Dio un tirón seco a mi brazo, haciendo que mis pies tropezasen con ellos mismos. Tiré intentando soltarme, me había atrapado, pero no iría con él tan facilmente.
-Te recomiendo que te comportes, porque a mi amigo Rodny no le hace mucha gracia-me reí, lo único que se me paso por la cabeza fue un perro, y vieniendo de él, me lo imaginaba huesudo y sucio. Pero todo ese buen humor desapareció cuando el suelo empezó a temblar bajo nuestros pies, y no era un terremotó, eran pasos y se estaban acercando.
En ese momento empecé a rezar para que ningún moustro apareciese entre los edificios.
Los golpes empezaron a crecer, de la potencia nos levantabamos unos centímetros del suelo. Eso ya no tenía gracia, y la tuvo aun menos cuando el temblor cesó y un pie sucio, gigantesco, y con las uñas amarillas con cosa verdes, apareció a mi lado. ¡Dios!, que el tobillo me llagaba a mi por la cabeza.
Subí poco a poco la cabeza , con los ojos abiertos como platos, mirando quien era el pequñín llamdo Rodny.
Un ciclope gigantesco, sonreía grotescamente dejando ver sus afilados colmillosque le sobresalian de sus fauces.
-Hola-dijo el ciclope con voz grutual, aunque parecía un niño pequeño cuando se presenta a alguién.
-Rodny, esta es Hedera, la niña que va a jugar contigo-dijo mirandome con sorna.-Hedera, este es Rodny, os lo vais a pasar muy bien.
Todo lo decía con parsimonia, como si lo que tuviesemos sobre nuestras cabezas no fuese un troll de un solo ojo y además de eso, sumale que medía más de diez metros.
Lo que no me explicaba como que nadie podía verle, no había nadie por la calle, vale, pero, ¿y desde las ventanas?
-¿Vendrás ahora?-preguntó chascando la lengua. Su ridícula voz me saco de mis pensamientos.
Miré hacia atrás buscando una salida, incluso el ejercito de moustruitos pesados o que le cayese un rayo encima, algo que ocurriese algo.
-Rodny, ¿haces los honores?-dijo alrgando el brazo hacia mi. El ciclope respondió alargando el brazo y apretando su mano a mi alrededor.
Empezó a subirme lentamente.
-Solo quermos un poco de información-le miré y vi como sonreía con saña.
-¿Qué tipo de información?-dije clavando las uñas en la mano del ciclope, este parecía no sentirlo, tenía la piel demasiado gruesa.
-Información, da igual de que tipo...-era exasperante. El se reía a carcajadas y yo ahí intentando controlarme para no ser aplastada y que hiciera zumo de Hedera.
-¿Qué información?-dije al borde de decir alguna burrada.
-Algo muy sencillo-una voz femenina sonó a mi espalda.
Giré el cuello cuanto pude, pero lo único que pude ver fue una mano pálida, casi grisacea, con unas uñas pintadas de verde fosforito.
-Rodny-el ciclope pareció desconectarse, cerró los ojos.-Suéltala-la voz era dulce, pero firme a la vez, como si el ciclope fuese en realidad un perro.
Ni siquiera parpadeó, solo asintió imperciptiblemente y abrió la mano sobre su propio hombro.
Me giré rápidamente para encararla, pero lo único que habia allí era una mujer sonriente, subida sobre una pequeña plataforma hecha sobre el hombro del ciclope.
Su pelo castaño se le ensortijaba sobre la cara, haciendoles parecer serpientes. Llevaba una ropa en tonos marrones y muy ancha, pero lo que más me llamó la atención fue que llevaba unas grandes gafas redondas de sol que la tapaban media cara. Extendió su mano y me sonrio con ¿dulzura?, tantas emociones me debian haber sentado mal.
Dudé en coger su mano, estaba demasiado dentro de la plataforma, ella podría tirarme al suelo, pero yo a ella no.
-Ven, no te haremos daño-que graciosa que era, era como si en realidad dijese: ven que solo te vamos a torturar hasta que hables.
Mire su mano con desconfianza y asco. Ella dio dos pasos hasta estar en el borde de la plataforma.
Rocé su mano con los dedos, y una sensación ya conocida me atravesó. Su piel estaba fría y escamosa.
Cogí su mano con fuerza, dispuesta a tirar de ella, pero algo en mi interior me dijo que no debía, y sin darme cuenta me había subido a la plataforma.
-Rodny, a casa-dijo dando una palmada en el aire. Se giró hasta darme la espalda.-¿Qué tal estan todos por allí?
-Bien-susurré de forma inaudible.
-¿Y Khass?-su voz tembló.-¿Está bien?, ¿que poderes ha obtenido en estos años?-¿a qué venía esa obsesión por Khass?
