martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo 12

El viejo me tocó el hombro en señal de que nos teníamos que ir de la habitación, me di la vuelta con lentitud, la vedad no es que tuviera muchas ganas de salir, pero no tenía ganas de quedarme en una habitación a oscuras con una piedra brillante.
-No está sola-repitió mi frase. No tenía lógica, de eso me había dado cuenta yo sola.
-¿Quién...-pregunté intentando no sonar desesperada. Solo lo intenté, porque creo que no me salió bien.
-No te interesa, te lo aseguro-dijo abriendo la puerta.
Parecía cansado, no paraba de frotarse el puente de la nariz y de dar cortos soplidos. Era la leche, era yo la que debía estar cansada, cansada de un mundo que no entendía, y lo único que me dan son negativas, era exasperante.
-Creo que si me interesa, todo esto me interesa-dije moviedo los brazos a mi alrededor-. Si no me interesara no estaría aguantando a una panda de monstruitos pesados que solo saben decir Él, Él...no sabeis hablar de nada más-por fin había explotado, solo necesitaba la chispa que hiciese saltatr varias explosiones en cadena.
Sus ojos parecieron estrecharse, en ese momento daba miedo. Un viejo sin pelo en la cabeza, solo con una gran barba er muy delgado casi esquelético, los huesos de las manos se le marcaban, unos ojos azules fríos y una naiz aguileña, si juntas eso más una habitación oscura...la verdad no es lo más bonito que te puedes encontrar.
-Nos hemos jugado mucho trayendote aquí, asi que ya nos lo puedes agradecer.
-¿Agradecer?, ¡estoy encerrada en un pasillo, dimensión o como lo quiera llamar!, ¡no se nada de el porqué estoy aquí! ¡¿y encima debo agradeceroslo?!-grité sin poder contenerme. Puede ser que me pasara un poco con eso de los mostruitos, pero estaba hasta las narices y lo único que faltaba es que me pidiesen agradecimientos por encerrarme.
-Estás encerrada porque tu vida corre peligro, pero si te quieres ir...coge la pueta y vete-dijo cabreado mientras salía de la habitación y dejando la puerta entre abierta.
No parecía que lo dijera en serio eso de irme, pero era una buena opción, irme sin que nadie me lo impidiese, no tenía nada que perder, ¿por qué no intertarlo?
Salí de la oscura habitación y salí a los pasillos, miré a todos los lados, ¿por donde ir?, una pregunta un poco tonta si pensabas que eso era un pasillo, pero si mirabas al extremo del pasillo se te quitaba esa sensación de estupidez, ya que solo vias como una nube de humo tapaba los extremos, no se veía el final.
Me arme de todas mis fuerzas y empecé a caminar en cualquier dirección. Todas las puertas que había eran como la de la habitación de Ninn, azules, algunas parecian más antiguas y otras más nuevas, parecía como si ese sitio creciese poco a poco.


El tiempo pasaba lentamente, no se si pasaron minutos o horas, pero estaba hasta las narices de andar buscando la salida sola en un puñetero pasillo, pero por fin ese extreña nube parecía disiparse y tras ella aparecía algo rojo. Contra más cerca estaba, la nube dejaba paso a una masa rectangular y roja.
-¡Una puerta!-casi chillé al ver un manillar asomando en esa nubecita gris.
¡Dios!, mi salvación, no me lo creía, había llegado al final de ese asqueroso pasillo. Me acerqué a la puerta y una gran rafaga de viento hizo que los bajos de mis pantalones campana se movieran. Apoyé la mano en el manillar, me daba igual lo que hubiera detrás de esa maldita puerta, me había tirado gran parte de mi preciado tiempo en ese pasillo.
La abrí, ¡dios!, una rafaga de viento me enmpujo hacia atrás, ¿qué era eso?, me enganché como pude a la puerta y miré en el interior de lo que yo suponía mi salvación, pero no, no me podía creer lo que estaba viendo, nada, una habitación blanca, menuda....
Entré en la gran habitación intentando vencer al viento, suelos y techos blancos, además de no parecer haber paredes, ni un mueble, ¿qué era esa habitación?, ¿para qué servía?
Miré cada rincón, o más bien lo que yo pensaba que era un rincon, nada, ni un alma, miré hacia arriba, me agache y comprobé que no había doble fondo en el suelo, incluso andé hacia lo que se suponía que estaban las paredes, iba con los brazos estirados hacia delante e iba de puntillas, con mucho cuidado y el máximo sigilo posible para que el suelo no se undiese bajo mis pies. Comprobé que no había paredes, que ese sitio no llegaba a ningún sitio. Me iba adar por vencida, pero de pronto una rafaga de aire me engulló hacia abajo. El suelo había desaparecido.
Chillé todo lo que pude y más, estaba asustada, por asi decirlo cagada. Llevaba los ojos cerrados, intentando no pensar en como moriria aplastada, como una cucaracha. De lo asustada que estaba, ni siquiera sentí como mis pies tocaban el suelo delicadamente.
¿Cómo...?, no habia echo paf contra el suelo, entreabrí un ojo y observé, el suelo era de baldosas blancas amarillentas y las paredes grisacias. No podía creermelo, yo no me había movido, yo solo había, ¿caido?
Abrí los ojos y miré a mi alrededor, una habitación pequeña, tipo despacho. Miré al techo, no había ningún agujero, ¿cómo coño había llegado ahí?, estaba dispuesta a averiguarlo. Me dirijí a la puerta con paso firme, pero al abrirla toda esa seguridad se fue al instante. Una gran sala vacía;oscura ,solo iluminada por la poca luz de las ventanas; con grandes estanterías repletas de libros; y mesas formando hileras entre las altas estanterias. ¡Ese sitio me sonaba!, ¡era la biblioteca!, y no cualquier biblioteca, sino la de mi pueblo.
La alegría me llenó de felicidad, todos esas tardes allí sentada leyendo. Recorrí la inmensa biblioteca a oscuras, me la sabía al dedillo: la colocación de las mesas, los libros...Me encantaba ese sitio, cada paso que dabas hacia resonar un incesante eco, cada libro escondía mil y una historias, era mágico.
Llegué a la puerta, situada al otro extremo de la sala, y empujé la barrita roja, ¡mierda!, estaba cerrada, ¿y ahora qué?, me sentí tentada de sentarme a leer algún libro, pero un ejercito de monstruitos me seguía, asi qué decidí buscar otra salida.

Me paseé por la biblioteca, el único sitio por el que podía salir era por la ventana. Me asomé, no era muy buena idea, estaba en el segundo piso y tenía que saltar, lo bueno que aterrizaría sobre cespe.
Pasé un pie sobre el marco y luego el otro, me quedé sentada en el alfeizar, intentando calmarme y diciendome a mi misma que todo podía empeorar.
Cogí aire y salté. Todo pasó muy rápido, de estar en el alfeizar a estar en el aire deseando que algo parase mi caida, algo blando y mullido. De pronto me sentí extraña, más confiada de lo normal, como si supiese que algo me pararía. La verdad el golpe no dolió tanto, fue como si me hubiese tirado de bomba a un colchón de agua, ¡¿un colchón de agua?!, miré sobre lo que estaba sentada, una gran cantidad de agua parecía haber formado un gran cojín mullido. Me levanté rápidamente, miré hacia todos los lados para ver si lo había visto alguién. No, no había nadie. Salí corriendo, no pensaba dejar que alguien me viera allí cerca de esa cosa.

Corria en dirección a mi casa, hasta que oí una risa a mi espalda. De pronto un rayo iluminó el cielo, seguido por un gran trueno que me hizo incrementar la velocidad.

Ya sabía quien era, como no, el gilipuertas ese que convirtió a mis amigas en zombis sin sesos.
-¿Crees que correr te servira de algo?-preguntó la voz del chico pelirrojo con sorna. Pasé de él, no me iba a girar, sabía que tarde o temprano perdería la paciencia y correría más deprisa.-Llevo días esperando haber si salía alguien por esa maldita puerta, ¡y que casualidad!, vas y sales tu, y por lo que veo me sirves más que antes-terminó la frase con una estúpida risotada.
Seguí corriendo, intentando aguantar las ganas de darme la vuelta y arrearle un mamporro, haciendo que por una vez estuviese calladito y no pudiese demostrar esa estupidez nata que parecía tener.

Mis pasos cada vez eran más lentos, me empezaba a cansar. Él fue bajando la velocidad, ya no se oía pasos rápidos, sino un lento caminar, pero su risa seguía estando ahí, ¿o tal vez solo era mi imaginación?

-Estás cansada, tendrás que parar en algún momento-dijo parandose de golpe. Su voz me sacó de mis pensamientos. En su voz se notaba una pizca de cansancio, estaba perdiendo la paciencia, y eso no era muy conveniente, pero seguí andando, intentando coger aire de algún sitio porque a mi no me quedaba. Un pequeño gruñido de rabai salió de su boca.-Mocosa-dijo para que yo lo oyera. Eso fue la gota que colmo el vaso, me giré y andé hacia él.
-Tú-dije señalandole con el dedo.-Repite eso-una sonrisa apareció en sus labios. ¡Mierda!, había caido en su sencilla trampa. ¿Cómo podía ser tan idiota?, me dije a mi misma cuando me cogió del brazo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Capítulo 11

Fue raro que Ninn no se hubiese preocupado por mi grito, pero pasé. Me estiré con pocas ganas y con lentitud. No tenía ganas de aguantar a Ninn y a su cara de cabreo.
Apoyé los pies sobre el frío suelo y me arrastré fuera de la cama. No se oía nada, ni la respiración de Ninn, ni el crujido de la cama, ni el aire dando contra la ventana. Me acerqué a la otra cama, no había nada, ni siquiera un bulto, no había nadie en la habitación.
-¿Ninn?-pregunté mirando debajo de la cama, nada, ni un sonido.
¿Está era su venganza?, yo que pensaba encontrarmela con un cuchillo en la mano y una sonrisa tétrica.
Abrí la puerta del cuarto, nada, no había nadie, miré al fondo del pasillo, solo se veía una pequeña sombra negra que no permitía ver el final.
-¿Hola?-pregunté no muy alto, intentando que no me temblara la voz. Nada, no se oía nada-.¿Hola?-dije mucho más alto. Algo pareció golpear con fuerza en una superficie sólida.
-¡Parad!-debía ser un grito, pero se oía muy alejado. Era la voz del viejo, pero no estaba solo, varios murmullos se oian, parecian quejas.
Las seguí, de algún sitio debian de provenir. Anduve por el interminable pasillo, las voces cada vez se oian más claras.
-¡No!, la chica ira fuera.-gritó una mujer.
-Pero es una niña-grito otra voz.
Por fin encontré de donde provenian esos gritos. Detrás de una gran puerta redonda, con toques de metal, se oian gritos y golpes de varias personas.
Puse la oreja detrás de la puerta.
-No, ella es...-era ota voz mucho más graves que las otras.
-Lo sé, no hace falta que lo recuerdes, pero también le debemos el respeto a su madre.
-Su madre fue tonta-esa maldita mujer, con voz aguda y chirriante. ¿Cómo se atrevía a insultar a mi madre?
-Cierra la boca-dijo la voz de otra persona.
Eso me estaba poniendo de los nervios, estaba decidida, iba a entrar. Empujé la pesada puerta que se abrió con un gran chirriar.
Cientos o miles de personas agrupados en torno a una mesa que parecía no tener fin. Todos soltaron una pequeña exclamación, al verme entrar con cara de cabreo, al haber escuchado todo.
-¡Sal de aquí!-dijo la mujer de la voz chillona-, una tía con el pelo negro, y ropa amarillenta..No eres biemvenida-dijo poniendose de pie y viniendo hacia mi.
-Ffi, para-dijo un hombre pelirrojo, que vestía de verde-.Es una niña, ella no tiene la culpa.
-Claro, ella tiene parte de la naturaleza, como no el elfito la tiene que ayudar.
-¡Parad!-grito el viejo.
-Yukon, ella no debe estar aquí, todos lo opinamos-dijo la mujer. Miró a toda la sala que asentía-.Menos los elfos y algunas ninfas-dijo mirando con asco a algunas personas de ropa demasiado colorida.
-No se va a ir, correria peligro, recuerdo que tiene la piedra-dijo el viejo levantandose de su asiento.
-Nosotros tenemos...-el viejo cortó a Ffi, con una mirada amenazadora.
-¿Qué teneis?-pregunté retandola con la mirada.
-Nada, no tenemos nada-dijo el viejo.
-Ni siquiera sabe que necesitamos de ella-dijo Ffi con una sonrisa amenazante.
-¿De mi?-pregunté entre asustada y divertida. ¿Que iban a querer de una niña?
-De ti y de esa piedra tuya.
Como esa repipi siguiese sonriendo, se quedaba sin dientes.
-Ffi, callate-dijo el viejo, agarrandola del brazo.
Ella se soltó y le miró con el más profundo odio que jamás había visto. De pronto su cuerpo empezó a cambiar, hasta combertirse en una leona, con alas y cabeza humana, es decir, una esfinge.
-No te atrevas, Yukon-dijo ella entre dientes. Yukon no respondió a esa amenaza, solo la miró con esos intensos ojos azules, y ella volvió a su forma humana-.Solo quieres la piedra, cargatela-dijo mirandome con sorna mientras se alejaba de él.
-¡Iros!-gritó el viejo. Todos parecieron sombras, desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos-.Sieto la escenita, pero tienen razón, no deberias estar aquí, pero fuera corres peligro.
-Lo sé, no parais de repetirlo-dije exasperada-.Ahora, ¿Qué quereis de mi?
-Solo la piedra, pero serias una buena espía del enemigo.
-Enemigo-dije masajeandome las sienes-.¿Contra quién luchais?
-Contra Él...-ya empezamos-...ya que Él solo quería una raza superior, no quería ni humanos, ni mezclas entre estos y nosotros.
-¿Por...?
-Solo quería venganza contra los humanos-le miré sin entender-.Desde la antigüedad los humanos han perseguido a su raza, porque pensaban que eran peligrosos.
-¿Qué raza?-pregunté para haber si colaba.
-Ya no debes de saber más.
-¡No!, esa chica dijo que teniais algo...-no continué ya que el se había quedado pálido al oir mi frase.
-Bueno..., la piedra que tu tienes está dividida en varias partes, no sé el número, solo tu madre lo sabe, nosotros hemos estado recolectando varias piedras.
Me sorprendí, ¿cuántas piedras podría haber?
-Ven, te lo enseñaré-dijo empezando a andar por el gran comedor.
Andó muy seguido por mi, hasta llegar a una pequeña puerta a la derecha de la mesa de piedra. La abrió con mucho cuidado, como si lo que hubiese dentro fuera el tesoro más valioso en todo el mundo. El interior de la habitación estaba oscuro, salvo por un pequeño resplandor azul. La luz provenía de una gran piedra, pero no estaba completa, todvía le faltaba bastante para estar totlamente completa.
Me acerqué a la pequña columna que sostenía la piedra y la rocé con las yemas de los dedos. Algo pasó en ese instante, algo me recorrió por dentro e hizo que la piedra emitiera menos luz, pero en el corazón de la piedra había luz y ¿una persona?
-¿Quién...?-pregunté señalando la sombra.
-La energía de tu madre se ha acumulado haciendo que se forme su cuerpo.
Me fijé bien, había algo más, era solo una sombra pero parecía una persona.
-No esta sola-dije señalando la pequeña sombra que había al otro extremo de la piedra.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 10

¡Increible!, un chico hijo de una gorgona, una piedra que desaparece y yo..., bueno yo seguía igual de rarita.
-Iremos a hablar con Yukon-otro más, ¿quién era, esta vez?, el mounsto del pantano. Le mire advirtiendole, ¡bingo!, pereció entendeder que si no me decía donde ibamos no iba a ir a ningún lado-.El viejo-dijo tirando de mi brazo.
Fui detrás de él todo el camino, el pasillo iba pasando, parecía no tener fin. No lo entendía la catedral era pequeña y por lo que llegaba a ver mi vista, el pasillo era demasiado grande. Seguí dandole vueltas a esas estúpidas preguntas que me comian el coco, ¿quiénes eran estos tipos?, ¿dónde había ido la piedra?, ¿qué querian?...de pronto me di un golpe contra Khass.
-Ten más cuidado-dijo dadose la vuelta y mirandome como si me estuviera perdonando la vida.
-Lo siento-dije de mala gana.
-Quedate aquí-dijo entre dientes mientras me soltaba la mano.
Vi como se adentraba en la gran habitación, dejandome sola. Si pensaba que le iba a ahacer caso, iba listo.
Me acerqué lenta y silenciomente a la puerta y me asomé, el viejo estaba sentado en la gran cama, parecía lamentarse por algo y Khass estaba de pie,tenso y apretandose los puños.
-Pero...¿cómo?, eso no debería haber sucedido-el viejo se frotaba la cara, como si se la intentara limpiar.
-Lo se señor, yo no pretendía...la absorvió sola.
-Lo sé, pero ahora corre peligro, debe quedarse aquí.
-Pero Él no se enterará, nunca sabrá que su cuerpo a absorvido la piedra, podemos dejarla en su hogar.
-¡No!, el espíritu de su madre nos perseguiría.-dijo alzando su rostro.
Me estremecí soltando un bufido, mi cabeza desconectó. Era imposible, había hablado con ella unos días antes.
Khass se giró de pronto dejando su mirada fija en la mía.
-¡Fuera!-me gritó, debía haberme oído.
-Un momento-dijo el viejo haciendo que me detuviera-.Ven.-me ordenó levantandose de la cama.
Me acerqué con cuidado, tenía que estar alerta, no sabia que querian de mi, ni siquera quienes eran. Pasé al lado de Khass, el cual me envió una mirada llena de odio.
-Eres identica a ella-dijo el viejo acercándose a mi. Parecía estar muy emocionado,sus ojos estaban llorosos y en su cara había aparecido una sonrisa-.Teneis el mismo pelo, la misma sonrisa, idudablemente eres su hija-de pronto fijo la mirada en mis ojos y su expresió cambió al instante al asco-.Y esos ojos, esos malditos ojos, los que me dieron ganas de arrancar cuando te ví por primera vez-estaba asustada y eso se notaba. Me empecé a echar hacia atrás hasta chocarme con Khass, como no, siempre en medio-.No te preocupes, no te odio a ti, solo a tu padre-dijo sonriente, dandose la vuelta y mirando por el gran ventanal que había detrás de la cama.-Como ya sabes te quedaras aquí, habiamos pensado llevarte a tu casa si nos devolvias el colgante, pero tu cuerpo a absorvído lo que contenía la piedra, asi que te quedaras aquí.
-Os la devolveré-grité al pensar que me tendría que quedar allí.
-¿Cómo?, solo tu madre puede hacer eso.
-Pero acabas de decir que está muerta.
-Tecnicamente no-dijo la estúpida voz de Khass a mi espalda.
-No hay un tecnicamente para eso, o se muere o se está vivo-le contesté intentando mantener mi mano quieta, pero faltaba poco para que mi puño se cerrara y se impulsara contra algún estómago.
-No-dijo el viejo-.Tu madre dio la vida por salvarnos, pero solo dio su cuerpo, por así decirlo el alma de tu madre está encerrada en esa roca, y ahora esa roca se a absorvido a tu cuerpo.
-¿Por?
-Por que tu madre selló todos tus poderes con ella, y eso reconoció tu energía.
-Entonces, tengo poderes, me puedo defender yo solita-dije intentando hacer caso omiso a lo de los poderes.
-Tecnicamente si-dijo Khass. Mi puño se dirijió hacia su estomago, pero el lo detuvo-.Solo tienes parte de tus poderes, todavía podrias transformarte-dijo retorciendo mi muñeca-.Ahora te estaras quietecita ¿entendido?-asentí y el soltó mi dolorida muñeca.
-Ahora dejemos una cosa clara-dije alejandome lo más lejos de Khass-.¿Qué soy?, y no quiero tecnicamentes, ¿vale?
-Bueno, eres otra criatura itológica-dijo el viejo. Que gracioso, eso lo sabia.-Tu cuerpo suele tener escamas azules o verdes...-me estaba temiendo lo peor, un familiar de Khass, una srpiente. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-No te preocupes-dijo Khass con una sonrisa-.Si hubiese sido algo mio, no habrias llegado viva-¿cómo...?, daba igual.
-Bueno, seguramente no sepas lo que son, asi que es una tontería decirte nada...
-¿Qué soy?-dije intentando parecer calmada.
-Una Ondina-mi cara debió ser una interrogación total-.Una ninfa de agua dulce.
Solo eso, me esperaba algo más, un fenix, un dragon, una arpía... pero eso, eso no podía hacer nada más que cuidar marineros, que decepción
-Y solo por ser una estúpida ninfa, corro peligro.
-No le has dejado terminar-dijo Khass, sonriente por mi expresión.
-Bueno, también eres...una salamandra...-un jarro de agua fría cayó sobre mi-...de fuego,una Shallones, un espíritu elemental del fuego-eso estaba mejor, algo poderoso. Una sonrisa apareció en mi cara.
-Yo no estaría tan feliz, si supiera de donde provienen esos poderes-dejo Khass sonriente.
-Sigo sin entenderlo, ¿por que corro peligro?
-Porque en esa piedra hay algo más.
-¿El qué?
-Todavía no debes saberlo-dijo mientras se daba la vuelta y salía por la puerta-.Khass, llevala con Ninn a su habitación.
Salimos de la habitación. Estaba deseando llegar a la habitación de Ninn y tumbarme en una cama, tanto ir pasillo arriba, pasillo abajo me tenía hasta las narices.
Silencio, solo había silencio.
-¿Por qué el pasillo es tan largo?-pregunté intentando romper el hielo.
-Porque no es un pasillo, es una dimensión,ya que somos muchos y en la catedral habita gente, pero es lo suficientemente tranquila para poder entrar por una pared sin que se entere nadie.
-Una dimesión alternativa por asi decirlo, ¿no?-asintió.
El silencio era sepulcral y un poco incomodo, nunca me había parecido incomodo el silencio.
-Que sepas que hay leyendas en las que las Ondinas matan marineros.
-Ya, y yo voy y me lo creo-dije riendo sarcásticamente-.Además, las salamandras controlan el fuego...
-Los rayos...-dijo sonriente, como si me quisiese decir algo.
Seguimos en silencio, mientras yo seguía dandole vueltas a lo que me había dicho, había algo, él había sugerido algo.
-Ya hemos llegado, será mejor que descanses-dijo llamando a la puerta con delicadeza.
-Hola-dijo con una cara de cabreo que no podía con ella.
-Hola-dijo Khass levantando la cabeza-.Te la dejo aquí, procura que descanse-asintió. Yo alucinaba, parecía una muñeca a la que llevas debajo del brazo y cuando te cansas se la dejas a tu vecino.
Khass se fue alejando por el pasillo, cada vez más rápido. Una leve tosecita improvisada me sacó de mis pensamientos. Me giré y allí estaba Ninn, despeinada, con ojeras, y con el ceño fruncido.
-Entra-me dijo forzando una sonrisa. Entre con miedo de no volver a salir. Cerró la puerta, y chasqueó la lengua-.Te dije que no entraras alló, me he tenido que tirar todo el día aguantando la charla de Yukon.
-¿Lo siento?-dije cerrando los ojos como si fuese a recibir un golpe.
-La vida aquí te va a ser muy dura-dije sonriendo macabramente-.Ahora descansa.
Me tumbé en una de las dos camas y me dormí.
Miles de imagenes pasaban continuamente por mi cabeza.
El chico pelirrojo con ojos amarillos, fuego, rayos, la foto que aparecía con el nombre de Él, todo era una línea continua, hasta que desperté gritando.

Ya sabía lo que quería decir Khass, el pelirrojo era una salamandra, podía ser de mi familia, no todo menos eso.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Capitulo 9

-¿Qué contiene?
-Nada que te intererse ya.
-¿Cómo que ya?-entonces era verdad, estaba muerta, ¡pero el me veia!
-Ya no te interesa, además creo que es hora de que te vayas para siempre.
-¡¿Dónde estoy muerta?!-pregunté asustada. No tenía ganas de desaparecer, la verdad no tenía ganas de seguir hablando con ese viejo. Me fui alejando lentamente hasta chocar contra una pared
-¿Muerta?-se empezó a reir-.El veneno solo te dejo incosciente, pero no olvidaste lo que pasó y todo esto debe desaparecer.
-Ya...-me acerqué lo máximo posible a la puerta.
-Tranquila, no te dolera, solo sentiras una pequeña intrusión en tu mente, ¿a que si Khass?-un chico moreno apareció tras el. Era joven, unos diecisiete, alto y con el pelo sobre los ojos de color blanco. Iba con una camiseta verde y unos pantalones vaqueros negros.
-Claro-dijo levantando la cabeza, parecía querer oler el aire-.Como cosquillas en el cerebro-sonrió y dejó ver unos impecables colmillos.
-No es lo que más me apetece, de verdad.
-No es que te apetezca-dijo el chico. Sin esperar respuestas se abalanzó sobre mi, o más bien donde pensaba que estaba, porque se lanzó sobre donde había estado antes, frente al espejo.
-¡Mierda!, ¿como se ha podido mover tan rápido?
-Khass, no se ha movido rápido, solo que su energía es debil.
-¡Pero nunca había fallado!-gritó intentando encontrarme. ¡No veia!, sus ojos, por eso eran blancos, era ciego.
-Cálmate, lo puedes hacer desde lejos.
-Si-sonaba cabreado, le había dolido haber fallafo.
-¿Qué quereis hacer?-pregunté al borde de un ataque de nervios.
-No debes saber nada de este sitio, ni de nosotros, ya no tienes nada de que preocuparte, no tienes el colgante.
-Si, esa mujer me dijo que no callese en malas manos, y creo que se refería a vosotros.
-¡¿Qué?!, tu madre confiaba en nosotros-dijo el anciano.
-Sobre todo-dije acercandome al anciano-.Dame el colgante y no te pasará nada.
-Toma-¡¿cómo?!, se estaba rindiendo, me estaba dando el colgante.
Lo cogí y me alejé del anciano que tenía una sonrisa de oreja a oreja. Salí por la puerta triunfante, no me podía creer que todo hubiese sido tan fácil. Paseé por os pasillos solitarios intentando encontrar la habitación de Ninn, pero todas las puertas eran iguales, parecía estar en un laberinto de piedras y de puertas azules. Lo único que me acompañaba era el sonido de unos cascabeles, lo atribuí al colgante, pero nunca había sonado así.
Miré hacia atrás para ver que el viejo no me seguía. No, no había nada, delante tampoco, me he visto demasiadas pelis de miedo como para no mirar en el techo, tampoco, ¿quien estaba haciendo ese maldito ruido? Dios, siempre he odiado esa sensación, sientes que te vigilan te das la vuelta y no hay nadie.
Esa sensación no se iba y cada vez el sonido estaba más cerca, esto es un tópico pero empecé a ir más deprisa.
-¿Por qué huyes?-era la voz del chico-.¿Tanto temes enfrentarte con una persona que ni siquiera te puede ver?-era verdad, ¿por qué corria?, no me podía ver. Paré y empecé a ir más despacio-.Mal hecho-dijo el chico, mientras algo escamoso me levantaba del suelo y me dejaba boca abajo.
¡Era el!, pero no tenía piernas, era una cola de serpiente, fría, viscosa y escamada.
Asco, miedo, rechazo, podría seguir diciendo palabras hacia mi fobia sobre las serpientes, pero mirandolo así el no era del todo una serpiente, solo media.
-Suéltame, me estaré quieta-le pedí intentando dejar de llorar. Pataleé contra el, me daba igual que me borrase los todos los recuerdos, pero que me soltara.
-Ha sido buena idea la del viejo, darte el colgante eso haría que tu energía subiese-estaba pasando de mi, era como si fuera invisible, ¡la leche!-Ni si quiera te has dado cuenta de que tu marca lleva brillando todo el trayecto y que tu temperatura a bajado.
-¡Que me sueltes!
-¿Por qué debería?
-Por que yo tengo ese preciado colgante, que tanto quereis.
-No por mucho tiempo-dijo tirando de la pequeña cadena e mi cuello-.¿Dónde está?-preguntó enseñandome la cadena sin colgante.
-No está hay-dije sonriendo mientras apretaba el colgante el la mano intentando que no se callera-.Si me sueltas te lo podría decir, aunque sea dame la vuelta.
-Si no me lo das, te voy a soltar y te vas a abrir la cabeza-dijo haciendo una sonrisa forzada, parecía que iba a estallar, tenía la cara roja y los labios apretados-.Dime-dijo levantandome un poco más.
-Suéltame-le advertí.
El obedeció, me posó sobre el suelo y se quedó observando mi mano.
-Abre la mano-como lo había visto, el era...¿ciego?
Abrí las dos manos, pero no había nada, ¿dónde había ido?, si todavía seguía sintiendo el frío de la piedra. El cogió mi mano y empezó a coger donde se suponía que estaba la piedra.
-Mierda, es demasiado tarde, ahora ya no te podrás ir.
Me empezó a picar el cuello, me arrasqué, el picor se iba aumentando, hasta llegar al dolor, en segundos el cuello me palpitaba.
-Te lo has buscado, si nos hubieses dado tu collar, no te dolería.
-¿Por qué me duele?-pregunté sin dejar de mantener la mano en el cuello.
-Porque se supone que esa piedra mantenía tus poderes encerrados,al despertalos así de pronto tu cuerpo no lo ha sabido asimilar, si nos la hubieses dado esto no habría pasado, en este momento tu estarias en la cama sin recordar nada,pero no... la señorita tuvo que joderme el día.
-Lo siento, pero que unos mounstros mitológicos me secuestren no es lo más mormal, digo yo.
-Si lo que quieras, pero enseñame tu marca-así lo hice, bajé la cabeza y le enseñé la nuca.
-Normal, el medio cículo de agua está palpitando, y esperate que todavía no has encontrado las otras piedras.
-¿Otras piedras...?
-No he dicho nada, no hagas caso a este pobre ciego.
¿Ciego?, ha visto detalles que ni yo he visto.
-Tu no eres ciego.
-En teoría si.
-¿Teoría?-había una teoría para eso, la leche.
-Puedo ver el calor, como las serpientes-un escalofrío recorrió mi espalda-.Es lo que tiene ser hijo de Euríale-mi cara devió formar una interrogación-.Una de las tres gorgonas.
-¿Tu padre?
-Creo que un humano, pero no lo se mi madre lleva muchos años viva, desde la creación.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo 8

Había miles de papeles por ver, miles de secretos por descubrir.
Los papeles amarillentos se acumulaban entre las grandes estanterias.
Todo colocado, excepto una carpeta azul distinta a las demás, la cogí no pesaba demasiado, parecía que no hubiesen recaudado demasiada información. La curiosidad me estaba destrozando, era imposible que todas las arpetas estuviesen cubiertas de polvo, corroidas y amarillentas, excepto esa. La abrí, era extraño, solohabía una imagen, incluso de mi tenian unas frases, pero aquí solo había una imagen, un hombre; y una palabra, Él.
Dejé la carpeta sobre la mesa, había algo que no entendía, si esa habitación estaba prohibida, ¿por qué estaba abierta?, además, ¿por qué habia documentos tan importantes fuera?. Algo frío recorrió mis pies, haciendo que dejase mis cavilaciones para después.
-¿Nadie...te ha...dicho...que no entresss...aquí?-una voz en la otra punta de la habitación me sobresaltó. No era una voz humna, parecía un siseo, o como si le faltase el aire.
-¿Linn?-pregunte deseando que fuera ella. Conocía suficiente de mitología como para saber que si me encontraba con alguien desconocido la cagaba.
-Prueba de nuevo-cada vez estaba más cerca.
Intentaba observar en la oscuridad, ver una sombra, un movimiento, algo, pero lo único que veía eran dos puntos blancos que parecian imnotizarme.
De pronto, algo ató mi cintura y se empezó a enroscar en por mi cuerpo.
-Socorro-dije en un susurro, creo qu ni siquiera lo dije, solo lo pensé.
Todo se empezaba a emborronar, los dos puntos empezaron a difuminarse, y de pronto todo era oscuridad, esa oscuridad en la que nadie se quiere ver envuelto, la muerte.


Todo era ocuro, no había nada ni sombras, ni luces, un momento algo se hacercaba.
<<¡Una luz!, ¿una luz?, entonces es verdad estoy muerta>>, mi propio pensamiento me sonaba raro, pastoso, era como si estuviese colapsado.
La luz se hacia cada vez más intensa y brillante, se acercó demasiado y me engulló, dejandome ver lo que había detrás de ella, un techo de madera con una gran cúpula de grandes ventanales, es medio de esta había una lampara de cristal que caía en espiral.
-¿Dónde...?-¡había hablado!, era imposible, al menos que todo lo que decian esos libros que había leído fuesen ciertos, todo eso del cielo y el infierno.
Moví mis dedos, quería saber si aun me podía controlar, o era solo una sensación después de estar muerta. Perfecto, se movian, eso quería decir que todavía controlaba mi cuerpo.
Me levanté sacando fuerzas de donde podía y observé la habitación. Una habitación completa de madera y una alfombra redonda y roja en medio de la habitación. No había muchos muebles para ser tan grande la habitación, un armario blanco con detalles marrones, una cama y un espejo de pie redondo.
Debía de estar viva, si estuviera muerta no sentiría ningún tipo de dolor, y la verdad andar ya me costaba lo suyo.
Me observé en el espejo buscando alguna señal, lo único extraño era las vendas de mis brazos. Las quité con cuidado, allí habian dos puntos negros y en un moreton morado, y lo demás estaba lleno de marcas rojas. No, había algo más, en mi cuello ya no estaba la pequeña piedra azul.
Observé en los bolsillos de mi pantalón, en la mesilla y el armario, pero nada.
-¿Buscas estó?-dijó la voz del anciano en la puerta. Tenía mi collar en la mano.
-¿Qué hace con mi colgante?-pregunté intentando estar calmada.
-Nada, solo creo que debe destruirse, creo que ya vistes ayer porque.
-¡¿Qué?!, no, yo no vi nada de eso.
-No ¿eh?, el que te vio ayer no dijo la mismo.
Me dí por vencida.
-Entré, pero no vi mi colgante, solo un hombre, un poco siniestro la verdad, pero nada más.
-Ese hombre tenía una pieza de este colgante, y hay que procurar que no consiga más o sino...-se quedo callado dando a entender el bonito final que tendriamos, todos muertos.
-Pero mi madre dijo que lo protegiese.
-¿Y si te lo roban?, con los que nos enfrentamos serian capaces de cortarte el cuello con tal de darselo a Él.
-¿Para qué?, es solo una piedra.
-Solo una piedra, pero contiene las dos cosas más preciadas para Él.

sábado, 30 de octubre de 2010

Capitulo 7

Era impresionante ver a mis dos mejores amigas chocandose una y ota vez con una barrera invisible, además ver todo el bosque consumido por las llamas. Todo eso lo había producido ese chico.
-Esa podrias ser tu-dijo la chica señalando con su mano los árboles-.Si hubieses venido desde el principio, esto no hubiese pasado.
-Claro, pero no me suelo fiar de voces estúpidas y menos de un viejo, a saber.
-Estás en una situación muy dificil, asi que no te metas con el maestro o te suelto.
<<¿Maestro?>>donde coño me estaba metiendo, ¿en una secta?<<La leche, voces, tias con alas, maestros...Total nada puede salir peor>>
No volví a hablar más, la verdad no era muy conveniente que me dejase enmedio de la nada con dos zombis intentando atraparme.
Horas, estuvimos sobrevolando el campo, el viaje parecía no tener fin, habiamos salido del pueblo hacia una hora, y estuvimos cruzando el campo hasta llegar a una pequeña arboleda, allí empezó a disminuir la marcha. Parecia buscar algo entre los árboles, al fin lo tan buscado apareció.
Era una pequeña catedral, los primeros rayos de sol de la mañana chocaban contra las grandes vidrieras, haciendo que las pequeñas y monstruosas gargolas parecieran cobrar vida.
Nos dirijiamos directamente a una pares, decorada con la cabeza de un águila gigante saliendo de ella, la pared cada vez estaba más cerca y ella no se detenía. Empecé a moverme intentando hacer un hueco por el que saltar.
-¡¿Qué haces?!-me chilló-.¿Si te caes te matarás?
-Prefiero hacerlo yo, antes de morir estampada como un huevo frito-de pronto se mecortó la respiración, el águila nos acababa de engullir.
-Por fin llegais, ya pensaba que Él os había atrapado-dijo la misma voz de hombre que siempre me hablaba.
-Tú-le grité-.Tu me has estado atormentando durante estos días.
-Más respeto, mocosa-dijo Ninn tirandome al suelo de rodillas.
-¡Ninn!-grito el hombre.
-Lo siento, señor.
Me empecé a levantar.
-Me importa una mierda quien seais, ¿pero que me está pasando?-dije intentando no hacerme más daño en la espalda. La mano del hombre me detuvo.
-Da igual quien seas, lo único que debes hacer es quedarte aquí.
-¡No!
-No lo entiendes-dijo esto con mucha calma-.Si sales de aquí Él te encontrara.
-¿Quién es Él?
-Él es...un conocido de tu madre.
-Pero mi madre...-pensé en esa cálida voz-...no quería que Él me encontrase.
-Lo sé, pero se conocian, ahora debes irte con Ninn a tu habitación.
-Maestro, somos muchos aquí, deberiamos hacer una votación, tal vez ella no deba quedarse.
El hombre la miro amenazante, y Ninn me empezó a empujar hacia un estrecho pasillo.
Terminamos entre dos puertas, una dorada y la otra azul, observé la puerta dorada, me estaba llamando, decía algo, quería que descubriese algo, quería que entrara. Estendí mi mano hacia el manillar, pero un fuerte golpe me detuvo.
-Nunca abras esa puerta, ¿entendido?-asentí con miedo. Ella abrió la puerta azul y una habitación con dos camas apareció tras de ella-.Entra.
Entré, me esperaba encontrar un nido, pero había dos camas y dos estanterias.
-¿Qué sois?-Ninn cerró la puerta.
-Somos...-no sabía continuar-.Toda la mitología a lo largo de los siglos ha sido olvidada, ya que esos mitos fueron desapareciendo, pero no desaparecieron, sino que se transformaron en humanos, pero no siempre son humanos, solo hay un problema, cuando son humanos pasa esto...-las plumas de Ninn empezaron a desaparecer, ya no era medio pájaro, era una chica rubia con el pelo por el cuello, ojos marrones y piel pálida. Llevaba una camiseta blanca y unos pantalones vaqueros negros. Se dio la vuelta y se levantó la camiseta, unas alas tatuadas estaban allí-.Esta es nuestra marca.
-¿Y yo que soy?
-Nadie, ahora duermete, llevas toda la noche despierta.
Ninn se metió en la cama, yo me senté en la cama y me puse los cascos para escuchar Evanescence.
Al sentir como la respiración de Ninn se había hecho más profunda, me levanté y salí de la habitación. Me paré enfrente de la puerta dorada y estiré el brazo, abrí la puerta con cuidado y entré en esa extraña habitación.
La habitación era marrón claro casi amarillo, con unos ladrillos cuadrados gigantescos y estaba iluminada por varias velas. Una pila de archivos se amontonaban en todos los cajones, vi uno con mi nombre:


Hedera Helix

Madre: Leia Menestre
Padre: Occust Lonv
Poder madre: agua
Poder padre: fuego
Marca Hedera: una media gota de agua y una media llama de fuego unidas en uno, en la nuca.


jueves, 21 de octubre de 2010

Capítulo 6

 
-¿Cómo...-pregunté sin estender como se habí movido tan rápido.
-¿No te dijeron que te escondieras?-dijo con un tono socarron que me sacaba de quicio-.Pobrecita.
En ese momento me sentía impotete, era como intentar luchar contra un tifón, siempre ibas a perder.
-¡Hedera!-gritó Melisa llegando a mi lado. Vamos a ver, cuando ves que una persona corre como un rayo, tu vas y te acercas-.¿Quién es?, ¿Por qué te has ido sin avisar?-esa era buena, ¡sin avisar!, ¡¿yo?!
-Por nada-dije sarcásticamente-.Solo me perseguia un tío que corre a la velocidad de la luz, pero por lo demás, es que me apetecia hacer ejercicio.
-Dejate de coñas y dinos porque te has ido-dijo Cira.
-¡Callaros!-grito el chico. Eso me alegro, por fín salía de ese maldito papel de malo perfecto-.Ella tiene razón, pero si no quereis morir, podeis empezar a correr.
-¿Eres tonto?-preguntó Cira con indiferencia-.Las personas cuerdas estamos hablando.
El chico pareció enfadarse, su cara había pasado de la superioridad a una cara roja, con unos ojos relampagueantes.
-¿Cuerdas?-su voz se había vuelto grave y profunda.
El chico levantó su mano y una luz cegadora le creció en ella.
-¡Déjalas!-gritó la voz de una chica.
-Ninn, Ninn, Ninn-parecía que se conociesen, el sonreía con rabia, pero sonreia mientrás negaba con su cabeza-.¿No aprendes?, ella nos pertenece por derecho, le pertenece a Él-dijo eso con enfasis, haciendo que la bola de luz se hiciese más grande.
-Nos la cedieron-chilló la chica.
-Claro, y también a ellos les cedieron el mundo-dijo en tono de broma señalando a mis amigas.
-Sí, pero por lo que veo, a ti no te cedieron un cerebro-estalló a reir, pero más bien no era una risa, era un graznido.
<<¿Un graznido?>>pensé montandome mi propia peli en la cabeza.
De pronto la chica se dejo ver, ¡no era una chica!, ¡era un pajaro!, bueno tenía cuerpo humano, plumas por todas partes y unas grandes alas.
-Ninn, ¿por qué insistes?, ¿acaso quieres terminar como la última vez?
-No, pero te voy hacer pagar eso.
Los dos se lanzaron en un ataque sin sentido, los dos se movian demasiado rápido, y lo único que conseguía ver era una intenso brillo en cada choque.
-Chicas, debemos irnos-les dije tirando de ellas.
Mis amigas no estaban eran zombis o trozos de hielo, no se movian, ni siquiera parapadeaban, sin previo aviso giraron con una sonrisa maléfica en los labios.
-¿Chicas?-sus ojos se posaron en mi, sus ojos, que siempre estaba felices y con colores llamativos, se habían vuelto blancos-.Yo..., tengo muchas cosas que hacer...adios-empecé a correr, no es que fuese muy rápida, pero eran zombis, se supone que no corren. Se supone, corrian a una velocidad de infarto, ya querrian los atletas correr así.-Chicas, ¡despertad!
Corrí y corrí, crucé medio pueblo sin aire, pero ellas estaban igual, y gracias a quye hubiese fiesta la gente estaba amontonada en el único sitio que no me pillaba de paso para ir al pantano. Había cruzado los caminos de piedra del pueblo, solo me quedaba el puente, el barrizal y el pequeño bosquecillo, para llegar al pantano. Era genial, no había ningún vecino, nadie, solo había coches sin dueño, pero que sepa no se conducir.
<<El móvil>>,pensé sacando el pequeño movil negro del bolsillo. Pensé en llamar a mis padres, pero pensarian que me había ido a una fiesta y estaría pedo.
Marqué el número de un "amigo."
-¿Iago?-pregunté intentando hacerme oir por encima del ruido de su teléfono.
-¿Hedera?, si tu nunca sales.
-Ya, pero me he enterado de que en el pantano hay una fiesta, ¿me llevas?
-¿Una fiesta?, ¿de quién?, de los frikis-eso no fue una pregunta.
-No, es de Soraya, ¿no lo sabias?, dice que va a ser bestial-el ruido de la música empezó a disminuir. Había que ser muy tonto para creerse que me habían invitado a ningún sitio.
-¿Dónde estás?-por fin oí el motorde su moto arrancando.
-En...-miré a todos los lados, no había parado de moverme, ¿dondé iba a estar en cinco minutos?-...estoy en el paseo-el paseo era perfecto, estaba cerca y era lo suficientemente largo para seguir allí.
-Voy para allá.
Seguí andando y corriendo, intentando localizar las dos sombras que antes eran mis amigas, no sabia donde estaban, pero sabia que me seguian.


Iago no tardó demasiado.
-Sube si quieres que te lleve-dudé, el era capaz de dejarme en una cuneta, vendería a su propia madre. De pronto un aire gélido y cortante paso por detrás de mi. Monté rápidamente.
Arrancó y dejo atrás el paseo en segundos.
-Date más prisa-le grité al ver como las dos sombras se movian más rápido.
-No puedo, además no va a pasar nada-dijo frenando. Algo araño la moto-.¡¿Qué has hecho?!
-Nada, pero corre-esta vez me hizo caso, subió la velocidad.
Estaba cagada, todo se veía con la pálida luz mortecina de las luces de la moto; los árboles chirriantes, que movian sus ramas sin ojas haciendolas crujir; y que mis amigas eran zombis que nos perseguian entre las ramas de los árboles.
Ya se veía el pantano entre los troncos de los árboles, lo que rodeaba al pantano parecía brillar con una luz azulada. Cruzamos la mortecina luz, aunque hubiera preferido no hacerlo, pero Iago no la veía.
Frenó la mota-.¿Y la fiesta?-no le dí tiempo a que me acorralada, ya que salí corriendo hacia el agua. Me metí en las frias aguas
-¡Ya está!-chillé mirando al cielo-.Estoy en el pantano, ¿qué se supone que tiene que pasar?-no recibia respuesta, estaba por dejarlo, pero algo me agarro de la cintura y me elevó por los aire. Giré la cabeza deseando que no fuera el chico pelirrojo, no no lo era, era esa tía-ave, sirena, arpía...Bueno eso no importaba, estaba volando.

domingo, 17 de octubre de 2010

Capítulo 5

 
Los dos día habían pasado con tranquilidad, demasiada para mi gusto.
Por fín era sabado, me iba a tirar todo el día durmiendo, pero sobre las siete de la mañana mi movil empezó a sonar.
-¿Qué coño quieres?-pregunté al ver que era Cira-.A esta hora la gente normal está durmiendo.
-Es que acabo de mirar el movil, he leído tu mensaje, y mi respuesta es, ¡si!-dijo a todo correr. Había hablado tan rápido que casi ni la entendía.
-Más despacio.
-He, leído, tu mensaje, y, mi, respuesta, es, si.
Me quedé pensando, yo no la había enviado ningún mensaje, además que mensaje le podría enviar
-No te he enviado ningún mensaje.
-Si, ayer a las doce de la noche.
-P...-suspiré, seguramente fuese otro ataque de locura-.¿Qué dije?
-Que esta noche ibas a ir a lo fuegos artificiales, y que si íbamos a ir, yo y Melisa.
No era tan mal plan, ya me había preocupado, pensaba que con mi locura fuese a robar en algún sitio.
-Vale, estonces, ¿dónde nos vemos?
-En la bocatería.
-Vale, ahora dejame dormir-colgué el teléfono.
Me tapé la cabeza con la almohada y cerré los ojos intentando dormir, pero por más que lo intentaba había algo que me reconcomía.
Me levanté y miré el calendario del movil, habian pasado dos días desde que dejé de oir voces, dos día que no tenía a nadie ordenandome que buscase piedras. Un momento dos días, era imposible, no podía salir de casa, pero ¿y si me encontraban?, pondría en peligro a mis padres. De pronto la puerta se abrió.
-¿Qué haces despierta?-preguntó mi madre con la ropa del trabajo.
-Nada-me apresuré a decir-.Mamá, ¿te he dicho que he quedado con Cira y con Melisa?
-Si, vinistes ayer por la noche a decirme que hoy quedabas. ¿Por?
-Por nada.-dije empujandola fuera de la habitación-.Pasatelo bien.
-Vale-salió de la habitación y yo cerré la puerta, no pensaba salir de mi habitación hasta que mis padres se fuesen. Al cabo de diez minutos la puerta de la calle sonó.
-Bien, ¿qué pasará esta noche?-dije mirando hacia el techo de mi habitación.
-Lo que tenga que pasar.
-Venga, no me vengas con el rollito misterio, ¿qué pasará?
-Te encontraremos.
-¿Quién? y ¿para qué?
-No es de tu incunvencia.
-¿Dónde tengo que ir?-con tal de que me diera la dirección para no hacercarme por ahí.
-Ve al pantano a las doce de la noche. Si no te escondes allí, él irá a por ti, y eso no es nada bueno.
-¿Al pantano?-estaba claro que no iba a pisar ese sitio en mucho tiempo y menos de noche.
-Ve-me ordenó.


Esa orden estuvo rondando por mi cabeza todo el día, había llegado la noche y todavía oia la voz de ese maldito viejo, apagada y firme, resonando en mi pobre cabeza.


Ya eran la once de la noche cuando salí de casa, paseé por las oscuras calles, si a eso se le podian decir calles, hasta llegar a centro del pueblo, un sitio amplio y luminoso. Me dirijí a la plaza, toda ella estaba decorada por luces y bamderas colgando de las farolas.
-Hola-chilló Melisa desde la bocatería. Toda la plaza giró hacia donde Melisa saludaba, que vergüenza, más de medio pueblo estaba en la plaza.
-Hola-dije muy bajito colocandome un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Ven, te estabamos esperando-dijo tirando de mi brazo hacia la mesa con Cira y la familia de Melisa, sus padres, su hermana y su hermano.
Me senté en la mesa del bar, La Tentación, ya habián pedido, siete hamburguesas.
Comimos rapidaménte
-Papá, mamá-dijo Melisa-.Teniamos pensado ir al parque de las afueras, para ver mejor los fuegos.
-¿A las afueras del pueblo?-no creía que nos dejaran, pero debía intentarlo.-Vale, pero llevate el movil.
-Gracias-gritamos las tres.
Las tres nos levantamos y salimos corriendo hacia el parque.
Tardamos unos diez minutos en llegar al viejo parque, todos los columpios eran de madera y de metal chirriante.
-Ya han empezado-dijoCira gritando por el estruendo de los cohetes.
-Entonces son las doce-dije mirando a todos los lados.
Pasaron cuatro minutos y todos los cohetes pararon dejando todo el parque lleno de humo. Entre el humo apareció una silueta que se hacercaba.
-Creo que deberiamos irnos-dije preocupada, al ver como alguien venia por esos caminos tan solitarios.
-¿Por qué?, es solo un chico-dijo Cira señalando a un chico pelirrojo que venía en nuestra dirección.
El chico se acercó y se paró ante nosotras.
-Buenas noches-dijo saliendo a la luz de una farola. Era un chico pelirrojo, con los ojos amarillos.
-Bu...buenas-dije intentando sacarme el nudo de la garganta.
Cira y Melisa parecian congeladas, mejor dicho todo estaba congelado, excepto nosotros dos.
-Deberias haber ido al pantano-dijo sonriente. Me levanté rapidaménte del columpio-.Tranquila tienes diez segundos-Empecé a correr se gún oí su propuesta-.Uno...,dos...,tres...-dejé de oirle, ahora solo tenía oidos para los gritos de mis dos mejores amigas.
-Corred-chillé con todad mis fuerzas.
-Diez-oí como el chico gritaba. Giré la cabeza para verle, pero en su lugar vi una luz cegadora, como la de un rayo, se acercaba peligrosamente hacia mi, de pronto el chico estaba en frente de mi.

viernes, 1 de octubre de 2010

Capítulo 4

Crucé los angostos pasillos del insti y llegué a una pequeña habitación con las paredes a cuadros blancos y negros, una pequña camilla blanca, todos los muebles eran blancos y había un fuerte olor a desinfectante.
-Buenos días-le dije a la enfermera, una mujer rechoncha, baja y con un horrible traje verde.
-Hola, ¿qué querias?-preguntó mientras terminaba de limarse las uñas.
-No me encuentro bien-de lógica, se llama enfermería, si vas no te tienes que encontrar tan bien.
-¿Qué te pasa?
Me quedé en blanco, y ahora que decía, no le iba a decir que me había vuelto loca.
-Bueno..., me duelen los oídos y...-tenía que pensar en algo más, con eso no me mandarian a casa-...creo que tengo fiebre.
La enfermera me puso la mano sobre la frente.
-No, no tienes fiebre.
-De verdad, no me encuentro bien-dije deseando que se lo creyera.
-Será mejor que te vallas a casa, puede ser un virus.
Bajé los dos pisos que me separaban de mi libertad y salí de esa carcel disimulada con barrotes de colores y de nombre instituto.
Llegué a mi casa sin aliento.
-Hola-dije esperando no oir la voz de mis madre. Nadie contestó-.Genial, es hora de investigar-dije entrando en el amplio comedor.
Abrí los cajones a ras de suelo, allí estaban todas las fotos familiares, cogí el que ponía mis apellidos, Helix Bilom.
Ojeé cada hoja, cada foto, pero no había ninguna en la que yo fuese menor de tres años.
-Es imposible, por muy ocupados que estuviesen, alguna foto habría.
Abrí los demás álbunes, observé cada foto, tampoco, pero lo más extraño no era eso, en mi familia no había nadie que se pareciese a mi, mi madre, rubia con ojos azules; mi padre, pelirrojo con ojos verdes;mi tío, rubio con ojos marrones...En conclusión, nadie se parecía a mi, morena de ojos rojos.
<<Lo sabes, sabes que no eres como ellos>>,esta vez no era la voz de una mujer, era la de un hombre, pero parecía más la de un anciano.
-¿Quién...qué se supone que eres?-grité haciendo que el eco me delvolviera mis palabras. Sabía que la voz me oiría gritase o no, pero necesitaba desahogarme.
<<Dentro de dos días lo sabras>>
-¿Y si no quiero?-pregunte desafiante.
<<Te enteraras>>,la voz dejó de sonar en mi cabeza, mientras la puerta se abría.
-Hedera,¿qué haces aquí?-preguntó mi madre.
-Me encontaba mal, pero ese no es el caso ahora-dije intentando cambiar de tema-.Tenemos que hablar.
-¿De qué?-preguntó mi madre mirando las fotos tiradas sobre el sillón.
-Creo que ya lo sabes.
-Hedera, por favor, ya hemos hablado de eso.
-No, solo has dicho que no te parecía importante tener fotos, pero resulta que has cambiado de idea.
-Hija, solo fue una tontería.
-Ya, tontería, pero de donde he sacado yo este aspecto.
-De un familiar lejano-mi madre estaba a punto de derrumbarse. La miré fijamente, no me iba a ir de allí hasta que me lo dijera-.Lo siento, siento haberte mentido durante todos estos años-me quedé blanca. Todas mis sospechas eran ciertas.
-¿De...dónde vengo?
-No lo sé, un hombre,bastante mayor, nos abordó cerca de la universidad, nos dijo que sabia lo que queriamos y que lo tenía, nos mostró a una pequña de dos años, que nos miraba con unos grandes ojos rojos, nos dijo que no había nada que dijese que estabas en el mundo, asi que decidimos traerte aquí y darte una identidad, pero conservamos tu nombre original.
-¿Estás bien?
Asentí intentando ordenar toda la información en mi cerebro.
-¿Quiénes son mis padres?-me pregunté en un murmullo.
<<Yo, pequeña Hedera>>,la voz de la mujer sonó en mi cabeza.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Capítulo 3

Fui a mi habitación, no tenía ganas de que mis padres se enteraran de lo que acababa de pasar.
<<Hedera>>,oi la voz de una mujer en mi cabeza,<<Pequeña, debes proteger esta piedra>>
Me estaba volviendo loca, era imposible que una piedra hablara.
<<Hedera, por favor, encuentra los otros trozos y protejelos de él>>,la voz cesó y toda mi habitación se quedó en silencio.
-¿Él?, ¿la voz?-me pregunté sentandome en la cama intentando encontrar una solución-.¡Dios!-grite intentando no llorar-. No, no tenía bastante con oir voces, ahora también tengo que seguir sus ordenes.
Alguién llamó a la puerta, pero no contesté.
-Hedera-dijo mi madre asomando la cabeza por la puerta-.¿Estás bien?
-Si, solo estoy cansada.
-Papá ya ha llegado, ¿que tal si lo dejas un rato?
-Todavía me queda mucho, lo siento pero no puedo.
Mi madre se fue entristecida.
Dejé la piedra sobre mi mesilla y volví a enterrarme entre los libros de historia.


 Me levanté y miré mi móvil, las cinco de la mañana. Me puse de pie y cogí la piedra, tenía muy claro donde debía ir, salí de la habitación y bajé a la planta baja. Entré en el gran sótano, cerré la puerta y empecé a buscar por todos los cajones.
-Te tengo-susurré al encontrar un pequeño martillo. Mi idea era hacer un colgante con la pequeña piedra y enseñarselo a mis amigas, ellas me dirian lo que tenía que hacer.
Coloqué la piedraen una mesa y empecé a clavar un enganche con el martillo, por fin la piedra cedió y se hizo unpequeño agujero.
Algo salió de la piedra, algo semitransparente voló en mi dirección, de pronto un escalofrío me recorrió.
-Me voy a ir arriba, y haré como que esto no ha sucedido-dije saliendo del sótano como un rayo.
Subí las escaleras a oscuras con el corazón en un puño, entré en mi habitación, mi santuario, el ,unico lugar en el que estaba segura.
-Tengo que dejar de imaginarme cosas-dije intentando convencerme de que estaba loca. Me tumbé en la cama y me dormí en diez minutos.


Desperté con la música de mi móvil y una imagen en mi cabeza: una mujer de pelo azul, sonrisa cálida y piel escamada.
Me levanté haciendo caso omiso a los vestigios de mi locura e hice lo mismo que todas las mañanas.

Salí de casa y andé en dirección al insti, como siempre, odiaba esa rutina.
Llegué al patio y me senté a esperar a Cira y a Melisa, de pronto sentí como alguien me daba unos golpecitos en el hombro.
-Hola-dijo Melisa sonriente como siempre.
-Hola, os estaba esperando, pero las dos habeis llegado antes-dije señalandolas-.Tengo que enseñaros algo-dije quitandome el collar, de pronto se puso a llover.
-Luego nos lo enseñas-dijo Cira yendo hacia el porche.
Me quedé bajo la lluvia observando cada charco que veia, en uno me quede mirando mi reflejo, no, no era mi reflejo, yo no estaba reflejada allí, yo no tenía el pelo blanco, ni la piel verde, ni tenía escamas.
Etaba asustada, no había nadie detrás de mi, pero esa no era yo, en ese momento me dio igual quien fuese, pero salí corriendo hacia el porche.
-¿Qué te pasa?-me preguntó Cira al ver que había llegado corriendo.
-Nada, solo es que va atocar el timbre-estaba en lo cierto, según terminé de hablar sonó el timbre.
Llegué a clase y me senté en la útima fila.
-Buenos días-dijo la profesora de Lengua.
La clase se pasó entre regañinas y mis miradas a la ventana, el timbre sonó, pero no me di cuento.
-Lix-dijo Cira zarandeandome-.¿Te pasa algo?, estás más pálida de lo normal.
-Eh, no-dije sacudiendo la cabeza.
-Nos tenias que contar algo-dijo Melisa.
-No, era solo sobre las voces, pero ya se ha solucionado.
-Bueno, si nos lo quieres contar, ya sabes donde estamos-dijo Cira tocandome lamano, de pronto la aparto y se miró la mano sorprendida-.¡¿Una escama?!-dijo enseñandome la pequeña escama verde. Eso me dejó muda, ¿de donde era esa escama?-Lix, ¿estás bien?
-Si, solo me he quedado pensando, nada más.
El siguiénte profe llego.
-Adios-dijo Melisa-.Ah, mola lo que te has hecho en el pelo.
-¿Qué me he hecho?-pregunté inquieta.
-Mechas blancas-dijo cogiendome un mechón de pelo y enseñandomelo.
Levanté la mano.
-¿Si señorita Helix?
-¿Puedo ir a la enfermería?-dije agarrandome a la mesa para no caerme.
-Si.
No me hizo falta más, salí corriendo de clase.
<<Me he vuelto loca>>,pensé con lágrimas en los ojos.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Capítulo 2

-Mierda, voy a llegar tarde.-la verdad, no me importaba llegar tarde, lo que me importaba era llegar tarde a Matemáticas.
Salí corriendo, todavía me faltaban varios metros para llegar al insti, tenía complicado llegar a tiempo, ya que, todavía no habia llegado. Tardé cinco minutos en atravesar la puerta, pero todavía tenía que subir tres pisos, para poder llegar.
Llegué a clase sin respiración y con ganas de ser invisible.
Abrí la puerta intentando hacer el menor ruido posible, tenía pensado esconderme detrás de las mesas y llegar a mi sitio.
-Señorita Hedera-un escalofrío recorrió mi espalda al oir la chirriante voz de el profesor Hard, el profesor de mates-.La estabamos esperando-como no, con tal de joderme el día cualquier cosa. El estúpido ese, si llega a llamarse estúpido, era un hombre de unos treinta años, un hombre "deportista", es decir, era más flaco que las patas de una gallina, además era de estos profesores con preferencias y con la manía de poner motecitos.
-Señor Hard-dije con miedo-¿lo siento?-sabía cual iba a ser la respuesta, pero debía intentarlo.
-Se ha retrasado...-miró su reloj fijamente-.Se ha retrasado ocho minutos, ¿de verdad cree que con una simple disculpa lo va a solucionar?-dijo sonriendo siniestramente-.Quiero un trabajo sobre todo el tiempo transcurrido hace diez años, de que tiempo, que política..., todo lo que pasase importante cada hora.
-Eso es una estupided, además es imposible-dije dejando caer la mochila sobre el suelo.
-Tampoco se puede ser tan raro como para oir voces inexistentes y ponerte a gritar que se callen en medio de la clase.-eso fue un golpe bajo, pensaba que me pondría más deberes, pero no, tuvo que sacar ese tema.
-Lo haré-accedí sentandome y abriendo mi mochila negra con telarañas blancas.
Las clases pasaron lentas y aburridas.
Por fín el timbre sonó, ese sonido era mi salvación y a la vez mi castigo.
-Espra, Lix-me llamó-una de mis mejores amigas, Cira. Cira era una chica morena y de piel morena, tiene mucha imaginación y la dio por llamarme Lix.
-Tengo que darme prisa, tengo trabajo por hacer.
-Ya,¿por qué no se lo dices a alguien?
-Ya lo he hecho, pero todos lo niegan, excepto tu y Melisa-dije mirando a una chica alta y rubia que estaba a unos metros tras de nosotras-.De nosotas pasan, solo es tener paciencia. me escabullí entre la multitud, no tenía ganas de hablar, solo quería llegar a casa, hacer el trabajo y bañarme.

-Ya he llegado-grité al abrir la puerta.
Me subí a mi cuarto a hacer el trabajo.
-Hedera, baja a comer.
-No tengo hambre, además tengo muchos deberes.-grite desde la habitación.
Me concentré en hacer esa mierda de castigo, no paraba de ver como pasaban las horas en mi reloj, y sentir como mis ojos caian rendidos al sueño.

Abrí los ojos, me había quedado transpuesta. Cogí el movil, tenía que ver que hora era.
-¡Las ocho!-chillé al ver los númeritos rojos de mi movil-.Pero si solo he cerrado los ojos un momento, eran las siete, es imposible-no llevaba ni medio trabajo, lo tenía que terminar, si no, me esperaban otros diez años más.
Salté de la cama y me dirigí al baño a lavarme la cara.
Abrí el grifo y cerré el tapón del lavabo esperando que el agua caliente lo inundase, pero no salía.
-No me jodas-dije dando un fuerte golpe al grifo. De pronto un chorro de agua verde inundo el lavabo.-¿Pero qué...?-me pregunté al ver el reflejo de algo que no estaba allí, era una mujer con la piel escamada y el pelo parcía ser blanco, parecía que me imitara.
Rápidamente quité el tapón y el reflejó desapareció, pero al irse el agua quedó una pequeña piedra azul, no más grande que un garbanzo.
-¿Que es esto?-cogí la piedra y una extraña sensación inundo mi cuerpo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Capítulo 1

-No tengas miedo-dijo una voz cantarina. No era una voz, mas bien era un canto-.No te haremos nada.
¡¿No me harian nada?!, estabamos debajo del agua y lo único que podía ver en esas aguas tan verdes, eran unas sombras rápidas que me rodeaban.
Las cosas pararon, ¿eran personas?, esas ""cosas"" empezaron a hacer un pequeño pasillo y una piedra azul y brillante, atravesó el pasillo hasta llegar a mi.
Esa piedra parecía palpitar, parecía que me hablase, me decía que me acercara a ella.
Estaba a punto de tocar la piedra, cuando una música empezó a sonar.
-¡Dios!-grité asustada-.Maldito despertador-dije levantandome de la cama.
Miré el movil, eran las siete y veinte de la mañana.
-Voy a llegar tarde-dije abriendo mi armario. Como no, el único color que había dentro era el negro.
Me puse un pantalón de pata ancha, una camiseta de manga larga, y mis converse negras y blancas.
Bajé corriendo a la cocina.
-Buenos días-le dije a mi madre.
-Buenos días-contestó dandose la vuelta.-¿Que tal has dormido?-pregunto cruzandose de brazos. ¿A que venía esa pregunta?, además esa expresión, me lo preguntaba como si ya supiese que había soñado.
-Emm..., bien-mentí-.He dormido perfectamente.
No me gustaba mentirla pero debía hacerlo, sino volveria la tanda de los malditos psicologos.
-Hedera, te he oído gritar.
-Ya, bueno, no ha sido lo que tu te piensas.-dije mordiendo una  tostada.
-Cariño-dijo sonriente. La miré con mala cara-.Lo siento, no pretendía-se refería a decirme cariño, odio que me dijera eso-.Si sigues teniendo esa pesadilla, ¿por qué no vas al...-la interrumpí.
-¡No!, no necesito a ningún loquero, mamá, casi me ahogo es normal que tenga pesadillas.
-Pero...
-Me tengo que ir-dije saliendo de la cocina-.Adios.
Salí de casa en dirección al instituto.
Lo único en lo que podía pensar era en lo que pasó hace un mes, en ese día, ese maldito día en el que me volví loca. Ese día fuimos al pantáno del pueblo, y yo me alejé y me fui a explorar la zona, tropecé con algo y caí en el agua, sabía nadar, pero me quedé atrapada en el fondo, entonces empecé a ver un brillo azul y miles de sombras rodeandome. Desperté rodeada de gente, empapada y con cortes en la espalda y los brazos.
El timbre del instituto me sacó de mis pensamientos.
  

jueves, 9 de septiembre de 2010

Introducción

Hedera, una chica marginada, a la que no la dejande pasar cosas raras: desde sueños raros, hasta voces en su cabeza. Todo esto empezó un día en el que casi se ahoga en un pantano, desde ese día su familia empezó a pensar que se había vuelto loca, pero un día con sus mejores amigas alguien la conto un extraño secreto.



Esta historia surgió de un sueño, pero la voy escribiendo sobre la marcha.
Si alguien tiene alguna duda o comentario, no dudeis en poneros en contacto por e-mail: blogvampira@hotmail.es