jueves, 14 de julio de 2011

Capítulo 16

La mujer ni siquiera esperó a que la puerta se abriera del todo, tan solo pasó por el pequeño hueco entre el marco y la puerta.
Sacudí la cabeza intentando quietarme el embobamiento que tenía encima. Llevaba esperando ese momento desde hacía días, semanas, no lo sabía con certeza, ni si quiera ahora lo sé con determinación.
Entré siguiendo de cerca a Alec, que había entrado despúes que la mujer.
La habitación estaba en penumbras; el gran ventanal que había al fondo estaba cubierto por unas anchas cortinas;  las paredes decoradas con un friso de madera; un escritorio oscuro con un globo terraqueo y varios papeles esparcidos sobre él, descansaba bajo la ventana, pero lo que más llamaba la atención era la silueta de un hombre de espaldas, con el pelo desigual y un traje con solapas desgarradas.
-Señor, traigo a la chica-la mujer se dirijió al extraño hombre de espaldas anchas.-Muchas gracias, Euríale-su voz dura y grave tenía una mezcla de misterio y elegancia, pero en ese momento no me fijé en su voz, sino en ese nombre...
<<Euríale, ¿de qué me suena?, lo he oído antes lo sé, pero...>>, una imagen acudió velozmente a mi cabeza, ¡Khass!, su madre.
Toda esa información se proceso con extremada velocidad y como si fuese un autómata giré la cabeza hacia ella y até cabos. Esa sensación cuando la di la mano, era la misma; sus gafas, tapaban sus ojos de vibora. ¡¿Cómo podía haber sido tan lenta?!
-Euríale, iros, dejadnos a solas-Alec y la mujer hicieron una pequeña reverencia y desaparecieron en el aire-.Bueno, Hedera-dijo con rintintín-,creo que tu y yo debemos hablar, ¿verdad?-apoyó sus manos al escritorio que tenía justamente delante de él-.¿Sabes lo que quiero?
-Lo mismo que todo el mundo aqui, el maldito colgante-dije con voz queda.
-Exactamente, ¿sabes el por qué?-preguntó de forma misteriosa quitando las manos del escritorio de ebano.
Pensé. Era verdad, estaba intentando proteger una piedra de la cual solo sabía que mi madre estaba allí.
-¿Mi madre?-su carcajada resonó por toda la habitación.
-A esa mujer no la quiero volver a ver ni en pintura-dijo girando bruscamente. Un momento, ese no era el tío de la foto.
-¡¿Quién eres?!-exclamé mirandole fijamente, su cara era más afilada, su pelo era anaranjado cortado en mechones desiguales y sus ojos eran naranjas no rojos. Ese tío era completamente distinto que al de la foto.-Soy el fenix-sus ojos brillaron como el fuego en la noche. Mi cabeza no daba más de mi, ese tío no era el de la foto, pero todo el mundo le trataba como un amo-.Sorprendida, no era lo que esperabas-eso no era una pregunta, sabía lo que estaba pensando.
-Tu...no...-su sonrisa blanca resaltó en la penumbra de la oscuridad. Estaba asustada, ese tío no era normal, desprendía un aura....
-Oh si, el de la foto no era yo, era el estúpido de tu padre, intéligente pero estúpido-parecía estar hablandolo consigo mismo, pero no paraba de mirarme con interés. Según oí esa frase todo se derrumbo a mi alrededor, ¿cómo que mi padre?, él era....
No lo entendía, me había estado jugando la vida para esto, para no saber nada de mi misma ni de mi familia. No sabía el por qué de esa estúpida lucha y ni siquiera sabía si ese tío decía la verdad o si todo era un castillo en el aire.
-Tu padre y tu madre me fueron muy útiles-continuó como si hubiese leido el desconcierto en mi cara.-Después, tu madre cometió una estupidez y...¡caput!-remarco el final de la frase golpeando el gran escritorio con el puño.-Si te digo la verdad, me dieron incluso pena, tu madre dio su insignificante vida por salvar algo que no tenía remedio-dirijió su mano al globo terraqueo del escritorio y al tocarlo un pequeño resplandor rojo se formo entre su mano y el globo.-Que pena que no sirviese de nada, ¿verdad?
-N...no...has respondido-susurré con rabia lo suficiente alto como para que me oyese.
Soltó una carcajada.
-Eres un poco insolente-dijo acercandose con paso lento.-No dudes que te hubiese matado si no necesitase saber que planean esos...-dejó la frase en el aire con desprecio. El hombre se acercó lentamente hacia las cortinas y las abrió de golpe, dejando que una luz cegadora iluminase la gran habitación.-Pero si lo prefieres, puedes estar entre ellos-dijo señalando por la ventana, por detrás de la muralla, a un grupo de personas atadas a barrotes, cubiertas de suciedad.
Entrecerré los ojos con rabia. Ese tío era un monstruo.
-Te he dado a elejir, asi que no me mires asi-dijo sin mirarme. Me estaba poniendo de los nervios, tenía unas ganas de golpearle.
¿Elejir?, ¡¿a eso el llamaba elejir?!, o me das información o te encadeno, más bien era como decirte que puerta eliges, la de las los leones o la del camino de la gloria. ¡Qué iba a elejir! Bueno si, podría ser una heroína y quedarme encadenada cantando el típico no nos moveran, pero como lo que buscaba era sobrevivir en un nido de ratas, acepté la opción más llevadera.
-¿Qué quieres saber?-pregunté acercandome al escritorio.
Se giró hacia mi con una sonrisa gatuna pintada en su cara.
-Todo-dijo apartando la silla del escritorio-.Quiero saber todo-se sentó con delicadeza y entrecruzó las manos por encima del escritorio.
Me quedé allí en medio de la inmensa sala, de brazos cruzados y sin saber por dónde empezar. Busqué en cada recoveco de mi mente con desesperación, necesitaba algo que hiciese que el me respondiese todas mis dudas.
-Se lo que estas pensando, yo ya he hablado lo sufiente-dijo tamborileando sus dedos sobre la mesa-.Dí todo lo que sepas, no dudes que si mientes, lo sabré-soltó una de sus malditas sonrisas, de esas que me repateaban.-Puedes empezar...
-Todo lo que se es...-empecé a relatarle toda mi historia, desde ese maldito día en el pantano hasta ahora, bueno tal vez no toda mi historia, me salté unos cuantos detalles, como la localización de la piedra y el pequeño trozo que había desaparecido en mi mano, y la teoría que tenía para destruirle.