sábado, 30 de octubre de 2010

Capitulo 7

Era impresionante ver a mis dos mejores amigas chocandose una y ota vez con una barrera invisible, además ver todo el bosque consumido por las llamas. Todo eso lo había producido ese chico.
-Esa podrias ser tu-dijo la chica señalando con su mano los árboles-.Si hubieses venido desde el principio, esto no hubiese pasado.
-Claro, pero no me suelo fiar de voces estúpidas y menos de un viejo, a saber.
-Estás en una situación muy dificil, asi que no te metas con el maestro o te suelto.
<<¿Maestro?>>donde coño me estaba metiendo, ¿en una secta?<<La leche, voces, tias con alas, maestros...Total nada puede salir peor>>
No volví a hablar más, la verdad no era muy conveniente que me dejase enmedio de la nada con dos zombis intentando atraparme.
Horas, estuvimos sobrevolando el campo, el viaje parecía no tener fin, habiamos salido del pueblo hacia una hora, y estuvimos cruzando el campo hasta llegar a una pequeña arboleda, allí empezó a disminuir la marcha. Parecia buscar algo entre los árboles, al fin lo tan buscado apareció.
Era una pequeña catedral, los primeros rayos de sol de la mañana chocaban contra las grandes vidrieras, haciendo que las pequeñas y monstruosas gargolas parecieran cobrar vida.
Nos dirijiamos directamente a una pares, decorada con la cabeza de un águila gigante saliendo de ella, la pared cada vez estaba más cerca y ella no se detenía. Empecé a moverme intentando hacer un hueco por el que saltar.
-¡¿Qué haces?!-me chilló-.¿Si te caes te matarás?
-Prefiero hacerlo yo, antes de morir estampada como un huevo frito-de pronto se mecortó la respiración, el águila nos acababa de engullir.
-Por fin llegais, ya pensaba que Él os había atrapado-dijo la misma voz de hombre que siempre me hablaba.
-Tú-le grité-.Tu me has estado atormentando durante estos días.
-Más respeto, mocosa-dijo Ninn tirandome al suelo de rodillas.
-¡Ninn!-grito el hombre.
-Lo siento, señor.
Me empecé a levantar.
-Me importa una mierda quien seais, ¿pero que me está pasando?-dije intentando no hacerme más daño en la espalda. La mano del hombre me detuvo.
-Da igual quien seas, lo único que debes hacer es quedarte aquí.
-¡No!
-No lo entiendes-dijo esto con mucha calma-.Si sales de aquí Él te encontrara.
-¿Quién es Él?
-Él es...un conocido de tu madre.
-Pero mi madre...-pensé en esa cálida voz-...no quería que Él me encontrase.
-Lo sé, pero se conocian, ahora debes irte con Ninn a tu habitación.
-Maestro, somos muchos aquí, deberiamos hacer una votación, tal vez ella no deba quedarse.
El hombre la miro amenazante, y Ninn me empezó a empujar hacia un estrecho pasillo.
Terminamos entre dos puertas, una dorada y la otra azul, observé la puerta dorada, me estaba llamando, decía algo, quería que descubriese algo, quería que entrara. Estendí mi mano hacia el manillar, pero un fuerte golpe me detuvo.
-Nunca abras esa puerta, ¿entendido?-asentí con miedo. Ella abrió la puerta azul y una habitación con dos camas apareció tras de ella-.Entra.
Entré, me esperaba encontrar un nido, pero había dos camas y dos estanterias.
-¿Qué sois?-Ninn cerró la puerta.
-Somos...-no sabía continuar-.Toda la mitología a lo largo de los siglos ha sido olvidada, ya que esos mitos fueron desapareciendo, pero no desaparecieron, sino que se transformaron en humanos, pero no siempre son humanos, solo hay un problema, cuando son humanos pasa esto...-las plumas de Ninn empezaron a desaparecer, ya no era medio pájaro, era una chica rubia con el pelo por el cuello, ojos marrones y piel pálida. Llevaba una camiseta blanca y unos pantalones vaqueros negros. Se dio la vuelta y se levantó la camiseta, unas alas tatuadas estaban allí-.Esta es nuestra marca.
-¿Y yo que soy?
-Nadie, ahora duermete, llevas toda la noche despierta.
Ninn se metió en la cama, yo me senté en la cama y me puse los cascos para escuchar Evanescence.
Al sentir como la respiración de Ninn se había hecho más profunda, me levanté y salí de la habitación. Me paré enfrente de la puerta dorada y estiré el brazo, abrí la puerta con cuidado y entré en esa extraña habitación.
La habitación era marrón claro casi amarillo, con unos ladrillos cuadrados gigantescos y estaba iluminada por varias velas. Una pila de archivos se amontonaban en todos los cajones, vi uno con mi nombre:


Hedera Helix

Madre: Leia Menestre
Padre: Occust Lonv
Poder madre: agua
Poder padre: fuego
Marca Hedera: una media gota de agua y una media llama de fuego unidas en uno, en la nuca.


jueves, 21 de octubre de 2010

Capítulo 6

 
-¿Cómo...-pregunté sin estender como se habí movido tan rápido.
-¿No te dijeron que te escondieras?-dijo con un tono socarron que me sacaba de quicio-.Pobrecita.
En ese momento me sentía impotete, era como intentar luchar contra un tifón, siempre ibas a perder.
-¡Hedera!-gritó Melisa llegando a mi lado. Vamos a ver, cuando ves que una persona corre como un rayo, tu vas y te acercas-.¿Quién es?, ¿Por qué te has ido sin avisar?-esa era buena, ¡sin avisar!, ¡¿yo?!
-Por nada-dije sarcásticamente-.Solo me perseguia un tío que corre a la velocidad de la luz, pero por lo demás, es que me apetecia hacer ejercicio.
-Dejate de coñas y dinos porque te has ido-dijo Cira.
-¡Callaros!-grito el chico. Eso me alegro, por fín salía de ese maldito papel de malo perfecto-.Ella tiene razón, pero si no quereis morir, podeis empezar a correr.
-¿Eres tonto?-preguntó Cira con indiferencia-.Las personas cuerdas estamos hablando.
El chico pareció enfadarse, su cara había pasado de la superioridad a una cara roja, con unos ojos relampagueantes.
-¿Cuerdas?-su voz se había vuelto grave y profunda.
El chico levantó su mano y una luz cegadora le creció en ella.
-¡Déjalas!-gritó la voz de una chica.
-Ninn, Ninn, Ninn-parecía que se conociesen, el sonreía con rabia, pero sonreia mientrás negaba con su cabeza-.¿No aprendes?, ella nos pertenece por derecho, le pertenece a Él-dijo eso con enfasis, haciendo que la bola de luz se hiciese más grande.
-Nos la cedieron-chilló la chica.
-Claro, y también a ellos les cedieron el mundo-dijo en tono de broma señalando a mis amigas.
-Sí, pero por lo que veo, a ti no te cedieron un cerebro-estalló a reir, pero más bien no era una risa, era un graznido.
<<¿Un graznido?>>pensé montandome mi propia peli en la cabeza.
De pronto la chica se dejo ver, ¡no era una chica!, ¡era un pajaro!, bueno tenía cuerpo humano, plumas por todas partes y unas grandes alas.
-Ninn, ¿por qué insistes?, ¿acaso quieres terminar como la última vez?
-No, pero te voy hacer pagar eso.
Los dos se lanzaron en un ataque sin sentido, los dos se movian demasiado rápido, y lo único que conseguía ver era una intenso brillo en cada choque.
-Chicas, debemos irnos-les dije tirando de ellas.
Mis amigas no estaban eran zombis o trozos de hielo, no se movian, ni siquiera parapadeaban, sin previo aviso giraron con una sonrisa maléfica en los labios.
-¿Chicas?-sus ojos se posaron en mi, sus ojos, que siempre estaba felices y con colores llamativos, se habían vuelto blancos-.Yo..., tengo muchas cosas que hacer...adios-empecé a correr, no es que fuese muy rápida, pero eran zombis, se supone que no corren. Se supone, corrian a una velocidad de infarto, ya querrian los atletas correr así.-Chicas, ¡despertad!
Corrí y corrí, crucé medio pueblo sin aire, pero ellas estaban igual, y gracias a quye hubiese fiesta la gente estaba amontonada en el único sitio que no me pillaba de paso para ir al pantano. Había cruzado los caminos de piedra del pueblo, solo me quedaba el puente, el barrizal y el pequeño bosquecillo, para llegar al pantano. Era genial, no había ningún vecino, nadie, solo había coches sin dueño, pero que sepa no se conducir.
<<El móvil>>,pensé sacando el pequeño movil negro del bolsillo. Pensé en llamar a mis padres, pero pensarian que me había ido a una fiesta y estaría pedo.
Marqué el número de un "amigo."
-¿Iago?-pregunté intentando hacerme oir por encima del ruido de su teléfono.
-¿Hedera?, si tu nunca sales.
-Ya, pero me he enterado de que en el pantano hay una fiesta, ¿me llevas?
-¿Una fiesta?, ¿de quién?, de los frikis-eso no fue una pregunta.
-No, es de Soraya, ¿no lo sabias?, dice que va a ser bestial-el ruido de la música empezó a disminuir. Había que ser muy tonto para creerse que me habían invitado a ningún sitio.
-¿Dónde estás?-por fin oí el motorde su moto arrancando.
-En...-miré a todos los lados, no había parado de moverme, ¿dondé iba a estar en cinco minutos?-...estoy en el paseo-el paseo era perfecto, estaba cerca y era lo suficientemente largo para seguir allí.
-Voy para allá.
Seguí andando y corriendo, intentando localizar las dos sombras que antes eran mis amigas, no sabia donde estaban, pero sabia que me seguian.


Iago no tardó demasiado.
-Sube si quieres que te lleve-dudé, el era capaz de dejarme en una cuneta, vendería a su propia madre. De pronto un aire gélido y cortante paso por detrás de mi. Monté rápidamente.
Arrancó y dejo atrás el paseo en segundos.
-Date más prisa-le grité al ver como las dos sombras se movian más rápido.
-No puedo, además no va a pasar nada-dijo frenando. Algo araño la moto-.¡¿Qué has hecho?!
-Nada, pero corre-esta vez me hizo caso, subió la velocidad.
Estaba cagada, todo se veía con la pálida luz mortecina de las luces de la moto; los árboles chirriantes, que movian sus ramas sin ojas haciendolas crujir; y que mis amigas eran zombis que nos perseguian entre las ramas de los árboles.
Ya se veía el pantano entre los troncos de los árboles, lo que rodeaba al pantano parecía brillar con una luz azulada. Cruzamos la mortecina luz, aunque hubiera preferido no hacerlo, pero Iago no la veía.
Frenó la mota-.¿Y la fiesta?-no le dí tiempo a que me acorralada, ya que salí corriendo hacia el agua. Me metí en las frias aguas
-¡Ya está!-chillé mirando al cielo-.Estoy en el pantano, ¿qué se supone que tiene que pasar?-no recibia respuesta, estaba por dejarlo, pero algo me agarro de la cintura y me elevó por los aire. Giré la cabeza deseando que no fuera el chico pelirrojo, no no lo era, era esa tía-ave, sirena, arpía...Bueno eso no importaba, estaba volando.

domingo, 17 de octubre de 2010

Capítulo 5

 
Los dos día habían pasado con tranquilidad, demasiada para mi gusto.
Por fín era sabado, me iba a tirar todo el día durmiendo, pero sobre las siete de la mañana mi movil empezó a sonar.
-¿Qué coño quieres?-pregunté al ver que era Cira-.A esta hora la gente normal está durmiendo.
-Es que acabo de mirar el movil, he leído tu mensaje, y mi respuesta es, ¡si!-dijo a todo correr. Había hablado tan rápido que casi ni la entendía.
-Más despacio.
-He, leído, tu mensaje, y, mi, respuesta, es, si.
Me quedé pensando, yo no la había enviado ningún mensaje, además que mensaje le podría enviar
-No te he enviado ningún mensaje.
-Si, ayer a las doce de la noche.
-P...-suspiré, seguramente fuese otro ataque de locura-.¿Qué dije?
-Que esta noche ibas a ir a lo fuegos artificiales, y que si íbamos a ir, yo y Melisa.
No era tan mal plan, ya me había preocupado, pensaba que con mi locura fuese a robar en algún sitio.
-Vale, estonces, ¿dónde nos vemos?
-En la bocatería.
-Vale, ahora dejame dormir-colgué el teléfono.
Me tapé la cabeza con la almohada y cerré los ojos intentando dormir, pero por más que lo intentaba había algo que me reconcomía.
Me levanté y miré el calendario del movil, habian pasado dos días desde que dejé de oir voces, dos día que no tenía a nadie ordenandome que buscase piedras. Un momento dos días, era imposible, no podía salir de casa, pero ¿y si me encontraban?, pondría en peligro a mis padres. De pronto la puerta se abrió.
-¿Qué haces despierta?-preguntó mi madre con la ropa del trabajo.
-Nada-me apresuré a decir-.Mamá, ¿te he dicho que he quedado con Cira y con Melisa?
-Si, vinistes ayer por la noche a decirme que hoy quedabas. ¿Por?
-Por nada.-dije empujandola fuera de la habitación-.Pasatelo bien.
-Vale-salió de la habitación y yo cerré la puerta, no pensaba salir de mi habitación hasta que mis padres se fuesen. Al cabo de diez minutos la puerta de la calle sonó.
-Bien, ¿qué pasará esta noche?-dije mirando hacia el techo de mi habitación.
-Lo que tenga que pasar.
-Venga, no me vengas con el rollito misterio, ¿qué pasará?
-Te encontraremos.
-¿Quién? y ¿para qué?
-No es de tu incunvencia.
-¿Dónde tengo que ir?-con tal de que me diera la dirección para no hacercarme por ahí.
-Ve al pantano a las doce de la noche. Si no te escondes allí, él irá a por ti, y eso no es nada bueno.
-¿Al pantano?-estaba claro que no iba a pisar ese sitio en mucho tiempo y menos de noche.
-Ve-me ordenó.


Esa orden estuvo rondando por mi cabeza todo el día, había llegado la noche y todavía oia la voz de ese maldito viejo, apagada y firme, resonando en mi pobre cabeza.


Ya eran la once de la noche cuando salí de casa, paseé por las oscuras calles, si a eso se le podian decir calles, hasta llegar a centro del pueblo, un sitio amplio y luminoso. Me dirijí a la plaza, toda ella estaba decorada por luces y bamderas colgando de las farolas.
-Hola-chilló Melisa desde la bocatería. Toda la plaza giró hacia donde Melisa saludaba, que vergüenza, más de medio pueblo estaba en la plaza.
-Hola-dije muy bajito colocandome un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Ven, te estabamos esperando-dijo tirando de mi brazo hacia la mesa con Cira y la familia de Melisa, sus padres, su hermana y su hermano.
Me senté en la mesa del bar, La Tentación, ya habián pedido, siete hamburguesas.
Comimos rapidaménte
-Papá, mamá-dijo Melisa-.Teniamos pensado ir al parque de las afueras, para ver mejor los fuegos.
-¿A las afueras del pueblo?-no creía que nos dejaran, pero debía intentarlo.-Vale, pero llevate el movil.
-Gracias-gritamos las tres.
Las tres nos levantamos y salimos corriendo hacia el parque.
Tardamos unos diez minutos en llegar al viejo parque, todos los columpios eran de madera y de metal chirriante.
-Ya han empezado-dijoCira gritando por el estruendo de los cohetes.
-Entonces son las doce-dije mirando a todos los lados.
Pasaron cuatro minutos y todos los cohetes pararon dejando todo el parque lleno de humo. Entre el humo apareció una silueta que se hacercaba.
-Creo que deberiamos irnos-dije preocupada, al ver como alguien venia por esos caminos tan solitarios.
-¿Por qué?, es solo un chico-dijo Cira señalando a un chico pelirrojo que venía en nuestra dirección.
El chico se acercó y se paró ante nosotras.
-Buenas noches-dijo saliendo a la luz de una farola. Era un chico pelirrojo, con los ojos amarillos.
-Bu...buenas-dije intentando sacarme el nudo de la garganta.
Cira y Melisa parecian congeladas, mejor dicho todo estaba congelado, excepto nosotros dos.
-Deberias haber ido al pantano-dijo sonriente. Me levanté rapidaménte del columpio-.Tranquila tienes diez segundos-Empecé a correr se gún oí su propuesta-.Uno...,dos...,tres...-dejé de oirle, ahora solo tenía oidos para los gritos de mis dos mejores amigas.
-Corred-chillé con todad mis fuerzas.
-Diez-oí como el chico gritaba. Giré la cabeza para verle, pero en su lugar vi una luz cegadora, como la de un rayo, se acercaba peligrosamente hacia mi, de pronto el chico estaba en frente de mi.

viernes, 1 de octubre de 2010

Capítulo 4

Crucé los angostos pasillos del insti y llegué a una pequeña habitación con las paredes a cuadros blancos y negros, una pequña camilla blanca, todos los muebles eran blancos y había un fuerte olor a desinfectante.
-Buenos días-le dije a la enfermera, una mujer rechoncha, baja y con un horrible traje verde.
-Hola, ¿qué querias?-preguntó mientras terminaba de limarse las uñas.
-No me encuentro bien-de lógica, se llama enfermería, si vas no te tienes que encontrar tan bien.
-¿Qué te pasa?
Me quedé en blanco, y ahora que decía, no le iba a decir que me había vuelto loca.
-Bueno..., me duelen los oídos y...-tenía que pensar en algo más, con eso no me mandarian a casa-...creo que tengo fiebre.
La enfermera me puso la mano sobre la frente.
-No, no tienes fiebre.
-De verdad, no me encuentro bien-dije deseando que se lo creyera.
-Será mejor que te vallas a casa, puede ser un virus.
Bajé los dos pisos que me separaban de mi libertad y salí de esa carcel disimulada con barrotes de colores y de nombre instituto.
Llegué a mi casa sin aliento.
-Hola-dije esperando no oir la voz de mis madre. Nadie contestó-.Genial, es hora de investigar-dije entrando en el amplio comedor.
Abrí los cajones a ras de suelo, allí estaban todas las fotos familiares, cogí el que ponía mis apellidos, Helix Bilom.
Ojeé cada hoja, cada foto, pero no había ninguna en la que yo fuese menor de tres años.
-Es imposible, por muy ocupados que estuviesen, alguna foto habría.
Abrí los demás álbunes, observé cada foto, tampoco, pero lo más extraño no era eso, en mi familia no había nadie que se pareciese a mi, mi madre, rubia con ojos azules; mi padre, pelirrojo con ojos verdes;mi tío, rubio con ojos marrones...En conclusión, nadie se parecía a mi, morena de ojos rojos.
<<Lo sabes, sabes que no eres como ellos>>,esta vez no era la voz de una mujer, era la de un hombre, pero parecía más la de un anciano.
-¿Quién...qué se supone que eres?-grité haciendo que el eco me delvolviera mis palabras. Sabía que la voz me oiría gritase o no, pero necesitaba desahogarme.
<<Dentro de dos días lo sabras>>
-¿Y si no quiero?-pregunte desafiante.
<<Te enteraras>>,la voz dejó de sonar en mi cabeza, mientras la puerta se abría.
-Hedera,¿qué haces aquí?-preguntó mi madre.
-Me encontaba mal, pero ese no es el caso ahora-dije intentando cambiar de tema-.Tenemos que hablar.
-¿De qué?-preguntó mi madre mirando las fotos tiradas sobre el sillón.
-Creo que ya lo sabes.
-Hedera, por favor, ya hemos hablado de eso.
-No, solo has dicho que no te parecía importante tener fotos, pero resulta que has cambiado de idea.
-Hija, solo fue una tontería.
-Ya, tontería, pero de donde he sacado yo este aspecto.
-De un familiar lejano-mi madre estaba a punto de derrumbarse. La miré fijamente, no me iba a ir de allí hasta que me lo dijera-.Lo siento, siento haberte mentido durante todos estos años-me quedé blanca. Todas mis sospechas eran ciertas.
-¿De...dónde vengo?
-No lo sé, un hombre,bastante mayor, nos abordó cerca de la universidad, nos dijo que sabia lo que queriamos y que lo tenía, nos mostró a una pequña de dos años, que nos miraba con unos grandes ojos rojos, nos dijo que no había nada que dijese que estabas en el mundo, asi que decidimos traerte aquí y darte una identidad, pero conservamos tu nombre original.
-¿Estás bien?
Asentí intentando ordenar toda la información en mi cerebro.
-¿Quiénes son mis padres?-me pregunté en un murmullo.
<<Yo, pequeña Hedera>>,la voz de la mujer sonó en mi cabeza.