozmente a mi cabeza, ¡Khass!, su madre.
Toda esa información se proceso con extremada velocidad y como si fuese un autómata giré la cabeza hacia ella y até cabos. Esa sensación cuando la di la mano, era la misma; sus gafas, tapaban sus ojos de vibora. ¡¿Cómo podía haber sido tan lenta?!
-Euríale, iros, dejadnos a solas-Alec y la mujer hicieron una pequeña reverencia y desaparecieron en el aire-.Bueno, Hedera-dijo con rintintín-,creo que tu y yo debemos hablar, ¿verdad?-apoyó sus manos al escritorio que tenía justamente delante de él-.¿Sabes lo que quiero?
-Lo mismo que todo el mundo aqui, el maldito colgante-dije con voz queda.
-Exactamente, ¿sabes el por qué?-preguntó de forma misteriosa quitando las manos del escritorio de ebano.
Pensé. Era verdad, estaba intentando proteger una piedra de la cual solo sabía que mi madre estaba allí.
-¿Mi madre?-su carcajada resonó por toda la habitación.
-A esa mujer no la quiero volver a ver ni en pintura-dijo girando bruscamente. Un momento, ese no era el tío de la foto.
-¡¿Quién eres?!-exclamé mirandole fijamente, su cara era más afilada, su pelo era anaranjado cortado en mechones desiguales y sus ojos eran naranjas no rojos. Ese tío era completamente distinto que al de la foto.-Soy el fenix-sus ojos brillaron como el fuego en la noche. Mi cabeza no daba más de mi, ese tío no era el de la foto, pero todo el mundo le trataba como un amo-.Sorprendida, no era lo que esperabas-eso no era una pregunta, sabía lo que estaba pensando.
-Tu...no...-su sonrisa blanca resaltó en la penumbra de la oscuridad. Estaba asustada, ese tío no era normal, desprendía un aura....
-Oh si, el de la foto no era yo, era el estúpido de tu padre, intéligente pero estúpido-parecía estar hablandolo consigo mismo, pero no paraba de mirarme con interés. Según oí esa frase todo se derrumbo a mi alrededor, ¿cómo que mi padre?, él era....
No lo entendía, me había estado jugando la vida para esto, para no saber nada de mi misma ni de mi familia. No sabía el por qué de esa estúpida lucha y ni siquiera sabía si ese tío decía la verdad o si todo era un castillo en el aire.
-Tu padre y tu madre me fueron muy útiles-continuó como si hubiese leido el desconcierto en mi cara.-Después, tu madre cometió una estupidez y...¡caput!-remarco el final de la frase golpeando el gran escritorio con el puño.-Si te digo la verdad, me dieron incluso pena, tu madre dio su insignificante vida por salvar algo que no tenía remedio-dirijió su mano al globo terraqueo del escritorio y al tocarlo un pequeño resplandor rojo se formo entre su mano y el globo.-Que pena que no sirviese de nada, ¿verdad?
-N...no...has respondido-susurré con rabia lo suficiente alto como para que me oyese.
Soltó una carcajada.
-Eres un poco insolente-dijo acercandose con paso lento.-No dudes que te hubiese matado si no necesitase saber que planean esos...-dejó la frase en el aire con desprecio. El hombre se acercó lentamente hacia las cortinas y las abrió de golpe, dejando que una luz cegadora iluminase la gran habitación.-Pero si lo prefieres, puedes estar entre ellos-dijo señalando por la ventana, por detrás de la muralla, a un grupo de personas atadas a barrotes, cubiertas de suciedad.
Entrecerré los ojos con rabia. Ese tío era un monstruo.
-Te he dado a elejir, asi que no me mires asi-dijo sin mirarme. Me estaba poniendo de los nervios, tenía unas ganas de golpearle.
¿Elejir?, ¡¿a eso el llamaba elejir?!, o me das información o te encadeno, más bien era como decirte que puerta eliges, la de las los leones o la del camino de la gloria. ¡Qué iba a elejir! Bueno si, podría ser una heroína y quedarme encadenada cantando el típico no nos moveran, pero como lo que buscaba era sobrevivir en un nido de ratas, acepté la opción más llevadera.
-¿Qué quieres saber?-pregunté acercandome al escritorio.
Se giró hacia mi con una sonrisa gatuna pintada en su cara.
-Todo-dijo apartando la silla del escritorio-.Quiero saber todo-se sentó con delicadeza y entrecruzó las manos por encima del escritorio.
Me quedé allí en medio de la inmensa sala, de brazos cruzados y sin saber por dónde empezar. Busqué en cada recoveco de mi mente con desesperación, necesitaba algo que hiciese que el me respondiese todas mis dudas.
-Todo lo que se es...-empecé a relatarle toda mi historia, desde ese maldito día en el pantano hasta ahora, bueno tal vez no toda mi historia, me salté unos cuantos detalles, como la localización de la piedra y el pequeño trozo que había desaparecido en mi mano, y la teoría que tenía para destruirle.
Sacudí la cabeza intentando quietarme el embobamiento que tenía encima. Llevaba esperando ese momento desde hacía días, semanas, no lo sabía con certeza, ni si quiera ahora lo sé con determinación.
Entré siguiendo de cerca a Alec, que había entrado despúes que la mujer.
La habitación estaba en penumbras; el gran ventanal que había al fondo estaba cubierto por unas anchas cortinas; las paredes decoradas con un friso de madera; un escritorio oscuro con un globo terraqueo y varios papeles esparcidos sobre él, descansaba bajo la ventana, pero lo que más llamaba la atención era la silueta de un hombre de espaldas, con el pelo desigual y un traje con solapas desgarradas.
-Señor, traigo a la chica-la mujer se dirijió al extraño hombre de espaldas anchas.-Muchas gracias, Euríale-su voz dura y grave tenía una mezcla de misterio y elegancia, pero en ese momento no me fijé en su voz, sino en ese nombre...
<<Euríale, ¿de qué me suena?, lo he oído antes lo sé, pero...>>, una imagen acudió velozmente a mi cabeza, ¡Khass!, su madre.
Toda esa información se proceso con extremada velocidad y como si fuese un autómata giré la cabeza hacia ella y até cabos. Esa sensación cuando la di la mano, era la misma; sus gafas, tapaban sus ojos de vibora. ¡¿Cómo podía haber sido tan lenta?!
-Euríale, iros, dejadnos a solas-Alec y la mujer hicieron una pequeña reverencia y desaparecieron en el aire-.Bueno, Hedera-dijo con rintintín-,creo que tu y yo debemos hablar, ¿verdad?-apoyó sus manos al escritorio que tenía justamente delante de él-.¿Sabes lo que quiero?
-Lo mismo que todo el mundo aqui, el maldito colgante-dije con voz queda.
-Exactamente, ¿sabes el por qué?-preguntó de forma misteriosa quitando las manos del escritorio de ebano.
Pensé. Era verdad, estaba intentando proteger una piedra de la cual solo sabía que mi madre estaba allí.
-¿Mi madre?-su carcajada resonó por toda la habitación.
-A esa mujer no la quiero volver a ver ni en pintura-dijo girando bruscamente. Un momento, ese no era el tío de la foto.
-¡¿Quién eres?!-exclamé mirandole fijamente, su cara era más afilada, su pelo era anaranjado cortado en mechones desiguales y sus ojos eran naranjas no rojos. Ese tío era completamente distinto que al de la foto.-Soy el fenix-sus ojos brillaron como el fuego en la noche. Mi cabeza no daba más de mi, ese tío no era el de la foto, pero todo el mundo le trataba como un amo-.Sorprendida, no era lo que esperabas-eso no era una pregunta, sabía lo que estaba pensando.
-Tu...no...-su sonrisa blanca resaltó en la penumbra de la oscuridad. Estaba asustada, ese tío no era normal, desprendía un aura....
-Oh si, el de la foto no era yo, era el estúpido de tu padre, intéligente pero estúpido-parecía estar hablandolo consigo mismo, pero no paraba de mirarme con interés. Según oí esa frase todo se derrumbo a mi alrededor, ¿cómo que mi padre?, él era....
No lo entendía, me había estado jugando la vida para esto, para no saber nada de mi misma ni de mi familia. No sabía el por qué de esa estúpida lucha y ni siquiera sabía si ese tío decía la verdad o si todo era un castillo en el aire.
-Tu padre y tu madre me fueron muy útiles-continuó como si hubiese leido el desconcierto en mi cara.-Después, tu madre cometió una estupidez y...¡caput!-remarco el final de la frase golpeando el gran escritorio con el puño.-Si te digo la verdad, me dieron incluso pena, tu madre dio su insignificante vida por salvar algo que no tenía remedio-dirijió su mano al globo terraqueo del escritorio y al tocarlo un pequeño resplandor rojo se formo entre su mano y el globo.-Que pena que no sirviese de nada, ¿verdad?
-N...no...has respondido-susurré con rabia lo suficiente alto como para que me oyese.
Soltó una carcajada.
-Eres un poco insolente-dijo acercandose con paso lento.-No dudes que te hubiese matado si no necesitase saber que planean esos...-dejó la frase en el aire con desprecio. El hombre se acercó lentamente hacia las cortinas y las abrió de golpe, dejando que una luz cegadora iluminase la gran habitación.-Pero si lo prefieres, puedes estar entre ellos-dijo señalando por la ventana, por detrás de la muralla, a un grupo de personas atadas a barrotes, cubiertas de suciedad.
Entrecerré los ojos con rabia. Ese tío era un monstruo.
-Te he dado a elejir, asi que no me mires asi-dijo sin mirarme. Me estaba poniendo de los nervios, tenía unas ganas de golpearle.
¿Elejir?, ¡¿a eso el llamaba elejir?!, o me das información o te encadeno, más bien era como decirte que puerta eliges, la de las los leones o la del camino de la gloria. ¡Qué iba a elejir! Bueno si, podría ser una heroína y quedarme encadenada cantando el típico no nos moveran, pero como lo que buscaba era sobrevivir en un nido de ratas, acepté la opción más llevadera.
-¿Qué quieres saber?-pregunté acercandome al escritorio.
Se giró hacia mi con una sonrisa gatuna pintada en su cara.
-Todo-dijo apartando la silla del escritorio-.Quiero saber todo-se sentó con delicadeza y entrecruzó las manos por encima del escritorio.
Me quedé allí en medio de la inmensa sala, de brazos cruzados y sin saber por dónde empezar. Busqué en cada recoveco de mi mente con desesperación, necesitaba algo que hiciese que el me respondiese todas mis dudas.
-Todo lo que se es...-empecé a relatarle toda mi historia, desde ese maldito día en el pantano hasta ahora, bueno tal vez no toda mi historia, me salté unos cuantos detalles, como la localización de la piedra y el pequeño trozo que había desaparecido en mi mano, y la teoría que tenía para destruirle.
domingo, 15 de mayo de 2011
Capítulo 15
El edificio destacaba entre todos los muros que lo rodeaban. Sus ventanas tenían vidrieras y entre ellas se filtraban unos débiles rayos de luz, que parecían provenir de velas.
Alec había corrido dejando un rastro luminoso a su espalda, situándose delante nuestra. Según llegó bajó la marcha y fue con la cabeza bien alta, recibiendo halagos de todo el mundo, cosa que solo hacía aumentar su maldito ego.
Seguimos andando, hasta que una puerta de madera, con grandes bisagras y con aspecto de tener varios años, nos impidió el paso. Miré a la mujer, pero esta solo miraba al pelirrojo con impaciencia. Alec pareció darse cuenta de que si no abría la puerta inmediatamente, alguien saldría muy mal parado. Apoyó las manos sobre la vieja madera y ni siquiera tuvo que empujar, se oyó un chasquido y sin más la puerta se abrió. Cuando se apartó se lamió las palmas de la mano, como fuera un gato, pero no parecía que lo hiciese por estar sucio, sino porque parecía haberse hecho daño.
Me fijé en la puerta, intentando saber que es lo que le había hecho tanto daño, y entonces lo vi, dos pinchos negros, uno en el centro de cada puerta, manchados de sangre, y con varios agujeros para absorber la sangre derramada.
Que dolor, pensé mientras me apretaba las palmas de las manos. En ese momento hasta el pelirrojo me dio pena.
La mujer empezó a andar con rapidez, como si no le importara el sacrificio que el pelirrojo acababa de hacer.
Me quedé embobada mirando a la puerta y a su extraño mecanismo de apertura, ¡se abría con sangre!
Solo salí de ese minúsculo trance cuando el pelirrojo me golpeó el hombro al pasar por mi lado, sin borrar esa sonrisa estúpida mientras se lamía la palma de la mano. Según me golpeó me di cuenta de que debía continuar, o no conocería a Él.
Entré por la puerta, y tropecé con los tres escalones que había a continuación de la puerta.
<<Torpe>>, me reproche mentalmente viendo como la mujer y el pelirrojo seguían andando sin esperarme. Aceleré el paso, por no decir que corrí hacia ellos, y me detuve cuando estaba a palmo de la espalda de la mujer. Ni siquiera se inmutaron, solo siguieron andando.
Caminamos recto hasta llegar a una escalera de caracol, totalmente de piedra, la subimos y allí se complico todo. La habitación a la que salíamos se partía en cinco pasillos, del pasillo que seguimos, salían dos pasillos más, así sucesivamente, en total, pasamos por más de diez pasillos, muchos más. Pero, aunque parecía que nos habíamos perdido la mujer sabía por donde iba, sus pasos eran firmes y no dudaba cuando tenía que salir de un pasillo a otro.
Por fin, después de no sé cuantos pasillos cruzados, llegamos a un pasillo que se iba estrechando poco a poco. Entramos, al principio la mujer y Alec iban juntos, pero llego un momento en el que el pasillo se estrechaba tanto que solo podíamos ir de uno en uno.
Andamos unos metros y en la creciente oscuridad se empezaron a denotar pequeñas luces flotando en medio del pasillo. Al principio creí que eran simples luces, pero después de que una de ellas se acercara flotando y me atravesara un brazo, pude descubrir que era fuego, pero no quemaba, solo daba la sensación de calor.
El final del pasillo estaba atestado de esas pequeñas llamas, pero nada más, ni una puerta, ni cadena...Solo estaban las llamas y las paredes de roca.
Seguimos andando. El pasillo terminaba, ¿dónde querían ir?,¿no veían que no había más?
Empecé a mirar hacia los lados intentando encontrar una puerta, una reja, algo por donde seguí el camino, pero no, no había nada de eso.
La mujer se detuvo delante de la pared, con gesto serio. Espere a que la pared se derrumbase, pero no, la tía esa pisoteó el suelo con fuerza tres veces, ni una más ni una menos, y esperó.
El silencio recorrió el pasillo, mientras intentábamos escuchar algo, bueno yo intentaba ellos ya sabían lo que debían escuchar.
-¿Si?-una voz aguda, parecida a cuando alguien araña una pizarra con las uñas, resonó desde detrás de la pared.
-Abre-la mujer sonaba irritada.
Nada sucedió, ni se oyó, pero la mujer anduvo con decisión contra la pared y un halo azul blanquecino la envolvió. Me quedé en el sitio, tensa y esperando algo más. Y de pronto, el pelirrojo me empujó con bastante brusquedad. Sentí que mi cuerpo impactaba contra algo invisible, pero no se detenía, en cambió, era tragado con presión hacia dentro. En segundos todo volvió a la normalidad.
Me estaba empezando a cansar de sus empujoncitos y como se le ocurriese darme otro se tragaba un puñetazo.
-¿Qué queréis?, el señor está muy ocupado para recibir a gente como tú-la voz me sacó de mis pensamientos, haciendo que me girara. La voz provenía de detrás de un escritorio de metal, para ser más exactos de una chica rubia, con dos altas coletas y una cara infantil. La chica parecía que con sus palabras solo se refiriese a la mujer.
<<Que no sea ella>>, rogaba en mi interior por que esa tía no fuese el poderoso Él.
Miré a mi alrededor intentando descubrir donde estaba. Las paredes de piedra habían desaparecido, y ahora eran laminas blancas; las llamas voladoras habían sido sustituidas por dos grandes focos de luz blanca; el pasillo estrecho ahora era una sala ancha con sillas azules cerca de las paredes, plantas en los rincones y un dispensador de agua.
-Lissie, callate, aunque tu "gran" cerebro te lo impida-respondió la mujer con odio.
Lissie se levantó del escritorio y se acercó a al mujer. Parecía a punto de llorar, con los mofletes hinchados y la cara roja de rabia, todo eso sumado a la camiseta con unicornios y a los pantalones de colores, hacía que pareciese una niña pequeña con una rabieta.
-¡Cabeza de serpiente!-chilló pisoteando con fuerza el suelo.-Que sepas que el señor solo te deja pasar porque traes a esa cosa-me señaló.
Venga ya, la leche, ¿cosa?, no podía decir nada más.
-Si, claro Lissie, pero por ahora yo he conseguido más de él que tu-una sonrisa maliciosa afloró en los labios de la mujer.
La única respuesta que hubo fue la risa de Alec y los pisotones de Lissie.
Eso era exasperante, no sabía por qué discutían y tampoco sabía si en algún momento de mi vida podría ver a Él, porque si eso continuaba así...
-Bueno y si no te importa nosotros nos vamos-la mujer se acercó a paso rápido hacia la puerta que había en una de las blancas paredes.
<<Por fin>>, pensé mientras acortaba la distancia entre nosotras.
La mujer empujó la puerta, esta sonó con un leve chasquido y se abrió con lentitud.
Alec había corrido dejando un rastro luminoso a su espalda, situándose delante nuestra. Según llegó bajó la marcha y fue con la cabeza bien alta, recibiendo halagos de todo el mundo, cosa que solo hacía aumentar su maldito ego.
Seguimos andando, hasta que una puerta de madera, con grandes bisagras y con aspecto de tener varios años, nos impidió el paso. Miré a la mujer, pero esta solo miraba al pelirrojo con impaciencia. Alec pareció darse cuenta de que si no abría la puerta inmediatamente, alguien saldría muy mal parado. Apoyó las manos sobre la vieja madera y ni siquiera tuvo que empujar, se oyó un chasquido y sin más la puerta se abrió. Cuando se apartó se lamió las palmas de la mano, como fuera un gato, pero no parecía que lo hiciese por estar sucio, sino porque parecía haberse hecho daño.
Me fijé en la puerta, intentando saber que es lo que le había hecho tanto daño, y entonces lo vi, dos pinchos negros, uno en el centro de cada puerta, manchados de sangre, y con varios agujeros para absorber la sangre derramada.
Que dolor, pensé mientras me apretaba las palmas de las manos. En ese momento hasta el pelirrojo me dio pena.
La mujer empezó a andar con rapidez, como si no le importara el sacrificio que el pelirrojo acababa de hacer.
Me quedé embobada mirando a la puerta y a su extraño mecanismo de apertura, ¡se abría con sangre!
Solo salí de ese minúsculo trance cuando el pelirrojo me golpeó el hombro al pasar por mi lado, sin borrar esa sonrisa estúpida mientras se lamía la palma de la mano. Según me golpeó me di cuenta de que debía continuar, o no conocería a Él.
Entré por la puerta, y tropecé con los tres escalones que había a continuación de la puerta.
<<Torpe>>, me reproche mentalmente viendo como la mujer y el pelirrojo seguían andando sin esperarme. Aceleré el paso, por no decir que corrí hacia ellos, y me detuve cuando estaba a palmo de la espalda de la mujer. Ni siquiera se inmutaron, solo siguieron andando.
Caminamos recto hasta llegar a una escalera de caracol, totalmente de piedra, la subimos y allí se complico todo. La habitación a la que salíamos se partía en cinco pasillos, del pasillo que seguimos, salían dos pasillos más, así sucesivamente, en total, pasamos por más de diez pasillos, muchos más. Pero, aunque parecía que nos habíamos perdido la mujer sabía por donde iba, sus pasos eran firmes y no dudaba cuando tenía que salir de un pasillo a otro.
Por fin, después de no sé cuantos pasillos cruzados, llegamos a un pasillo que se iba estrechando poco a poco. Entramos, al principio la mujer y Alec iban juntos, pero llego un momento en el que el pasillo se estrechaba tanto que solo podíamos ir de uno en uno.
Andamos unos metros y en la creciente oscuridad se empezaron a denotar pequeñas luces flotando en medio del pasillo. Al principio creí que eran simples luces, pero después de que una de ellas se acercara flotando y me atravesara un brazo, pude descubrir que era fuego, pero no quemaba, solo daba la sensación de calor.
El final del pasillo estaba atestado de esas pequeñas llamas, pero nada más, ni una puerta, ni cadena...Solo estaban las llamas y las paredes de roca.
Seguimos andando. El pasillo terminaba, ¿dónde querían ir?,¿no veían que no había más?
Empecé a mirar hacia los lados intentando encontrar una puerta, una reja, algo por donde seguí el camino, pero no, no había nada de eso.
La mujer se detuvo delante de la pared, con gesto serio. Espere a que la pared se derrumbase, pero no, la tía esa pisoteó el suelo con fuerza tres veces, ni una más ni una menos, y esperó.
El silencio recorrió el pasillo, mientras intentábamos escuchar algo, bueno yo intentaba ellos ya sabían lo que debían escuchar.
-¿Si?-una voz aguda, parecida a cuando alguien araña una pizarra con las uñas, resonó desde detrás de la pared.
-Abre-la mujer sonaba irritada.
Nada sucedió, ni se oyó, pero la mujer anduvo con decisión contra la pared y un halo azul blanquecino la envolvió. Me quedé en el sitio, tensa y esperando algo más. Y de pronto, el pelirrojo me empujó con bastante brusquedad. Sentí que mi cuerpo impactaba contra algo invisible, pero no se detenía, en cambió, era tragado con presión hacia dentro. En segundos todo volvió a la normalidad.
Me estaba empezando a cansar de sus empujoncitos y como se le ocurriese darme otro se tragaba un puñetazo.
-¿Qué queréis?, el señor está muy ocupado para recibir a gente como tú-la voz me sacó de mis pensamientos, haciendo que me girara. La voz provenía de detrás de un escritorio de metal, para ser más exactos de una chica rubia, con dos altas coletas y una cara infantil. La chica parecía que con sus palabras solo se refiriese a la mujer.
<<Que no sea ella>>, rogaba en mi interior por que esa tía no fuese el poderoso Él.
Miré a mi alrededor intentando descubrir donde estaba. Las paredes de piedra habían desaparecido, y ahora eran laminas blancas; las llamas voladoras habían sido sustituidas por dos grandes focos de luz blanca; el pasillo estrecho ahora era una sala ancha con sillas azules cerca de las paredes, plantas en los rincones y un dispensador de agua.
-Lissie, callate, aunque tu "gran" cerebro te lo impida-respondió la mujer con odio.
Lissie se levantó del escritorio y se acercó a al mujer. Parecía a punto de llorar, con los mofletes hinchados y la cara roja de rabia, todo eso sumado a la camiseta con unicornios y a los pantalones de colores, hacía que pareciese una niña pequeña con una rabieta.
-¡Cabeza de serpiente!-chilló pisoteando con fuerza el suelo.-Que sepas que el señor solo te deja pasar porque traes a esa cosa-me señaló.
Venga ya, la leche, ¿cosa?, no podía decir nada más.
-Si, claro Lissie, pero por ahora yo he conseguido más de él que tu-una sonrisa maliciosa afloró en los labios de la mujer.
La única respuesta que hubo fue la risa de Alec y los pisotones de Lissie.
Eso era exasperante, no sabía por qué discutían y tampoco sabía si en algún momento de mi vida podría ver a Él, porque si eso continuaba así...
-Bueno y si no te importa nosotros nos vamos-la mujer se acercó a paso rápido hacia la puerta que había en una de las blancas paredes.
<<Por fin>>, pensé mientras acortaba la distancia entre nosotras.
La mujer empujó la puerta, esta sonó con un leve chasquido y se abrió con lentitud.
domingo, 3 de abril de 2011
Capítulo 14
El paso de Rodny era lento, parecía como si le costase moverse. El ruido se sus pies golpeando la calle resonaba en mi cabeza, mientras una maldita pregunta flotaba en mi cabeza, intentando ser resuelta, pero no era tan fácil como podía parecer.
-No le importa-susurré con rabia. Apreté los puños con fuerza, sintiendo el dolor que me producían mis uñas al clavarse en la piel.
Soltó una pequeña carcajada, pero parecía que se hubiese desaprendido de su garganta llena de rabia y furia, como si hubiese dado en el clavo.
-No la verdad no me importa-se giró hacia mi y me mostró una sonrisa de superioridad.-Solo era simple curiosidad-ensanchó su sonrisa y se echó un mechón de pelo detrás de la oreja, era como si todo para ella no importase.-Pero bueno, ni siquiera se acordarán de mi, así que no pasa nada-esas palabras parecían cargadas con unas gotas de amargura y dolor, pero esa sonrisa seguía en su cara, como si en realidad no la importase.
-Yo tampoco te recordaría-susurré-.Serias un recuerdo demasiado horrible-la verdad, ni siquiera sabía porque lo había dicho, pero era lo que pensaba realmente.
La sonrisa pareció desaparecer por unos instantes, pero volvió a renacer, pero esta vez era una sonrisa de odio.
-Perfecto, no pretendía desprender mariposas rosas cuando me fuese-un pequeño escalofrío recorrió mi espalda, no se que daba más miedo, la mujer en sí, o imaginarte a la personificación del mal vestida de rosa, rodeada por maripositas rosas y echado flores por todos los lados.
-Pero tranquila, dentro de poco tu tampoco seras recordada-su sonrisa siguió ahí, pero ella parecía no estar. Se había quedado mirando sobre mi hombro, y parecía estar en otro mundo.
Me daban ganas de tirarla, pero a la vez, su sola presencia, tan rígida y a la vez tan suave, tan fría y tan cálida, tan malvada y tan buena, era como si un bucle de sensaciones se agrupase en su interior, hacía que no la atacase, el por qué, no lo sé, creo que era porque me infundía un gran respeto, no sé, tal vez porque era una de las piezas de ese puzzle tan enmarañado que debía resolver.
Ella seguía en su mundo, como si nada, como si no estuviese delante, de pronto movió la cabeza hacia los lados, como intentando borrar un mal sueño de su mente. Se giró y se apoyó en la barandilla de la plataforma.
-...lo que tiene el "amor"...-susurró mientras suspiraba de forma lastimera. La palabra amor, la había dicho con retintín, como si en realidad no fuese amor.
Algo tenía esa frase que me llamaba la atención, amor..., esa mujer estaba ahí por amor, ¿pero hacia quién?, hacia ese pelirrojo pesado...,no no creo, demasiado insoportable para llegar a ese extremo, hacia Él..., podía ser...pero...Moví la cabeza con brusquedad intentando librarme de mis suposiciones, y me fijé en la mujer.
-¿Amor?-pregunté intentando demostrar poco interés en este tema. No me contestó.-Entonces, tu y el pesado pelirrojo, estáis juntos...-no era una pregunta, solo quería picarla hasta el extremo de que me contestara. Sin previó aviso soltó una carcajada, creo que eso significaba un no rotundamente.
No volví a hablar, me parecía ridículo intentarlo, había intentado cabrearla, comprenderla y me estaba empezando a hartar, como se podía ser tan insensible.
El silencio se cernió sobre esa pequeña plataforma, solo se oía el aire golpeando los hombros de Rodny con violencia y sus pisadas. Esta vez el silencio no fue incomodo, era de lo más tranquilizador saber que no debía enfrentarme a esa mujer.
No se cuanto pasó hasta que el paso de Rodny empezó a bajar de velocidad, pero a partir de ese momento supuse que llegaba lo peor, sobretodo cuando vi al pelirrojo al lado de la mujer. ¡¿Cómo hacía eso?!, odiaba su velocidad, ojala un pie le fallase y terminase sobre el suelo moribundo, pero no, encima era ágil.
-Ya hemos llegado-dijo con demasiada caballerosidad.
-Bien, ahora bajamos, ve avisando de lo que traigo-le dijo con una sonrisa maliciosa dibujada en la cara. El chico saltó por la barandilla y desapareció con rapidez.-Y tu-me miró como a un trozo de carne.-Comportate, y no menciones nada delante de Él-respiré, lo primero no era un perrito al que decirle como comportarse, y lo segundo y más importante, ¡iba a conocer a Él!
La mujer se acercó al extremo de la plataforma, al principio pensé que era por ver al pelirrojo, pero me dí cuenta de que la plataforma había empezado a descender, pero Rodny no se había agachado ni un poco, es decir, ¿qué estaba pasando?
-Tienes que saltar-dijo mientras se sentaba sobre la barandilla. Miré hacia abajo rogando mentalmente porque fuera una broma, aunque parecía que lo decía muy en serio, igual que todo lo que decía.
Estaba claro que no iba a saltar, pero todo eso cambió cuando la plataforma desapareció bajo nuestros pies y el "pequeño" Rodny, había sido sustituido por un niño de ojos azules y pelo rubio cortado a tazón, tan delgado como si llevase días sin comer y con la ropa llena de agujeros.
Yo, ni siquiera sé como llegué al suelo, solo sé que hubo algo de aire que, creo, me detuvo de un buen golpe, no lo sé, en ese momento no me interesaba, luego ya me enteré por otros medios.
El niño no dejaba de llorar, me daba pena, era solo un crió de unos seis años y estaba allí, en medio de la calle, llorando y solo.
-Rodny-la mujer lo dijo como si el gigante estuviese, con la misma voz con la que se lo había dicho sobre su hombro. El niño inmediatamente paró de llorar y la miró sin verla, casi como un robot.
-¡Alec!-me giré intentando descubrir quién era ese Alec, pero ahí solo estaba el estúpido pelirrojo, el cual se giró hacia la mujer bruscamente.-Llevale con los otros-dijo mirando al niño con asco. El estúpido pelirrojo, o, Alec, cogió al niño, con ninguna delicadeza, del brazo y le llevó medio arrastrando, hasta que...desaparecieron, así sin más, fue como cruzar un campo de energía.
La mujer se puso a andar y yo me quedé ahí, inmóvil, donde pensaba ir, estábamos en medio de la nada, y la verdad no me apetecía desparecer como Alec y Rodny.
-¡Vamos!-me instó. Su voz me sacó de mi trance.
Empecé a andar hacia ella y me detuve a su lado, esperando a que hiciera algo. La mujer según me puse a su lado empezó a andar hasta detenerse en medio de la carretera esperando algo. La seguí a paso lento y me detuve a su lado, mientras miraba a ambos lados de la carretera deseando que ningún coche me llevase por delante, entonces la mujer me agarró del brazo con brusquedad y tiró de mi hacia delante, de pronto todo pareció desvanecerse.
Empecé a sentir que mi cuerpo se empezaba a separar, era como estar en varios sitios a la vez, y allí donde miraba solo había una luz azul intensa, pero esa sensación solo duró unos segundos, ya que la luz disminuyó y aparecimos delante de una fortaleza de piedra con miles de personas a su alrededor, todos parecían asustados, nos miraban con terror con los ojos vidriosos.
-Señora, por favor, dejenos en libertad-le rogaban algunos de los que estaban allí. Esa frase me hizo fijarme en ellos, todos estaban atados con cadenas gruesas de un material negro como el carbón y mas duro que el diamante.
Recorrí con la mirada toda la muralla de la fortaleza, en el extremo derecho, había algo parecido a una forja, y varias personas de cabellos llameantes atadas a ella, paseé la mirada hacia la izquierda, una fuente de agua, y varias personas con la piel llenas de escamas atada a ella. Mi mirada se posó en el extremo izquierdo de la fortaleza, allí estaba Alec, atando al niño a la pared con las gruesas cadenas, no era el único niño, toda esa zona estaba poblada de niños atados.
-¡Abrid las puertas!-grito la mujer mientras avanzaba hacia unas grandes puertas de roca. La seguí, no quería estar allí mucho tiempo, era demasiado triste, De pronto un ruido hizo que parara, la puerta de piedra había caído al suelo, partida en varias rocas pequeñas, haciendo un estruendo horrible.
La mujer pasó por el hueco que había dejado la puerta con total naturalidad. Con mucho cuidado de que no me pasase nada, nadie sabía si se iba a derrumbar la fortaleza entera, la seguí medio corriendo, y según cruzamos las puertas, todas las rocas que se había amontonado en el suelo, volvieron a su antiguo estado, el de una puerta.
En el interior el panorama era distinto, la gente andaba tranquilamente, con sonrisas pintadas en la cara, como si lo que hubiese fuera no les importase. Lo único que destacaba ahí eran varios hombres atados al suelo, a los lados de la tierra, supuse que serían los elementales de la tierra.
La mujer andaba con la cabeza alta, seguida de cerca por mi, hacia una construcción en medio de la fortaleza, todo el mundo parecía respetarla y bajaban la cabeza a su paso.
¿Dónde concho estábamos?, ¿en la tierra media?, y, ¿ por qué ese cambio de fuera a dentro de las murallas? Muchas preguntas recorrían mi mente, pero la más importante era: ¿Podría ver a Él?
-No le importa-susurré con rabia. Apreté los puños con fuerza, sintiendo el dolor que me producían mis uñas al clavarse en la piel.
Soltó una pequeña carcajada, pero parecía que se hubiese desaprendido de su garganta llena de rabia y furia, como si hubiese dado en el clavo.
-No la verdad no me importa-se giró hacia mi y me mostró una sonrisa de superioridad.-Solo era simple curiosidad-ensanchó su sonrisa y se echó un mechón de pelo detrás de la oreja, era como si todo para ella no importase.-Pero bueno, ni siquiera se acordarán de mi, así que no pasa nada-esas palabras parecían cargadas con unas gotas de amargura y dolor, pero esa sonrisa seguía en su cara, como si en realidad no la importase.
-Yo tampoco te recordaría-susurré-.Serias un recuerdo demasiado horrible-la verdad, ni siquiera sabía porque lo había dicho, pero era lo que pensaba realmente.
La sonrisa pareció desaparecer por unos instantes, pero volvió a renacer, pero esta vez era una sonrisa de odio.
-Perfecto, no pretendía desprender mariposas rosas cuando me fuese-un pequeño escalofrío recorrió mi espalda, no se que daba más miedo, la mujer en sí, o imaginarte a la personificación del mal vestida de rosa, rodeada por maripositas rosas y echado flores por todos los lados.
-Pero tranquila, dentro de poco tu tampoco seras recordada-su sonrisa siguió ahí, pero ella parecía no estar. Se había quedado mirando sobre mi hombro, y parecía estar en otro mundo.
Me daban ganas de tirarla, pero a la vez, su sola presencia, tan rígida y a la vez tan suave, tan fría y tan cálida, tan malvada y tan buena, era como si un bucle de sensaciones se agrupase en su interior, hacía que no la atacase, el por qué, no lo sé, creo que era porque me infundía un gran respeto, no sé, tal vez porque era una de las piezas de ese puzzle tan enmarañado que debía resolver.
Ella seguía en su mundo, como si nada, como si no estuviese delante, de pronto movió la cabeza hacia los lados, como intentando borrar un mal sueño de su mente. Se giró y se apoyó en la barandilla de la plataforma.
-...lo que tiene el "amor"...-susurró mientras suspiraba de forma lastimera. La palabra amor, la había dicho con retintín, como si en realidad no fuese amor.
Algo tenía esa frase que me llamaba la atención, amor..., esa mujer estaba ahí por amor, ¿pero hacia quién?, hacia ese pelirrojo pesado...,no no creo, demasiado insoportable para llegar a ese extremo, hacia Él..., podía ser...pero...Moví la cabeza con brusquedad intentando librarme de mis suposiciones, y me fijé en la mujer.
-¿Amor?-pregunté intentando demostrar poco interés en este tema. No me contestó.-Entonces, tu y el pesado pelirrojo, estáis juntos...-no era una pregunta, solo quería picarla hasta el extremo de que me contestara. Sin previó aviso soltó una carcajada, creo que eso significaba un no rotundamente.
No volví a hablar, me parecía ridículo intentarlo, había intentado cabrearla, comprenderla y me estaba empezando a hartar, como se podía ser tan insensible.
El silencio se cernió sobre esa pequeña plataforma, solo se oía el aire golpeando los hombros de Rodny con violencia y sus pisadas. Esta vez el silencio no fue incomodo, era de lo más tranquilizador saber que no debía enfrentarme a esa mujer.
No se cuanto pasó hasta que el paso de Rodny empezó a bajar de velocidad, pero a partir de ese momento supuse que llegaba lo peor, sobretodo cuando vi al pelirrojo al lado de la mujer. ¡¿Cómo hacía eso?!, odiaba su velocidad, ojala un pie le fallase y terminase sobre el suelo moribundo, pero no, encima era ágil.
-Ya hemos llegado-dijo con demasiada caballerosidad.
-Bien, ahora bajamos, ve avisando de lo que traigo-le dijo con una sonrisa maliciosa dibujada en la cara. El chico saltó por la barandilla y desapareció con rapidez.-Y tu-me miró como a un trozo de carne.-Comportate, y no menciones nada delante de Él-respiré, lo primero no era un perrito al que decirle como comportarse, y lo segundo y más importante, ¡iba a conocer a Él!
La mujer se acercó al extremo de la plataforma, al principio pensé que era por ver al pelirrojo, pero me dí cuenta de que la plataforma había empezado a descender, pero Rodny no se había agachado ni un poco, es decir, ¿qué estaba pasando?
-Tienes que saltar-dijo mientras se sentaba sobre la barandilla. Miré hacia abajo rogando mentalmente porque fuera una broma, aunque parecía que lo decía muy en serio, igual que todo lo que decía.
Estaba claro que no iba a saltar, pero todo eso cambió cuando la plataforma desapareció bajo nuestros pies y el "pequeño" Rodny, había sido sustituido por un niño de ojos azules y pelo rubio cortado a tazón, tan delgado como si llevase días sin comer y con la ropa llena de agujeros.
Yo, ni siquiera sé como llegué al suelo, solo sé que hubo algo de aire que, creo, me detuvo de un buen golpe, no lo sé, en ese momento no me interesaba, luego ya me enteré por otros medios.
El niño no dejaba de llorar, me daba pena, era solo un crió de unos seis años y estaba allí, en medio de la calle, llorando y solo.
-Rodny-la mujer lo dijo como si el gigante estuviese, con la misma voz con la que se lo había dicho sobre su hombro. El niño inmediatamente paró de llorar y la miró sin verla, casi como un robot.
-¡Alec!-me giré intentando descubrir quién era ese Alec, pero ahí solo estaba el estúpido pelirrojo, el cual se giró hacia la mujer bruscamente.-Llevale con los otros-dijo mirando al niño con asco. El estúpido pelirrojo, o, Alec, cogió al niño, con ninguna delicadeza, del brazo y le llevó medio arrastrando, hasta que...desaparecieron, así sin más, fue como cruzar un campo de energía.
La mujer se puso a andar y yo me quedé ahí, inmóvil, donde pensaba ir, estábamos en medio de la nada, y la verdad no me apetecía desparecer como Alec y Rodny.
-¡Vamos!-me instó. Su voz me sacó de mi trance.
Empecé a andar hacia ella y me detuve a su lado, esperando a que hiciera algo. La mujer según me puse a su lado empezó a andar hasta detenerse en medio de la carretera esperando algo. La seguí a paso lento y me detuve a su lado, mientras miraba a ambos lados de la carretera deseando que ningún coche me llevase por delante, entonces la mujer me agarró del brazo con brusquedad y tiró de mi hacia delante, de pronto todo pareció desvanecerse.
Empecé a sentir que mi cuerpo se empezaba a separar, era como estar en varios sitios a la vez, y allí donde miraba solo había una luz azul intensa, pero esa sensación solo duró unos segundos, ya que la luz disminuyó y aparecimos delante de una fortaleza de piedra con miles de personas a su alrededor, todos parecían asustados, nos miraban con terror con los ojos vidriosos.
-Señora, por favor, dejenos en libertad-le rogaban algunos de los que estaban allí. Esa frase me hizo fijarme en ellos, todos estaban atados con cadenas gruesas de un material negro como el carbón y mas duro que el diamante.
Recorrí con la mirada toda la muralla de la fortaleza, en el extremo derecho, había algo parecido a una forja, y varias personas de cabellos llameantes atadas a ella, paseé la mirada hacia la izquierda, una fuente de agua, y varias personas con la piel llenas de escamas atada a ella. Mi mirada se posó en el extremo izquierdo de la fortaleza, allí estaba Alec, atando al niño a la pared con las gruesas cadenas, no era el único niño, toda esa zona estaba poblada de niños atados.
-¡Abrid las puertas!-grito la mujer mientras avanzaba hacia unas grandes puertas de roca. La seguí, no quería estar allí mucho tiempo, era demasiado triste, De pronto un ruido hizo que parara, la puerta de piedra había caído al suelo, partida en varias rocas pequeñas, haciendo un estruendo horrible.
La mujer pasó por el hueco que había dejado la puerta con total naturalidad. Con mucho cuidado de que no me pasase nada, nadie sabía si se iba a derrumbar la fortaleza entera, la seguí medio corriendo, y según cruzamos las puertas, todas las rocas que se había amontonado en el suelo, volvieron a su antiguo estado, el de una puerta.
En el interior el panorama era distinto, la gente andaba tranquilamente, con sonrisas pintadas en la cara, como si lo que hubiese fuera no les importase. Lo único que destacaba ahí eran varios hombres atados al suelo, a los lados de la tierra, supuse que serían los elementales de la tierra.
La mujer andaba con la cabeza alta, seguida de cerca por mi, hacia una construcción en medio de la fortaleza, todo el mundo parecía respetarla y bajaban la cabeza a su paso.
¿Dónde concho estábamos?, ¿en la tierra media?, y, ¿ por qué ese cambio de fuera a dentro de las murallas? Muchas preguntas recorrían mi mente, pero la más importante era: ¿Podría ver a Él?
sábado, 5 de febrero de 2011
Capítulo 13
No me lo podía creer, había caido en esa truco tan sucio, o mejor dicho estúpido.
Dio un tirón seco a mi brazo, haciendo que mis pies tropezasen con ellos mismos. Tiré intentando soltarme, me había atrapado, pero no iría con él tan facilmente.
-Te recomiendo que te comportes, porque a mi amigo Rodny no le hace mucha gracia-me reí, lo único que se me paso por la cabeza fue un perro, y vieniendo de él, me lo imaginaba huesudo y sucio. Pero todo ese buen humor desapareció cuando el suelo empezó a temblar bajo nuestros pies, y no era un terremotó, eran pasos y se estaban acercando.
En ese momento empecé a rezar para que ningún moustro apareciese entre los edificios.
Los golpes empezaron a crecer, de la potencia nos levantabamos unos centímetros del suelo. Eso ya no tenía gracia, y la tuvo aun menos cuando el temblor cesó y un pie sucio, gigantesco, y con las uñas amarillas con cosa verdes, apareció a mi lado. ¡Dios!, que el tobillo me llagaba a mi por la cabeza.
Subí poco a poco la cabeza , con los ojos abiertos como platos, mirando quien era el pequñín llamdo Rodny.
Un ciclope gigantesco, sonreía grotescamente dejando ver sus afilados colmillosque le sobresalian de sus fauces.
-Hola-dijo el ciclope con voz grutual, aunque parecía un niño pequeño cuando se presenta a alguién.
-Rodny, esta es Hedera, la niña que va a jugar contigo-dijo mirandome con sorna.-Hedera, este es Rodny, os lo vais a pasar muy bien.
Todo lo decía con parsimonia, como si lo que tuviesemos sobre nuestras cabezas no fuese un troll de un solo ojo y además de eso, sumale que medía más de diez metros.
Lo que no me explicaba como que nadie podía verle, no había nadie por la calle, vale, pero, ¿y desde las ventanas?
-¿Vendrás ahora?-preguntó chascando la lengua. Su ridícula voz me saco de mis pensamientos.
Miré hacia atrás buscando una salida, incluso el ejercito de moustruitos pesados o que le cayese un rayo encima, algo que ocurriese algo.
-Rodny, ¿haces los honores?-dijo alrgando el brazo hacia mi. El ciclope respondió alargando el brazo y apretando su mano a mi alrededor.
Empezó a subirme lentamente.
-Solo quermos un poco de información-le miré y vi como sonreía con saña.
-¿Qué tipo de información?-dije clavando las uñas en la mano del ciclope, este parecía no sentirlo, tenía la piel demasiado gruesa.
-Información, da igual de que tipo...-era exasperante. El se reía a carcajadas y yo ahí intentando controlarme para no ser aplastada y que hiciera zumo de Hedera.
-¿Qué información?-dije al borde de decir alguna burrada.
-Algo muy sencillo-una voz femenina sonó a mi espalda.
Giré el cuello cuanto pude, pero lo único que pude ver fue una mano pálida, casi grisacea, con unas uñas pintadas de verde fosforito.
-Rodny-el ciclope pareció desconectarse, cerró los ojos.-Suéltala-la voz era dulce, pero firme a la vez, como si el ciclope fuese en realidad un perro.
Ni siquiera parpadeó, solo asintió imperciptiblemente y abrió la mano sobre su propio hombro.
Me giré rápidamente para encararla, pero lo único que habia allí era una mujer sonriente, subida sobre una pequeña plataforma hecha sobre el hombro del ciclope.
Su pelo castaño se le ensortijaba sobre la cara, haciendoles parecer serpientes. Llevaba una ropa en tonos marrones y muy ancha, pero lo que más me llamó la atención fue que llevaba unas grandes gafas redondas de sol que la tapaban media cara. Extendió su mano y me sonrio con ¿dulzura?, tantas emociones me debian haber sentado mal.
Dudé en coger su mano, estaba demasiado dentro de la plataforma, ella podría tirarme al suelo, pero yo a ella no.
-Ven, no te haremos daño-que graciosa que era, era como si en realidad dijese: ven que solo te vamos a torturar hasta que hables.
Mire su mano con desconfianza y asco. Ella dio dos pasos hasta estar en el borde de la plataforma.
Dio un tirón seco a mi brazo, haciendo que mis pies tropezasen con ellos mismos. Tiré intentando soltarme, me había atrapado, pero no iría con él tan facilmente.
-Te recomiendo que te comportes, porque a mi amigo Rodny no le hace mucha gracia-me reí, lo único que se me paso por la cabeza fue un perro, y vieniendo de él, me lo imaginaba huesudo y sucio. Pero todo ese buen humor desapareció cuando el suelo empezó a temblar bajo nuestros pies, y no era un terremotó, eran pasos y se estaban acercando.
En ese momento empecé a rezar para que ningún moustro apareciese entre los edificios.
Los golpes empezaron a crecer, de la potencia nos levantabamos unos centímetros del suelo. Eso ya no tenía gracia, y la tuvo aun menos cuando el temblor cesó y un pie sucio, gigantesco, y con las uñas amarillas con cosa verdes, apareció a mi lado. ¡Dios!, que el tobillo me llagaba a mi por la cabeza.
Subí poco a poco la cabeza , con los ojos abiertos como platos, mirando quien era el pequñín llamdo Rodny.
Un ciclope gigantesco, sonreía grotescamente dejando ver sus afilados colmillosque le sobresalian de sus fauces.
-Hola-dijo el ciclope con voz grutual, aunque parecía un niño pequeño cuando se presenta a alguién.
-Rodny, esta es Hedera, la niña que va a jugar contigo-dijo mirandome con sorna.-Hedera, este es Rodny, os lo vais a pasar muy bien.
Todo lo decía con parsimonia, como si lo que tuviesemos sobre nuestras cabezas no fuese un troll de un solo ojo y además de eso, sumale que medía más de diez metros.
Lo que no me explicaba como que nadie podía verle, no había nadie por la calle, vale, pero, ¿y desde las ventanas?
-¿Vendrás ahora?-preguntó chascando la lengua. Su ridícula voz me saco de mis pensamientos.
Miré hacia atrás buscando una salida, incluso el ejercito de moustruitos pesados o que le cayese un rayo encima, algo que ocurriese algo.
-Rodny, ¿haces los honores?-dijo alrgando el brazo hacia mi. El ciclope respondió alargando el brazo y apretando su mano a mi alrededor.
Empezó a subirme lentamente.
-Solo quermos un poco de información-le miré y vi como sonreía con saña.
-¿Qué tipo de información?-dije clavando las uñas en la mano del ciclope, este parecía no sentirlo, tenía la piel demasiado gruesa.
-Información, da igual de que tipo...-era exasperante. El se reía a carcajadas y yo ahí intentando controlarme para no ser aplastada y que hiciera zumo de Hedera.
-¿Qué información?-dije al borde de decir alguna burrada.
-Algo muy sencillo-una voz femenina sonó a mi espalda.
Giré el cuello cuanto pude, pero lo único que pude ver fue una mano pálida, casi grisacea, con unas uñas pintadas de verde fosforito.
-Rodny-el ciclope pareció desconectarse, cerró los ojos.-Suéltala-la voz era dulce, pero firme a la vez, como si el ciclope fuese en realidad un perro.
Ni siquiera parpadeó, solo asintió imperciptiblemente y abrió la mano sobre su propio hombro.
Me giré rápidamente para encararla, pero lo único que habia allí era una mujer sonriente, subida sobre una pequeña plataforma hecha sobre el hombro del ciclope.
Su pelo castaño se le ensortijaba sobre la cara, haciendoles parecer serpientes. Llevaba una ropa en tonos marrones y muy ancha, pero lo que más me llamó la atención fue que llevaba unas grandes gafas redondas de sol que la tapaban media cara. Extendió su mano y me sonrio con ¿dulzura?, tantas emociones me debian haber sentado mal.
Dudé en coger su mano, estaba demasiado dentro de la plataforma, ella podría tirarme al suelo, pero yo a ella no.
-Ven, no te haremos daño-que graciosa que era, era como si en realidad dijese: ven que solo te vamos a torturar hasta que hables.
Mire su mano con desconfianza y asco. Ella dio dos pasos hasta estar en el borde de la plataforma.
Rocé su mano con los dedos, y una sensación ya conocida me atravesó. Su piel estaba fría y escamosa.
Cogí su mano con fuerza, dispuesta a tirar de ella, pero algo en mi interior me dijo que no debía, y sin darme cuenta me había subido a la plataforma.
-Rodny, a casa-dijo dando una palmada en el aire. Se giró hasta darme la espalda.-¿Qué tal estan todos por allí?
-Bien-susurré de forma inaudible.
-¿Y Khass?-su voz tembló.-¿Está bien?, ¿que poderes ha obtenido en estos años?-¿a qué venía esa obsesión por Khass?
martes, 28 de diciembre de 2010
Capítulo 12
-No está sola-repitió mi frase. No tenía lógica, de eso me había dado cuenta yo sola.
-¿Quién...-pregunté intentando no sonar desesperada. Solo lo intenté, porque creo que no me salió bien.
-No te interesa, te lo aseguro-dijo abriendo la puerta.
Parecía cansado, no paraba de frotarse el puente de la nariz y de dar cortos soplidos. Era la leche, era yo la que debía estar cansada, cansada de un mundo que no entendía, y lo único que me dan son negativas, era exasperante.-Creo que si me interesa, todo esto me interesa-dije moviedo los brazos a mi alrededor-. Si no me interesara no estaría aguantando a una panda de monstruitos pesados que solo saben decir Él, Él...no sabeis hablar de nada más-por fin había explotado, solo necesitaba la chispa que hiciese saltatr varias explosiones en cadena.
Sus ojos parecieron estrecharse, en ese momento daba miedo. Un viejo sin pelo en la cabeza, solo con una gran barba er muy delgado casi esquelético, los huesos de las manos se le marcaban, unos ojos azules fríos y una naiz aguileña, si juntas eso más una habitación oscura...la verdad no es lo más bonito que te puedes encontrar.
-Nos hemos jugado mucho trayendote aquí, asi que ya nos lo puedes agradecer.
-¿Agradecer?, ¡estoy encerrada en un pasillo, dimensión o como lo quiera llamar!, ¡no se nada de el porqué estoy aquí! ¡¿y encima debo agradeceroslo?!-grité sin poder contenerme. Puede ser que me pasara un poco con eso de los mostruitos, pero estaba hasta las narices y lo único que faltaba es que me pidiesen agradecimientos por encerrarme.
-Estás encerrada porque tu vida corre peligro, pero si te quieres ir...coge la pueta y vete-dijo cabreado mientras salía de la habitación y dejando la puerta entre abierta.
No parecía que lo dijera en serio eso de irme, pero era una buena opción, irme sin que nadie me lo impidiese, no tenía nada que perder, ¿por qué no intertarlo?
Salí de la oscura habitación y salí a los pasillos, miré a todos los lados, ¿por donde ir?, una pregunta un poco tonta si pensabas que eso era un pasillo, pero si mirabas al extremo del pasillo se te quitaba esa sensación de estupidez, ya que solo vias como una nube de humo tapaba los extremos, no se veía el final.
Me arme de todas mis fuerzas y empecé a caminar en cualquier dirección. Todas las puertas que había eran como la de la habitación de Ninn, azules, algunas parecian más antiguas y otras más nuevas, parecía como si ese sitio creciese poco a poco.
El tiempo pasaba lentamente, no se si pasaron minutos o horas, pero estaba hasta las narices de andar buscando la salida sola en un puñetero pasillo, pero por fin ese extreña nube parecía disiparse y tras ella aparecía algo rojo. Contra más cerca estaba, la nube dejaba paso a una masa rectangular y roja.
-¡Una puerta!-casi chillé al ver un manillar asomando en esa nubecita gris.
¡Dios!, mi salvación, no me lo creía, había llegado al final de ese asqueroso pasillo. Me acerqué a la puerta y una gran rafaga de viento hizo que los bajos de mis pantalones campana se movieran. Apoyé la mano en el manillar, me daba igual lo que hubiera detrás de esa maldita puerta, me había tirado gran parte de mi preciado tiempo en ese pasillo.
La abrí, ¡dios!, una rafaga de viento me enmpujo hacia atrás, ¿qué era eso?, me enganché como pude a la puerta y miré en el interior de lo que yo suponía mi salvación, pero no, no me podía creer lo que estaba viendo, nada, una habitación blanca, menuda....
Entré en la gran habitación intentando vencer al viento, suelos y techos blancos, además de no parecer haber paredes, ni un mueble, ¿qué era esa habitación?, ¿para qué servía?
Miré cada rincón, o más bien lo que yo pensaba que era un rincon, nada, ni un alma, miré hacia arriba, me agache y comprobé que no había doble fondo en el suelo, incluso andé hacia lo que se suponía que estaban las paredes, iba con los brazos estirados hacia delante e iba de puntillas, con mucho cuidado y el máximo sigilo posible para que el suelo no se undiese bajo mis pies. Comprobé que no había paredes, que ese sitio no llegaba a ningún sitio. Me iba adar por vencida, pero de pronto una rafaga de aire me engulló hacia abajo. El suelo había desaparecido.
Chillé todo lo que pude y más, estaba asustada, por asi decirlo cagada. Llevaba los ojos cerrados, intentando no pensar en como moriria aplastada, como una cucaracha. De lo asustada que estaba, ni siquiera sentí como mis pies tocaban el suelo delicadamente.
¿Cómo...?, no habia echo paf contra el suelo, entreabrí un ojo y observé, el suelo era de baldosas blancas amarillentas y las paredes grisacias. No podía creermelo, yo no me había movido, yo solo había, ¿caido?
Abrí los ojos y miré a mi alrededor, una habitación pequeña, tipo despacho. Miré al techo, no había ningún agujero, ¿cómo coño había llegado ahí?, estaba dispuesta a averiguarlo. Me dirijí a la puerta con paso firme, pero al abrirla toda esa seguridad se fue al instante. Una gran sala vacía;oscura ,solo iluminada por la poca luz de las ventanas; con grandes estanterías repletas de libros; y mesas formando hileras entre las altas estanterias. ¡Ese sitio me sonaba!, ¡era la biblioteca!, y no cualquier biblioteca, sino la de mi pueblo.
La alegría me llenó de felicidad, todos esas tardes allí sentada leyendo. Recorrí la inmensa biblioteca a oscuras, me la sabía al dedillo: la colocación de las mesas, los libros...Me encantaba ese sitio, cada paso que dabas hacia resonar un incesante eco, cada libro escondía mil y una historias, era mágico.
Llegué a la puerta, situada al otro extremo de la sala, y empujé la barrita roja, ¡mierda!, estaba cerrada, ¿y ahora qué?, me sentí tentada de sentarme a leer algún libro, pero un ejercito de monstruitos me seguía, asi qué decidí buscar otra salida.
Me paseé por la biblioteca, el único sitio por el que podía salir era por la ventana. Me asomé, no era muy buena idea, estaba en el segundo piso y tenía que saltar, lo bueno que aterrizaría sobre cespe.
Pasé un pie sobre el marco y luego el otro, me quedé sentada en el alfeizar, intentando calmarme y diciendome a mi misma que todo podía empeorar.
Cogí aire y salté. Todo pasó muy rápido, de estar en el alfeizar a estar en el aire deseando que algo parase mi caida, algo blando y mullido. De pronto me sentí extraña, más confiada de lo normal, como si supiese que algo me pararía. La verdad el golpe no dolió tanto, fue como si me hubiese tirado de bomba a un colchón de agua, ¡¿un colchón de agua?!, miré sobre lo que estaba sentada, una gran cantidad de agua parecía haber formado un gran cojín mullido. Me levanté rápidamente, miré hacia todos los lados para ver si lo había visto alguién. No, no había nadie. Salí corriendo, no pensaba dejar que alguien me viera allí cerca de esa cosa.
Corria en dirección a mi casa, hasta que oí una risa a mi espalda. De pronto un rayo iluminó el cielo, seguido por un gran trueno que me hizo incrementar la velocidad.
Ya sabía quien era, como no, el gilipuertas ese que convirtió a mis amigas en zombis sin sesos.
-¿Crees que correr te servira de algo?-preguntó la voz del chico pelirrojo con sorna. Pasé de él, no me iba a girar, sabía que tarde o temprano perdería la paciencia y correría más deprisa.-Llevo días esperando haber si salía alguien por esa maldita puerta, ¡y que casualidad!, vas y sales tu, y por lo que veo me sirves más que antes-terminó la frase con una estúpida risotada.
Seguí corriendo, intentando aguantar las ganas de darme la vuelta y arrearle un mamporro, haciendo que por una vez estuviese calladito y no pudiese demostrar esa estupidez nata que parecía tener.
Mis pasos cada vez eran más lentos, me empezaba a cansar. Él fue bajando la velocidad, ya no se oía pasos rápidos, sino un lento caminar, pero su risa seguía estando ahí, ¿o tal vez solo era mi imaginación?
-Estás cansada, tendrás que parar en algún momento-dijo parandose de golpe. Su voz me sacó de mis pensamientos. En su voz se notaba una pizca de cansancio, estaba perdiendo la paciencia, y eso no era muy conveniente, pero seguí andando, intentando coger aire de algún sitio porque a mi no me quedaba. Un pequeño gruñido de rabai salió de su boca.-Mocosa-dijo para que yo lo oyera. Eso fue la gota que colmo el vaso, me giré y andé hacia él.
-Tú-dije señalandole con el dedo.-Repite eso-una sonrisa apareció en sus labios. ¡Mierda!, había caido en su sencilla trampa. ¿Cómo podía ser tan idiota?, me dije a mi misma cuando me cogió del brazo.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Capítulo 11
Fue raro que Ninn no se hubiese preocupado por mi grito, pero pasé. Me estiré con pocas ganas y con lentitud. No tenía ganas de aguantar a Ninn y a su cara de cabreo.-¿Ninn?-pregunté mirando debajo de la cama, nada, ni un sonido.
¿Está era su venganza?, yo que pensaba encontrarmela con un cuchillo en la mano y una sonrisa tétrica.
Abrí la puerta del cuarto, nada, no había nadie, miré al fondo del pasillo, solo se veía una pequeña sombra negra que no permitía ver el final.
-¿Hola?-pregunté no muy alto, intentando que no me temblara la voz. Nada, no se oía nada-.¿Hola?-dije mucho más alto. Algo pareció golpear con fuerza en una superficie sólida.
-¡Parad!-debía ser un grito, pero se oía muy alejado. Era la voz del viejo, pero no estaba solo, varios murmullos se oian, parecian quejas.
Las seguí, de algún sitio debian de provenir. Anduve por el interminable pasillo, las voces cada vez se oian más claras.
-¡No!, la chica ira fuera.-gritó una mujer.
-Pero es una niña-grito otra voz.
Por fin encontré de donde provenian esos gritos. Detrás de una gran puerta redonda, con toques de metal, se oian gritos y golpes de varias personas.
Puse la oreja detrás de la puerta.
-No, ella es...-era ota voz mucho más graves que las otras.
-Lo sé, no hace falta que lo recuerdes, pero también le debemos el respeto a su madre.
-Su madre fue tonta-esa maldita mujer, con voz aguda y chirriante. ¿Cómo se atrevía a insultar a mi madre?
-Cierra la boca-dijo la voz de otra persona.
Eso me estaba poniendo de los nervios, estaba decidida, iba a entrar. Empujé la pesada puerta que se abrió con un gran chirriar.
Cientos o miles de personas agrupados en torno a una mesa que parecía no tener fin. Todos soltaron una pequeña exclamación, al verme entrar con cara de cabreo, al haber escuchado todo.
-¡Sal de aquí!-dijo la mujer de la voz chillona-, una tía con el pelo negro, y ropa amarillenta..No eres biemvenida-dijo poniendose de pie y viniendo hacia mi.
-Ffi, para-dijo un hombre pelirrojo, que vestía de verde-.Es una niña, ella no tiene la culpa.
-Claro, ella tiene parte de la naturaleza, como no el elfito la tiene que ayudar.
-¡Parad!-grito el viejo.
-Yukon, ella no debe estar aquí, todos lo opinamos-dijo la mujer. Miró a toda la sala que asentía-.Menos los elfos y algunas ninfas-dijo mirando con asco a algunas personas de ropa demasiado colorida.
-No se va a ir, correria peligro, recuerdo que tiene la piedra-dijo el viejo levantandose de su asiento.
-Nosotros tenemos...-el viejo cortó a Ffi, con una mirada amenazadora.
-¿Qué teneis?-pregunté retandola con la mirada.
-Nada, no tenemos nada-dijo el viejo.
-Ni siquiera sabe que necesitamos de ella-dijo Ffi con una sonrisa amenazante.
-¿De mi?-pregunté entre asustada y divertida. ¿Que iban a querer de una niña?
-De ti y de esa piedra tuya.
Como esa repipi siguiese sonriendo, se quedaba sin dientes.
-Ffi, callate-dijo el viejo, agarrandola del brazo.
Ella se soltó y le miró con el más profundo odio que jamás había visto. De pronto su cuerpo empezó a cambiar, hasta combertirse en una leona, con alas y cabeza humana, es decir, una esfinge.
-No te atrevas, Yukon-dijo ella entre dientes. Yukon no respondió a esa amenaza, solo la miró con esos intensos ojos azules, y ella volvió a su forma humana-.Solo quieres la piedra, cargatela-dijo mirandome con sorna mientras se alejaba de él.
-¡Iros!-gritó el viejo. Todos parecieron sombras, desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos-.Sieto la escenita, pero tienen razón, no deberias estar aquí, pero fuera corres peligro.
-Lo sé, no parais de repetirlo-dije exasperada-.Ahora, ¿Qué quereis de mi?
-Solo la piedra, pero serias una buena espía del enemigo.
-Enemigo-dije masajeandome las sienes-.¿Contra quién luchais?
-Contra Él...-ya empezamos-...ya que Él solo quería una raza superior, no quería ni humanos, ni mezclas entre estos y nosotros.
-¿Por...?
-Solo quería venganza contra los humanos-le miré sin entender-.Desde la antigüedad los humanos han perseguido a su raza, porque pensaban que eran peligrosos.
-¿Qué raza?-pregunté para haber si colaba.
-Ya no debes de saber más.
-¡No!, esa chica dijo que teniais algo...-no continué ya que el se había quedado pálido al oir mi frase.
-Bueno..., la piedra que tu tienes está dividida en varias partes, no sé el número, solo tu madre lo sabe, nosotros hemos estado recolectando varias piedras.
Me sorprendí, ¿cuántas piedras podría haber?
-Ven, te lo enseñaré-dijo empezando a andar por el gran comedor.
Andó muy seguido por mi, hasta llegar a una pequeña puerta a la derecha de la mesa de piedra. La abrió con mucho cuidado, como si lo que hubiese dentro fuera el tesoro más valioso en todo el mundo. El interior de la habitación estaba oscuro, salvo por un pequeño resplandor azul. La luz provenía de una gran piedra, pero no estaba completa, todvía le faltaba bastante para estar totlamente completa.
Me acerqué a la pequña columna que sostenía la piedra y la rocé con las yemas de los dedos. Algo pasó en ese instante, algo me recorrió por dentro e hizo que la piedra emitiera menos luz, pero en el corazón de la piedra había luz y ¿una persona?
-¿Quién...?-pregunté señalando la sombra.
-La energía de tu madre se ha acumulado haciendo que se forme su cuerpo.
Me fijé bien, había algo más, era solo una sombra pero parecía una persona.
-No esta sola-dije señalando la pequeña sombra que había al otro extremo de la piedra.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Capítulo 10
¡Increible!, un chico hijo de una gorgona, una piedra que desaparece y yo..., bueno yo seguía igual de rarita.
-Iremos a hablar con Yukon-otro más, ¿quién era, esta vez?, el mounsto del pantano. Le mire advirtiendole, ¡bingo!, pereció entendeder que si no me decía donde ibamos no iba a ir a ningún lado-.El viejo-dijo tirando de mi brazo.
Fui detrás de él todo el camino, el pasillo iba pasando, parecía no tener fin. No lo entendía la catedral era pequeña y por lo que llegaba a ver mi vista, el pasillo era demasiado grande. Seguí dandole vueltas a esas estúpidas preguntas que me comian el coco, ¿quiénes eran estos tipos?, ¿dónde había ido la piedra?, ¿qué querian?...de pronto me di un golpe contra Khass.
-Ten más cuidado-dijo dadose la vuelta y mirandome como si me estuviera perdonando la vida.
-Lo siento-dije de mala gana.
-Quedate aquí-dijo entre dientes mientras me soltaba la mano.
Vi como se adentraba en la gran habitación, dejandome sola. Si pensaba que le iba a ahacer caso, iba listo.
Me acerqué lenta y silenciomente a la puerta y me asomé, el viejo estaba sentado en la gran cama, parecía lamentarse por algo y Khass estaba de pie,tenso y apretandose los puños.
-Pero...¿cómo?, eso no debería haber sucedido-el viejo se frotaba la cara, como si se la intentara limpiar.-Lo se señor, yo no pretendía...la absorvió sola.
-Lo sé, pero ahora corre peligro, debe quedarse aquí.-Pero Él no se enterará, nunca sabrá que su cuerpo a absorvido la piedra, podemos dejarla en su hogar.
-¡No!, el espíritu de su madre nos perseguiría.-dijo alzando su rostro.
Me estremecí soltando un bufido, mi cabeza desconectó. Era imposible, había hablado con ella unos días antes.
Khass se giró de pronto dejando su mirada fija en la mía.-¡Fuera!-me gritó, debía haberme oído.
-Un momento-dijo el viejo haciendo que me detuviera-.Ven.-me ordenó levantandose de la cama.
Me acerqué con cuidado, tenía que estar alerta, no sabia que querian de mi, ni siquera quienes eran. Pasé al lado de Khass, el cual me envió una mirada llena de odio.-Eres identica a ella-dijo el viejo acercándose a mi. Parecía estar muy emocionado,sus ojos estaban llorosos y en su cara había aparecido una sonrisa-.Teneis el mismo pelo, la misma sonrisa, idudablemente eres su hija-de pronto fijo la mirada en mis ojos y su expresió cambió al instante al asco-.Y esos ojos, esos malditos ojos, los que me dieron ganas de arrancar cuando te ví por primera vez-estaba asustada y eso se notaba. Me empecé a echar hacia atrás hasta chocarme con Khass, como no, siempre en medio-.No te preocupes, no te odio a ti, solo a tu padre-dijo sonriente, dandose la vuelta y mirando por el gran ventanal que había detrás de la cama.-Como ya sabes te quedaras aquí, habiamos pensado llevarte a tu casa si nos devolvias el colgante, pero tu cuerpo a absorvído lo que contenía la piedra, asi que te quedaras aquí.
-Os la devolveré-grité al pensar que me tendría que quedar allí.-¿Cómo?, solo tu madre puede hacer eso.
-Pero acabas de decir que está muerta.
-Tecnicamente no-dijo la estúpida voz de Khass a mi espalda.
-No hay un tecnicamente para eso, o se muere o se está vivo-le contesté intentando mantener mi mano quieta, pero faltaba poco para que mi puño se cerrara y se impulsara contra algún estómago.
-No-dijo el viejo-.Tu madre dio la vida por salvarnos, pero solo dio su cuerpo, por así decirlo el alma de tu madre está encerrada en esa roca, y ahora esa roca se a absorvido a tu cuerpo.
-¿Por?
-Por que tu madre selló todos tus poderes con ella, y eso reconoció tu energía.
-Entonces, tengo poderes, me puedo defender yo solita-dije intentando hacer caso omiso a lo de los poderes.
-Tecnicamente si-dijo Khass. Mi puño se dirijió hacia su estomago, pero el lo detuvo-.Solo tienes parte de tus poderes, todavía podrias transformarte-dijo retorciendo mi muñeca-.Ahora te estaras quietecita ¿entendido?-asentí y el soltó mi dolorida muñeca.
-Ahora dejemos una cosa clara-dije alejandome lo más lejos de Khass-.¿Qué soy?, y no quiero tecnicamentes, ¿vale?
-Bueno, eres otra criatura itológica-dijo el viejo. Que gracioso, eso lo sabia.-Tu cuerpo suele tener escamas azules o verdes...-me estaba temiendo lo peor, un familiar de Khass, una srpiente. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-No te preocupes-dijo Khass con una sonrisa-.Si hubiese sido algo mio, no habrias llegado viva-¿cómo...?, daba igual.
-Bueno, seguramente no sepas lo que son, asi que es una tontería decirte nada...
-¿Qué soy?-dije intentando parecer calmada.
-Una Ondina-mi cara debió ser una interrogación total-.Una ninfa de agua dulce.
Solo eso, me esperaba algo más, un fenix, un dragon, una arpía... pero eso, eso no podía hacer nada más que cuidar marineros, que decepción
-Y solo por ser una estúpida ninfa, corro peligro.
-No le has dejado terminar-dijo Khass, sonriente por mi expresión.
-Bueno, también eres...una salamandra...-un jarro de agua fría cayó sobre mi-...de fuego,una Shallones, un espíritu elemental del fuego-eso estaba mejor, algo poderoso. Una sonrisa apareció en mi cara.
-Yo no estaría tan feliz, si supiera de donde provienen esos poderes-dejo Khass sonriente.
-Sigo sin entenderlo, ¿por que corro peligro?
-Porque en esa piedra hay algo más.
-¿El qué?
-Todavía no debes saberlo-dijo mientras se daba la vuelta y salía por la puerta-.Khass, llevala con Ninn a su habitación.
Salimos de la habitación. Estaba deseando llegar a la habitación de Ninn y tumbarme en una cama, tanto ir pasillo arriba, pasillo abajo me tenía hasta las narices.
Silencio, solo había silencio.
-¿Por qué el pasillo es tan largo?-pregunté intentando romper el hielo.
-Porque no es un pasillo, es una dimensión,ya que somos muchos y en la catedral habita gente, pero es lo suficientemente tranquila para poder entrar por una pared sin que se entere nadie.
-Una dimesión alternativa por asi decirlo, ¿no?-asintió.
El silencio era sepulcral y un poco incomodo, nunca me había parecido incomodo el silencio.
-Que sepas que hay leyendas en las que las Ondinas matan marineros.
-Ya, y yo voy y me lo creo-dije riendo sarcásticamente-.Además, las salamandras controlan el fuego...
-Los rayos...-dijo sonriente, como si me quisiese decir algo.
Seguimos en silencio, mientras yo seguía dandole vueltas a lo que me había dicho, había algo, él había sugerido algo.
-Ya hemos llegado, será mejor que descanses-dijo llamando a la puerta con delicadeza.
-Hola-dijo con una cara de cabreo que no podía con ella.
-Hola-dijo Khass levantando la cabeza-.Te la dejo aquí, procura que descanse-asintió. Yo alucinaba, parecía una muñeca a la que llevas debajo del brazo y cuando te cansas se la dejas a tu vecino.
Khass se fue alejando por el pasillo, cada vez más rápido. Una leve tosecita improvisada me sacó de mis pensamientos. Me giré y allí estaba Ninn, despeinada, con ojeras, y con el ceño fruncido.-Entra-me dijo forzando una sonrisa. Entre con miedo de no volver a salir. Cerró la puerta, y chasqueó la lengua-.Te dije que no entraras alló, me he tenido que tirar todo el día aguantando la charla de Yukon.
-¿Lo siento?-dije cerrando los ojos como si fuese a recibir un golpe.
-La vida aquí te va a ser muy dura-dije sonriendo macabramente-.Ahora descansa.
Me tumbé en una de las dos camas y me dormí.
Miles de imagenes pasaban continuamente por mi cabeza.
El chico pelirrojo con ojos amarillos, fuego, rayos, la foto que aparecía con el nombre de Él, todo era una línea continua, hasta que desperté gritando.
Ya sabía lo que quería decir Khass, el pelirrojo era una salamandra, podía ser de mi familia, no todo menos eso.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Capitulo 9
-¿Qué contiene?
-Nada que te intererse ya.
-¿Cómo que ya?-entonces era verdad, estaba muerta, ¡pero el me veia!
-Ya no te interesa, además creo que es hora de que te vayas para siempre.
-Cálmate, lo puedes hacer desde lejos.
-No debes saber nada de este sitio, ni de nosotros, ya no tienes nada de que preocuparte, no tienes el colgante.
-Si, esa mujer me dijo que no callese en malas manos, y creo que se refería a vosotros.
-¡¿Qué?!, tu madre confiaba en nosotros-dijo el anciano.
Lo cogí y me alejé del anciano que tenía una sonrisa de oreja a oreja. Salí por la puerta triunfante, no me podía creer que todo hubiese sido tan fácil. Paseé por os pasillos solitarios intentando encontrar la habitación de Ninn, pero todas las puertas eran iguales, parecía estar en un laberinto de piedras y de puertas azules. Lo único que me acompañaba era el sonido de unos cascabeles, lo atribuí al colgante, pero nunca había sonado así.
Miré hacia atrás para ver que el viejo no me seguía. No, no había nada, delante tampoco, me he visto demasiadas pelis de miedo como para no mirar en el techo, tampoco, ¿quien estaba haciendo ese maldito ruido? Dios, siempre he odiado esa sensación, sientes que te vigilan te das la vuelta y no hay nadie.
Esa sensación no se iba y cada vez el sonido estaba más cerca, esto es un tópico pero empecé a ir más deprisa.
-¿Por qué huyes?-era la voz del chico-.¿Tanto temes enfrentarte con una persona que ni siquiera te puede ver?-era verdad, ¿por qué corria?, no me podía ver. Paré y empecé a ir más despacio-.Mal hecho-dijo el chico, mientras algo escamoso me levantaba del suelo y me dejaba boca abajo.
¡Era el!, pero no tenía piernas, era una cola de serpiente, fría, viscosa y escamada.
Asco, miedo, rechazo, podría seguir diciendo palabras hacia mi fobia sobre las serpientes, pero mirandolo así el no era del todo una serpiente, solo media.
-Suéltame, me estaré quieta-le pedí intentando dejar de llorar. Pataleé contra el, me daba igual que me borrase los todos los recuerdos, pero que me soltara.
-Ha sido buena idea la del viejo, darte el colgante eso haría que tu energía subiese-estaba pasando de mi, era como si fuera invisible, ¡la leche!-Ni si quiera te has dado cuenta de que tu marca lleva brillando todo el trayecto y que tu temperatura a bajado.
-¡Que me sueltes!
-¿Por qué debería?
-Por que yo tengo ese preciado colgante, que tanto quereis.
-No por mucho tiempo-dijo tirando de la pequeña cadena e mi cuello-.¿Dónde está?-preguntó enseñandome la cadena sin colgante.
-No está hay-dije sonriendo mientras apretaba el colgante el la mano intentando que no se callera-.Si me sueltas te lo podría decir, aunque sea dame la vuelta.
-Si no me lo das, te voy a soltar y te vas a abrir la cabeza-dijo haciendo una sonrisa forzada, parecía que iba a estallar, tenía la cara roja y los labios apretados-.Dime-dijo levantandome un poco más.
-Suéltame-le advertí.
El obedeció, me posó sobre el suelo y se quedó observando mi mano.
-Abre la mano-como lo había visto, el era...¿ciego?
Abrí las dos manos, pero no había nada, ¿dónde había ido?, si todavía seguía sintiendo el frío de la piedra. El cogió mi mano y empezó a coger donde se suponía que estaba la piedra.
-Mierda, es demasiado tarde, ahora ya no te podrás ir.
Me empezó a picar el cuello, me arrasqué, el picor se iba aumentando, hasta llegar al dolor, en segundos el cuello me palpitaba.
-Te lo has buscado, si nos hubieses dado tu collar, no te dolería.
-¿Por qué me duele?-pregunté sin dejar de mantener la mano en el cuello.
-Porque se supone que esa piedra mantenía tus poderes encerrados,al despertalos así de pronto tu cuerpo no lo ha sabido asimilar, si nos la hubieses dado esto no habría pasado, en este momento tu estarias en la cama sin recordar nada,pero no... la señorita tuvo que joderme el día.
-Lo siento, pero que unos mounstros mitológicos me secuestren no es lo más mormal, digo yo.
-Si lo que quieras, pero enseñame tu marca-así lo hice, bajé la cabeza y le enseñé la nuca.
-Normal, el medio cículo de agua está palpitando, y esperate que todavía no has encontrado las otras piedras.
-Nada que te intererse ya.
-¿Cómo que ya?-entonces era verdad, estaba muerta, ¡pero el me veia!
-Ya no te interesa, además creo que es hora de que te vayas para siempre.
-¡¿Dónde estoy muerta?!-pregunté asustada. No tenía ganas de desaparecer, la verdad no tenía ganas de seguir hablando con ese viejo. Me fui alejando lentamente hasta chocar contra una pared
-¿Muerta?-se empezó a reir-.El veneno solo te dejo incosciente, pero no olvidaste lo que pasó y todo esto debe desaparecer.
-Ya...-me acerqué lo máximo posible a la puerta.
-Tranquila, no te dolera, solo sentiras una pequeña intrusión en tu mente, ¿a que si Khass?-un chico moreno apareció tras el. Era joven, unos diecisiete, alto y con el pelo sobre los ojos de color blanco. Iba con una camiseta verde y unos pantalones vaqueros negros.
-Claro-dijo levantando la cabeza, parecía querer oler el aire-.Como cosquillas en el cerebro-sonrió y dejó ver unos impecables colmillos.
-No es lo que más me apetece, de verdad.-No es que te apetezca-dijo el chico. Sin esperar respuestas se abalanzó sobre mi, o más bien donde pensaba que estaba, porque se lanzó sobre donde había estado antes, frente al espejo.
-¡Mierda!, ¿como se ha podido mover tan rápido?-Khass, no se ha movido rápido, solo que su energía es debil.
-¡Pero nunca había fallado!-gritó intentando encontrarme. ¡No veia!, sus ojos, por eso eran blancos, era ciego.-Cálmate, lo puedes hacer desde lejos.
-Si-sonaba cabreado, le había dolido haber fallafo.
-¿Qué quereis hacer?-pregunté al borde de un ataque de nervios.-No debes saber nada de este sitio, ni de nosotros, ya no tienes nada de que preocuparte, no tienes el colgante.
-Si, esa mujer me dijo que no callese en malas manos, y creo que se refería a vosotros.
-¡¿Qué?!, tu madre confiaba en nosotros-dijo el anciano.
-Sobre todo-dije acercandome al anciano-.Dame el colgante y no te pasará nada.
-Toma-¡¿cómo?!, se estaba rindiendo, me estaba dando el colgante.Lo cogí y me alejé del anciano que tenía una sonrisa de oreja a oreja. Salí por la puerta triunfante, no me podía creer que todo hubiese sido tan fácil. Paseé por os pasillos solitarios intentando encontrar la habitación de Ninn, pero todas las puertas eran iguales, parecía estar en un laberinto de piedras y de puertas azules. Lo único que me acompañaba era el sonido de unos cascabeles, lo atribuí al colgante, pero nunca había sonado así.
Miré hacia atrás para ver que el viejo no me seguía. No, no había nada, delante tampoco, me he visto demasiadas pelis de miedo como para no mirar en el techo, tampoco, ¿quien estaba haciendo ese maldito ruido? Dios, siempre he odiado esa sensación, sientes que te vigilan te das la vuelta y no hay nadie.
Esa sensación no se iba y cada vez el sonido estaba más cerca, esto es un tópico pero empecé a ir más deprisa.
-¿Por qué huyes?-era la voz del chico-.¿Tanto temes enfrentarte con una persona que ni siquiera te puede ver?-era verdad, ¿por qué corria?, no me podía ver. Paré y empecé a ir más despacio-.Mal hecho-dijo el chico, mientras algo escamoso me levantaba del suelo y me dejaba boca abajo.
¡Era el!, pero no tenía piernas, era una cola de serpiente, fría, viscosa y escamada.
Asco, miedo, rechazo, podría seguir diciendo palabras hacia mi fobia sobre las serpientes, pero mirandolo así el no era del todo una serpiente, solo media.
-Suéltame, me estaré quieta-le pedí intentando dejar de llorar. Pataleé contra el, me daba igual que me borrase los todos los recuerdos, pero que me soltara.
-Ha sido buena idea la del viejo, darte el colgante eso haría que tu energía subiese-estaba pasando de mi, era como si fuera invisible, ¡la leche!-Ni si quiera te has dado cuenta de que tu marca lleva brillando todo el trayecto y que tu temperatura a bajado.
-¡Que me sueltes!
-¿Por qué debería?
-Por que yo tengo ese preciado colgante, que tanto quereis.
-No por mucho tiempo-dijo tirando de la pequeña cadena e mi cuello-.¿Dónde está?-preguntó enseñandome la cadena sin colgante.
-No está hay-dije sonriendo mientras apretaba el colgante el la mano intentando que no se callera-.Si me sueltas te lo podría decir, aunque sea dame la vuelta.
-Si no me lo das, te voy a soltar y te vas a abrir la cabeza-dijo haciendo una sonrisa forzada, parecía que iba a estallar, tenía la cara roja y los labios apretados-.Dime-dijo levantandome un poco más.
-Suéltame-le advertí.
El obedeció, me posó sobre el suelo y se quedó observando mi mano.
-Abre la mano-como lo había visto, el era...¿ciego?
Abrí las dos manos, pero no había nada, ¿dónde había ido?, si todavía seguía sintiendo el frío de la piedra. El cogió mi mano y empezó a coger donde se suponía que estaba la piedra.
-Mierda, es demasiado tarde, ahora ya no te podrás ir.
Me empezó a picar el cuello, me arrasqué, el picor se iba aumentando, hasta llegar al dolor, en segundos el cuello me palpitaba.
-Te lo has buscado, si nos hubieses dado tu collar, no te dolería.
-¿Por qué me duele?-pregunté sin dejar de mantener la mano en el cuello.
-Porque se supone que esa piedra mantenía tus poderes encerrados,al despertalos así de pronto tu cuerpo no lo ha sabido asimilar, si nos la hubieses dado esto no habría pasado, en este momento tu estarias en la cama sin recordar nada,pero no... la señorita tuvo que joderme el día.
-Lo siento, pero que unos mounstros mitológicos me secuestren no es lo más mormal, digo yo.
-Si lo que quieras, pero enseñame tu marca-así lo hice, bajé la cabeza y le enseñé la nuca.
-Normal, el medio cículo de agua está palpitando, y esperate que todavía no has encontrado las otras piedras.-¿Otras piedras...?
-No he dicho nada, no hagas caso a este pobre ciego.
¿Ciego?, ha visto detalles que ni yo he visto.
-Tu no eres ciego.
-En teoría si.
-¿Teoría?-había una teoría para eso, la leche.
-Puedo ver el calor, como las serpientes-un escalofrío recorrió mi espalda-.Es lo que tiene ser hijo de Euríale-mi cara devió formar una interrogación-.Una de las tres gorgonas.
-¿Tu padre?
-Creo que un humano, pero no lo se mi madre lleva muchos años viva, desde la creación.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Capítulo 8
Había miles de papeles por ver, miles de secretos por descubrir.
Los papeles amarillentos se acumulaban entre las grandes estanterias.
Todo era ocuro, no había nada ni sombras, ni luces, un momento algo se hacercaba.
Debía de estar viva, si estuviera muerta no sentiría ningún tipo de dolor, y la verdad andar ya me costaba lo suyo.
Me observé en el espejo buscando alguna señal, lo único extraño era las vendas de mis brazos. Las quité con cuidado, allí habian dos puntos negros y en un moreton morado, y lo demás estaba lleno de marcas rojas. No, había algo más, en mi cuello ya no estaba la pequeña piedra azul.
Observé en los bolsillos de mi pantalón, en la mesilla y el armario, pero nada.
-¿Buscas estó?-dijó la voz del anciano en la puerta. Tenía mi collar en la mano.
-¿Qué hace con mi colgante?-pregunté intentando estar calmada.
-Nada, solo creo que debe destruirse, creo que ya vistes ayer porque.
-¡¿Qué?!, no, yo no vi nada de eso.
-No ¿eh?, el que te vio ayer no dijo la mismo.
Los papeles amarillentos se acumulaban entre las grandes estanterias.
Todo colocado, excepto una carpeta azul distinta a las demás, la cogí no pesaba demasiado, parecía que no hubiesen recaudado demasiada información. La curiosidad me estaba destrozando, era imposible que todas las arpetas estuviesen cubiertas de polvo, corroidas y amarillentas, excepto esa. La abrí, era extraño, solohabía una imagen, incluso de mi tenian unas frases, pero aquí solo había una imagen, un hombre; y una palabra, Él.
Dejé la carpeta sobre la mesa, había algo que no entendía, si esa habitación estaba prohibida, ¿por qué estaba abierta?, además, ¿por qué habia documentos tan importantes fuera?. Algo frío recorrió mis pies, haciendo que dejase mis cavilaciones para después.
-¿Nadie...te ha...dicho...que no entresss...aquí?-una voz en la otra punta de la habitación me sobresaltó. No era una voz humna, parecía un siseo, o como si le faltase el aire.
-¿Linn?-pregunte deseando que fuera ella. Conocía suficiente de mitología como para saber que si me encontraba con alguien desconocido la cagaba.
-Prueba de nuevo-cada vez estaba más cerca.
Intentaba observar en la oscuridad, ver una sombra, un movimiento, algo, pero lo único que veía eran dos puntos blancos que parecian imnotizarme.
De pronto, algo ató mi cintura y se empezó a enroscar en por mi cuerpo.-Socorro-dije en un susurro, creo qu ni siquiera lo dije, solo lo pensé.
Todo se empezaba a emborronar, los dos puntos empezaron a difuminarse, y de pronto todo era oscuridad, esa oscuridad en la que nadie se quiere ver envuelto, la muerte.
<<¡Una luz!, ¿una luz?, entonces es verdad estoy muerta>>, mi propio pensamiento me sonaba raro, pastoso, era como si estuviese colapsado.
La luz se hacia cada vez más intensa y brillante, se acercó demasiado y me engulló, dejandome ver lo que había detrás de ella, un techo de madera con una gran cúpula de grandes ventanales, es medio de esta había una lampara de cristal que caía en espiral.
-¿Dónde...?-¡había hablado!, era imposible, al menos que todo lo que decian esos libros que había leído fuesen ciertos, todo eso del cielo y el infierno.Moví mis dedos, quería saber si aun me podía controlar, o era solo una sensación después de estar muerta. Perfecto, se movian, eso quería decir que todavía controlaba mi cuerpo.
Me levanté sacando fuerzas de donde podía y observé la habitación. Una habitación completa de madera y una alfombra redonda y roja en medio de la habitación. No había muchos muebles para ser tan grande la habitación, un armario blanco con detalles marrones, una cama y un espejo de pie redondo.Debía de estar viva, si estuviera muerta no sentiría ningún tipo de dolor, y la verdad andar ya me costaba lo suyo.
Me observé en el espejo buscando alguna señal, lo único extraño era las vendas de mis brazos. Las quité con cuidado, allí habian dos puntos negros y en un moreton morado, y lo demás estaba lleno de marcas rojas. No, había algo más, en mi cuello ya no estaba la pequeña piedra azul.
Observé en los bolsillos de mi pantalón, en la mesilla y el armario, pero nada.
-¿Buscas estó?-dijó la voz del anciano en la puerta. Tenía mi collar en la mano.
-¿Qué hace con mi colgante?-pregunté intentando estar calmada.
-Nada, solo creo que debe destruirse, creo que ya vistes ayer porque.
-¡¿Qué?!, no, yo no vi nada de eso.
-No ¿eh?, el que te vio ayer no dijo la mismo.
-Entré, pero no vi mi colgante, solo un hombre, un poco siniestro la verdad, pero nada más.
-Ese hombre tenía una pieza de este colgante, y hay que procurar que no consiga más o sino...-se quedo callado dando a entender el bonito final que tendriamos, todos muertos.
-Pero mi madre dijo que lo protegiese.
-¿Y si te lo roban?, con los que nos enfrentamos serian capaces de cortarte el cuello con tal de darselo a Él.
-¿Para qué?, es solo una piedra.
-Solo una piedra, pero contiene las dos cosas más preciadas para Él.
sábado, 30 de octubre de 2010
Capitulo 7
Era impresionante ver a mis dos mejores amigas chocandose una y ota vez con una barrera invisible, además ver todo el bosque consumido por las llamas. Todo eso lo había producido ese chico.
-Esa podrias ser tu-dijo la chica señalando con su mano los árboles-.Si hubieses venido desde el principio, esto no hubiese pasado.
-Claro, pero no me suelo fiar de voces estúpidas y menos de un viejo, a saber.
-Estás en una situación muy dificil, asi que no te metas con el maestro o te suelto.
<<¿Maestro?>>donde coño me estaba metiendo, ¿en una secta?<<La leche, voces, tias con alas, maestros...Total nada puede salir peor>>
No volví a hablar más, la verdad no era muy conveniente que me dejase enmedio de la nada con dos zombis intentando atraparme.
Horas, estuvimos sobrevolando el campo, el viaje parecía no tener fin, habiamos salido del pueblo hacia una hora, y estuvimos cruzando el campo hasta llegar a una pequeña arboleda, allí empezó a disminuir la marcha. Parecia buscar algo entre los árboles, al fin lo tan buscado apareció.Era una pequeña catedral, los primeros rayos de sol de la mañana chocaban contra las grandes vidrieras, haciendo que las pequeñas y monstruosas gargolas parecieran cobrar vida.
Nos dirijiamos directamente a una pares, decorada con la cabeza de un águila gigante saliendo de ella, la pared cada vez estaba más cerca y ella no se detenía. Empecé a moverme intentando hacer un hueco por el que saltar.
-¡¿Qué haces?!-me chilló-.¿Si te caes te matarás?-Prefiero hacerlo yo, antes de morir estampada como un huevo frito-de pronto se mecortó la respiración, el águila nos acababa de engullir.
-Por fin llegais, ya pensaba que Él os había atrapado-dijo la misma voz de hombre que siempre me hablaba.
-Tú-le grité-.Tu me has estado atormentando durante estos días.
-Más respeto, mocosa-dijo Ninn tirandome al suelo de rodillas.
-¡Ninn!-grito el hombre.
-Lo siento, señor.
Me empecé a levantar.
-Me importa una mierda quien seais, ¿pero que me está pasando?-dije intentando no hacerme más daño en la espalda. La mano del hombre me detuvo.
-Da igual quien seas, lo único que debes hacer es quedarte aquí.
-¡No!
-No lo entiendes-dijo esto con mucha calma-.Si sales de aquí Él te encontrara.
-¿Quién es Él?-Él es...un conocido de tu madre.
-Pero mi madre...-pensé en esa cálida voz-...no quería que Él me encontrase.
-Lo sé, pero se conocian, ahora debes irte con Ninn a tu habitación.
-Maestro, somos muchos aquí, deberiamos hacer una votación, tal vez ella no deba quedarse.
El hombre la miro amenazante, y Ninn me empezó a empujar hacia un estrecho pasillo.
Terminamos entre dos puertas, una dorada y la otra azul, observé la puerta dorada, me estaba llamando, decía algo, quería que descubriese algo, quería que entrara. Estendí mi mano hacia el manillar, pero un fuerte golpe me detuvo.
-Nunca abras esa puerta, ¿entendido?-asentí con miedo. Ella abrió la puerta azul y una habitación con dos camas apareció tras de ella-.Entra.
Entré, me esperaba encontrar un nido, pero había dos camas y dos estanterias.
-¿Qué sois?-Ninn cerró la puerta.
-Somos...-no sabía continuar-.Toda la mitología a lo largo de los siglos ha sido olvidada, ya que esos mitos fueron desapareciendo, pero no desaparecieron, sino que se transformaron en humanos, pero no siempre son humanos, solo hay un problema, cuando son humanos pasa esto...-las plumas de Ninn empezaron a desaparecer, ya no era medio pájaro, era una chica rubia con el pelo por el cuello, ojos marrones y piel pálida. Llevaba una camiseta blanca y unos pantalones vaqueros negros. Se dio la vuelta y se levantó la camiseta, unas alas tatuadas estaban allí-.Esta es nuestra marca.
-¿Y yo que soy?
-Nadie, ahora duermete, llevas toda la noche despierta.
Ninn se metió en la cama, yo me senté en la cama y me puse los cascos para escuchar Evanescence.
Al sentir como la respiración de Ninn se había hecho más profunda, me levanté y salí de la habitación. Me paré enfrente de la puerta dorada y estiré el brazo, abrí la puerta con cuidado y entré en esa extraña habitación.
La habitación era marrón claro casi amarillo, con unos ladrillos cuadrados gigantescos y estaba iluminada por varias velas. Una pila de archivos se amontonaban en todos los cajones, vi uno con mi nombre:
Hedera Helix
Madre: Leia Menestre
Padre: Occust Lonv
Poder madre: agua
Poder padre: fuego
Marca Hedera: una media gota de agua y una media llama de fuego unidas en uno, en la nuca.
jueves, 21 de octubre de 2010
Capítulo 6
-¿Cómo...-pregunté sin estender como se habí movido tan rápido.
-¿No te dijeron que te escondieras?-dijo con un tono socarron que me sacaba de quicio-.Pobrecita.
En ese momento me sentía impotete, era como intentar luchar contra un tifón, siempre ibas a perder.
-¡Hedera!-gritó Melisa llegando a mi lado. Vamos a ver, cuando ves que una persona corre como un rayo, tu vas y te acercas-.¿Quién es?, ¿Por qué te has ido sin avisar?-esa era buena, ¡sin avisar!, ¡¿yo?!
-Por nada-dije sarcásticamente-.Solo me perseguia un tío que corre a la velocidad de la luz, pero por lo demás, es que me apetecia hacer ejercicio.-¡Callaros!-grito el chico. Eso me alegro, por fín salía de ese maldito papel de malo perfecto-.Ella tiene razón, pero si no quereis morir, podeis empezar a correr.
-¿Eres tonto?-preguntó Cira con indiferencia-.Las personas cuerdas estamos hablando.
El chico pareció enfadarse, su cara había pasado de la superioridad a una cara roja, con unos ojos relampagueantes.
-¿Cuerdas?-su voz se había vuelto grave y profunda.El chico levantó su mano y una luz cegadora le creció en ella.
-¡Déjalas!-gritó la voz de una chica.
-Ninn, Ninn, Ninn-parecía que se conociesen, el sonreía con rabia, pero sonreia mientrás negaba con su cabeza-.¿No aprendes?, ella nos pertenece por derecho, le pertenece a Él-dijo eso con enfasis, haciendo que la bola de luz se hiciese más grande.
-Nos la cedieron-chilló la chica.
-Claro, y también a ellos les cedieron el mundo-dijo en tono de broma señalando a mis amigas.
-Sí, pero por lo que veo, a ti no te cedieron un cerebro-estalló a reir, pero más bien no era una risa, era un graznido.
<<¿Un graznido?>>pensé montandome mi propia peli en la cabeza.
De pronto la chica se dejo ver, ¡no era una chica!, ¡era un pajaro!, bueno tenía cuerpo humano, plumas por todas partes y unas grandes alas.
-Ninn, ¿por qué insistes?, ¿acaso quieres terminar como la última vez?
-No, pero te voy hacer pagar eso.
Los dos se lanzaron en un ataque sin sentido, los dos se movian demasiado rápido, y lo único que conseguía ver era una intenso brillo en cada choque.
-Chicas, debemos irnos-les dije tirando de ellas.
Mis amigas no estaban eran zombis o trozos de hielo, no se movian, ni siquiera parapadeaban, sin previo aviso giraron con una sonrisa maléfica en los labios.
-¿Chicas?-sus ojos se posaron en mi, sus ojos, que siempre estaba felices y con colores llamativos, se habían vuelto blancos-.Yo..., tengo muchas cosas que hacer...adios-empecé a correr, no es que fuese muy rápida, pero eran zombis, se supone que no corren. Se supone, corrian a una velocidad de infarto, ya querrian los atletas correr así.-Chicas, ¡despertad!
Corrí y corrí, crucé medio pueblo sin aire, pero ellas estaban igual, y gracias a quye hubiese fiesta la gente estaba amontonada en el único sitio que no me pillaba de paso para ir al pantano. Había cruzado los caminos de piedra del pueblo, solo me quedaba el puente, el barrizal y el pequeño bosquecillo, para llegar al pantano. Era genial, no había ningún vecino, nadie, solo había coches sin dueño, pero que sepa no se conducir.
<<El móvil>>,pensé sacando el pequeño movil negro del bolsillo. Pensé en llamar a mis padres, pero pensarian que me había ido a una fiesta y estaría pedo.
Marqué el número de un "amigo."
-¿Iago?-pregunté intentando hacerme oir por encima del ruido de su teléfono.
-¿Hedera?, si tu nunca sales.
-Ya, pero me he enterado de que en el pantano hay una fiesta, ¿me llevas?
-¿Una fiesta?, ¿de quién?, de los frikis-eso no fue una pregunta.
-No, es de Soraya, ¿no lo sabias?, dice que va a ser bestial-el ruido de la música empezó a disminuir. Había que ser muy tonto para creerse que me habían invitado a ningún sitio.
-¿Dónde estás?-por fin oí el motorde su moto arrancando.
-En...-miré a todos los lados, no había parado de moverme, ¿dondé iba a estar en cinco minutos?-...estoy en el paseo-el paseo era perfecto, estaba cerca y era lo suficientemente largo para seguir allí.
-Voy para allá.
Seguí andando y corriendo, intentando localizar las dos sombras que antes eran mis amigas, no sabia donde estaban, pero sabia que me seguian.
Iago no tardó demasiado.
-Sube si quieres que te lleve-dudé, el era capaz de dejarme en una cuneta, vendería a su propia madre. De pronto un aire gélido y cortante paso por detrás de mi. Monté rápidamente.
Arrancó y dejo atrás el paseo en segundos.
-Date más prisa-le grité al ver como las dos sombras se movian más rápido.
-No puedo, además no va a pasar nada-dijo frenando. Algo araño la moto-.¡¿Qué has hecho?!
-Nada, pero corre-esta vez me hizo caso, subió la velocidad.
Estaba cagada, todo se veía con la pálida luz mortecina de las luces de la moto; los árboles chirriantes, que movian sus ramas sin ojas haciendolas crujir; y que mis amigas eran zombis que nos perseguian entre las ramas de los árboles.
Ya se veía el pantano entre los troncos de los árboles, lo que rodeaba al pantano parecía brillar con una luz azulada. Cruzamos la mortecina luz, aunque hubiera preferido no hacerlo, pero Iago no la veía.
Frenó la mota-.¿Y la fiesta?-no le dí tiempo a que me acorralada, ya que salí corriendo hacia el agua. Me metí en las frias aguas
-¡Ya está!-chillé mirando al cielo-.Estoy en el pantano, ¿qué se supone que tiene que pasar?-no recibia respuesta, estaba por dejarlo, pero algo me agarro de la cintura y me elevó por los aire. Giré la cabeza deseando que no fuera el chico pelirrojo, no no lo era, era esa tía-ave, sirena, arpía...Bueno eso no importaba, estaba volando.
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