sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 10

¡Increible!, un chico hijo de una gorgona, una piedra que desaparece y yo..., bueno yo seguía igual de rarita.
-Iremos a hablar con Yukon-otro más, ¿quién era, esta vez?, el mounsto del pantano. Le mire advirtiendole, ¡bingo!, pereció entendeder que si no me decía donde ibamos no iba a ir a ningún lado-.El viejo-dijo tirando de mi brazo.
Fui detrás de él todo el camino, el pasillo iba pasando, parecía no tener fin. No lo entendía la catedral era pequeña y por lo que llegaba a ver mi vista, el pasillo era demasiado grande. Seguí dandole vueltas a esas estúpidas preguntas que me comian el coco, ¿quiénes eran estos tipos?, ¿dónde había ido la piedra?, ¿qué querian?...de pronto me di un golpe contra Khass.
-Ten más cuidado-dijo dadose la vuelta y mirandome como si me estuviera perdonando la vida.
-Lo siento-dije de mala gana.
-Quedate aquí-dijo entre dientes mientras me soltaba la mano.
Vi como se adentraba en la gran habitación, dejandome sola. Si pensaba que le iba a ahacer caso, iba listo.
Me acerqué lenta y silenciomente a la puerta y me asomé, el viejo estaba sentado en la gran cama, parecía lamentarse por algo y Khass estaba de pie,tenso y apretandose los puños.
-Pero...¿cómo?, eso no debería haber sucedido-el viejo se frotaba la cara, como si se la intentara limpiar.
-Lo se señor, yo no pretendía...la absorvió sola.
-Lo sé, pero ahora corre peligro, debe quedarse aquí.
-Pero Él no se enterará, nunca sabrá que su cuerpo a absorvido la piedra, podemos dejarla en su hogar.
-¡No!, el espíritu de su madre nos perseguiría.-dijo alzando su rostro.
Me estremecí soltando un bufido, mi cabeza desconectó. Era imposible, había hablado con ella unos días antes.
Khass se giró de pronto dejando su mirada fija en la mía.
-¡Fuera!-me gritó, debía haberme oído.
-Un momento-dijo el viejo haciendo que me detuviera-.Ven.-me ordenó levantandose de la cama.
Me acerqué con cuidado, tenía que estar alerta, no sabia que querian de mi, ni siquera quienes eran. Pasé al lado de Khass, el cual me envió una mirada llena de odio.
-Eres identica a ella-dijo el viejo acercándose a mi. Parecía estar muy emocionado,sus ojos estaban llorosos y en su cara había aparecido una sonrisa-.Teneis el mismo pelo, la misma sonrisa, idudablemente eres su hija-de pronto fijo la mirada en mis ojos y su expresió cambió al instante al asco-.Y esos ojos, esos malditos ojos, los que me dieron ganas de arrancar cuando te ví por primera vez-estaba asustada y eso se notaba. Me empecé a echar hacia atrás hasta chocarme con Khass, como no, siempre en medio-.No te preocupes, no te odio a ti, solo a tu padre-dijo sonriente, dandose la vuelta y mirando por el gran ventanal que había detrás de la cama.-Como ya sabes te quedaras aquí, habiamos pensado llevarte a tu casa si nos devolvias el colgante, pero tu cuerpo a absorvído lo que contenía la piedra, asi que te quedaras aquí.
-Os la devolveré-grité al pensar que me tendría que quedar allí.
-¿Cómo?, solo tu madre puede hacer eso.
-Pero acabas de decir que está muerta.
-Tecnicamente no-dijo la estúpida voz de Khass a mi espalda.
-No hay un tecnicamente para eso, o se muere o se está vivo-le contesté intentando mantener mi mano quieta, pero faltaba poco para que mi puño se cerrara y se impulsara contra algún estómago.
-No-dijo el viejo-.Tu madre dio la vida por salvarnos, pero solo dio su cuerpo, por así decirlo el alma de tu madre está encerrada en esa roca, y ahora esa roca se a absorvido a tu cuerpo.
-¿Por?
-Por que tu madre selló todos tus poderes con ella, y eso reconoció tu energía.
-Entonces, tengo poderes, me puedo defender yo solita-dije intentando hacer caso omiso a lo de los poderes.
-Tecnicamente si-dijo Khass. Mi puño se dirijió hacia su estomago, pero el lo detuvo-.Solo tienes parte de tus poderes, todavía podrias transformarte-dijo retorciendo mi muñeca-.Ahora te estaras quietecita ¿entendido?-asentí y el soltó mi dolorida muñeca.
-Ahora dejemos una cosa clara-dije alejandome lo más lejos de Khass-.¿Qué soy?, y no quiero tecnicamentes, ¿vale?
-Bueno, eres otra criatura itológica-dijo el viejo. Que gracioso, eso lo sabia.-Tu cuerpo suele tener escamas azules o verdes...-me estaba temiendo lo peor, un familiar de Khass, una srpiente. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-No te preocupes-dijo Khass con una sonrisa-.Si hubiese sido algo mio, no habrias llegado viva-¿cómo...?, daba igual.
-Bueno, seguramente no sepas lo que son, asi que es una tontería decirte nada...
-¿Qué soy?-dije intentando parecer calmada.
-Una Ondina-mi cara debió ser una interrogación total-.Una ninfa de agua dulce.
Solo eso, me esperaba algo más, un fenix, un dragon, una arpía... pero eso, eso no podía hacer nada más que cuidar marineros, que decepción
-Y solo por ser una estúpida ninfa, corro peligro.
-No le has dejado terminar-dijo Khass, sonriente por mi expresión.
-Bueno, también eres...una salamandra...-un jarro de agua fría cayó sobre mi-...de fuego,una Shallones, un espíritu elemental del fuego-eso estaba mejor, algo poderoso. Una sonrisa apareció en mi cara.
-Yo no estaría tan feliz, si supiera de donde provienen esos poderes-dejo Khass sonriente.
-Sigo sin entenderlo, ¿por que corro peligro?
-Porque en esa piedra hay algo más.
-¿El qué?
-Todavía no debes saberlo-dijo mientras se daba la vuelta y salía por la puerta-.Khass, llevala con Ninn a su habitación.
Salimos de la habitación. Estaba deseando llegar a la habitación de Ninn y tumbarme en una cama, tanto ir pasillo arriba, pasillo abajo me tenía hasta las narices.
Silencio, solo había silencio.
-¿Por qué el pasillo es tan largo?-pregunté intentando romper el hielo.
-Porque no es un pasillo, es una dimensión,ya que somos muchos y en la catedral habita gente, pero es lo suficientemente tranquila para poder entrar por una pared sin que se entere nadie.
-Una dimesión alternativa por asi decirlo, ¿no?-asintió.
El silencio era sepulcral y un poco incomodo, nunca me había parecido incomodo el silencio.
-Que sepas que hay leyendas en las que las Ondinas matan marineros.
-Ya, y yo voy y me lo creo-dije riendo sarcásticamente-.Además, las salamandras controlan el fuego...
-Los rayos...-dijo sonriente, como si me quisiese decir algo.
Seguimos en silencio, mientras yo seguía dandole vueltas a lo que me había dicho, había algo, él había sugerido algo.
-Ya hemos llegado, será mejor que descanses-dijo llamando a la puerta con delicadeza.
-Hola-dijo con una cara de cabreo que no podía con ella.
-Hola-dijo Khass levantando la cabeza-.Te la dejo aquí, procura que descanse-asintió. Yo alucinaba, parecía una muñeca a la que llevas debajo del brazo y cuando te cansas se la dejas a tu vecino.
Khass se fue alejando por el pasillo, cada vez más rápido. Una leve tosecita improvisada me sacó de mis pensamientos. Me giré y allí estaba Ninn, despeinada, con ojeras, y con el ceño fruncido.
-Entra-me dijo forzando una sonrisa. Entre con miedo de no volver a salir. Cerró la puerta, y chasqueó la lengua-.Te dije que no entraras alló, me he tenido que tirar todo el día aguantando la charla de Yukon.
-¿Lo siento?-dije cerrando los ojos como si fuese a recibir un golpe.
-La vida aquí te va a ser muy dura-dije sonriendo macabramente-.Ahora descansa.
Me tumbé en una de las dos camas y me dormí.
Miles de imagenes pasaban continuamente por mi cabeza.
El chico pelirrojo con ojos amarillos, fuego, rayos, la foto que aparecía con el nombre de Él, todo era una línea continua, hasta que desperté gritando.

Ya sabía lo que quería decir Khass, el pelirrojo era una salamandra, podía ser de mi familia, no todo menos eso.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Capitulo 9

-¿Qué contiene?
-Nada que te intererse ya.
-¿Cómo que ya?-entonces era verdad, estaba muerta, ¡pero el me veia!
-Ya no te interesa, además creo que es hora de que te vayas para siempre.
-¡¿Dónde estoy muerta?!-pregunté asustada. No tenía ganas de desaparecer, la verdad no tenía ganas de seguir hablando con ese viejo. Me fui alejando lentamente hasta chocar contra una pared
-¿Muerta?-se empezó a reir-.El veneno solo te dejo incosciente, pero no olvidaste lo que pasó y todo esto debe desaparecer.
-Ya...-me acerqué lo máximo posible a la puerta.
-Tranquila, no te dolera, solo sentiras una pequeña intrusión en tu mente, ¿a que si Khass?-un chico moreno apareció tras el. Era joven, unos diecisiete, alto y con el pelo sobre los ojos de color blanco. Iba con una camiseta verde y unos pantalones vaqueros negros.
-Claro-dijo levantando la cabeza, parecía querer oler el aire-.Como cosquillas en el cerebro-sonrió y dejó ver unos impecables colmillos.
-No es lo que más me apetece, de verdad.
-No es que te apetezca-dijo el chico. Sin esperar respuestas se abalanzó sobre mi, o más bien donde pensaba que estaba, porque se lanzó sobre donde había estado antes, frente al espejo.
-¡Mierda!, ¿como se ha podido mover tan rápido?
-Khass, no se ha movido rápido, solo que su energía es debil.
-¡Pero nunca había fallado!-gritó intentando encontrarme. ¡No veia!, sus ojos, por eso eran blancos, era ciego.
-Cálmate, lo puedes hacer desde lejos.
-Si-sonaba cabreado, le había dolido haber fallafo.
-¿Qué quereis hacer?-pregunté al borde de un ataque de nervios.
-No debes saber nada de este sitio, ni de nosotros, ya no tienes nada de que preocuparte, no tienes el colgante.
-Si, esa mujer me dijo que no callese en malas manos, y creo que se refería a vosotros.
-¡¿Qué?!, tu madre confiaba en nosotros-dijo el anciano.
-Sobre todo-dije acercandome al anciano-.Dame el colgante y no te pasará nada.
-Toma-¡¿cómo?!, se estaba rindiendo, me estaba dando el colgante.
Lo cogí y me alejé del anciano que tenía una sonrisa de oreja a oreja. Salí por la puerta triunfante, no me podía creer que todo hubiese sido tan fácil. Paseé por os pasillos solitarios intentando encontrar la habitación de Ninn, pero todas las puertas eran iguales, parecía estar en un laberinto de piedras y de puertas azules. Lo único que me acompañaba era el sonido de unos cascabeles, lo atribuí al colgante, pero nunca había sonado así.
Miré hacia atrás para ver que el viejo no me seguía. No, no había nada, delante tampoco, me he visto demasiadas pelis de miedo como para no mirar en el techo, tampoco, ¿quien estaba haciendo ese maldito ruido? Dios, siempre he odiado esa sensación, sientes que te vigilan te das la vuelta y no hay nadie.
Esa sensación no se iba y cada vez el sonido estaba más cerca, esto es un tópico pero empecé a ir más deprisa.
-¿Por qué huyes?-era la voz del chico-.¿Tanto temes enfrentarte con una persona que ni siquiera te puede ver?-era verdad, ¿por qué corria?, no me podía ver. Paré y empecé a ir más despacio-.Mal hecho-dijo el chico, mientras algo escamoso me levantaba del suelo y me dejaba boca abajo.
¡Era el!, pero no tenía piernas, era una cola de serpiente, fría, viscosa y escamada.
Asco, miedo, rechazo, podría seguir diciendo palabras hacia mi fobia sobre las serpientes, pero mirandolo así el no era del todo una serpiente, solo media.
-Suéltame, me estaré quieta-le pedí intentando dejar de llorar. Pataleé contra el, me daba igual que me borrase los todos los recuerdos, pero que me soltara.
-Ha sido buena idea la del viejo, darte el colgante eso haría que tu energía subiese-estaba pasando de mi, era como si fuera invisible, ¡la leche!-Ni si quiera te has dado cuenta de que tu marca lleva brillando todo el trayecto y que tu temperatura a bajado.
-¡Que me sueltes!
-¿Por qué debería?
-Por que yo tengo ese preciado colgante, que tanto quereis.
-No por mucho tiempo-dijo tirando de la pequeña cadena e mi cuello-.¿Dónde está?-preguntó enseñandome la cadena sin colgante.
-No está hay-dije sonriendo mientras apretaba el colgante el la mano intentando que no se callera-.Si me sueltas te lo podría decir, aunque sea dame la vuelta.
-Si no me lo das, te voy a soltar y te vas a abrir la cabeza-dijo haciendo una sonrisa forzada, parecía que iba a estallar, tenía la cara roja y los labios apretados-.Dime-dijo levantandome un poco más.
-Suéltame-le advertí.
El obedeció, me posó sobre el suelo y se quedó observando mi mano.
-Abre la mano-como lo había visto, el era...¿ciego?
Abrí las dos manos, pero no había nada, ¿dónde había ido?, si todavía seguía sintiendo el frío de la piedra. El cogió mi mano y empezó a coger donde se suponía que estaba la piedra.
-Mierda, es demasiado tarde, ahora ya no te podrás ir.
Me empezó a picar el cuello, me arrasqué, el picor se iba aumentando, hasta llegar al dolor, en segundos el cuello me palpitaba.
-Te lo has buscado, si nos hubieses dado tu collar, no te dolería.
-¿Por qué me duele?-pregunté sin dejar de mantener la mano en el cuello.
-Porque se supone que esa piedra mantenía tus poderes encerrados,al despertalos así de pronto tu cuerpo no lo ha sabido asimilar, si nos la hubieses dado esto no habría pasado, en este momento tu estarias en la cama sin recordar nada,pero no... la señorita tuvo que joderme el día.
-Lo siento, pero que unos mounstros mitológicos me secuestren no es lo más mormal, digo yo.
-Si lo que quieras, pero enseñame tu marca-así lo hice, bajé la cabeza y le enseñé la nuca.
-Normal, el medio cículo de agua está palpitando, y esperate que todavía no has encontrado las otras piedras.
-¿Otras piedras...?
-No he dicho nada, no hagas caso a este pobre ciego.
¿Ciego?, ha visto detalles que ni yo he visto.
-Tu no eres ciego.
-En teoría si.
-¿Teoría?-había una teoría para eso, la leche.
-Puedo ver el calor, como las serpientes-un escalofrío recorrió mi espalda-.Es lo que tiene ser hijo de Euríale-mi cara devió formar una interrogación-.Una de las tres gorgonas.
-¿Tu padre?
-Creo que un humano, pero no lo se mi madre lleva muchos años viva, desde la creación.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo 8

Había miles de papeles por ver, miles de secretos por descubrir.
Los papeles amarillentos se acumulaban entre las grandes estanterias.
Todo colocado, excepto una carpeta azul distinta a las demás, la cogí no pesaba demasiado, parecía que no hubiesen recaudado demasiada información. La curiosidad me estaba destrozando, era imposible que todas las arpetas estuviesen cubiertas de polvo, corroidas y amarillentas, excepto esa. La abrí, era extraño, solohabía una imagen, incluso de mi tenian unas frases, pero aquí solo había una imagen, un hombre; y una palabra, Él.
Dejé la carpeta sobre la mesa, había algo que no entendía, si esa habitación estaba prohibida, ¿por qué estaba abierta?, además, ¿por qué habia documentos tan importantes fuera?. Algo frío recorrió mis pies, haciendo que dejase mis cavilaciones para después.
-¿Nadie...te ha...dicho...que no entresss...aquí?-una voz en la otra punta de la habitación me sobresaltó. No era una voz humna, parecía un siseo, o como si le faltase el aire.
-¿Linn?-pregunte deseando que fuera ella. Conocía suficiente de mitología como para saber que si me encontraba con alguien desconocido la cagaba.
-Prueba de nuevo-cada vez estaba más cerca.
Intentaba observar en la oscuridad, ver una sombra, un movimiento, algo, pero lo único que veía eran dos puntos blancos que parecian imnotizarme.
De pronto, algo ató mi cintura y se empezó a enroscar en por mi cuerpo.
-Socorro-dije en un susurro, creo qu ni siquiera lo dije, solo lo pensé.
Todo se empezaba a emborronar, los dos puntos empezaron a difuminarse, y de pronto todo era oscuridad, esa oscuridad en la que nadie se quiere ver envuelto, la muerte.


Todo era ocuro, no había nada ni sombras, ni luces, un momento algo se hacercaba.
<<¡Una luz!, ¿una luz?, entonces es verdad estoy muerta>>, mi propio pensamiento me sonaba raro, pastoso, era como si estuviese colapsado.
La luz se hacia cada vez más intensa y brillante, se acercó demasiado y me engulló, dejandome ver lo que había detrás de ella, un techo de madera con una gran cúpula de grandes ventanales, es medio de esta había una lampara de cristal que caía en espiral.
-¿Dónde...?-¡había hablado!, era imposible, al menos que todo lo que decian esos libros que había leído fuesen ciertos, todo eso del cielo y el infierno.
Moví mis dedos, quería saber si aun me podía controlar, o era solo una sensación después de estar muerta. Perfecto, se movian, eso quería decir que todavía controlaba mi cuerpo.
Me levanté sacando fuerzas de donde podía y observé la habitación. Una habitación completa de madera y una alfombra redonda y roja en medio de la habitación. No había muchos muebles para ser tan grande la habitación, un armario blanco con detalles marrones, una cama y un espejo de pie redondo.
Debía de estar viva, si estuviera muerta no sentiría ningún tipo de dolor, y la verdad andar ya me costaba lo suyo.
Me observé en el espejo buscando alguna señal, lo único extraño era las vendas de mis brazos. Las quité con cuidado, allí habian dos puntos negros y en un moreton morado, y lo demás estaba lleno de marcas rojas. No, había algo más, en mi cuello ya no estaba la pequeña piedra azul.
Observé en los bolsillos de mi pantalón, en la mesilla y el armario, pero nada.
-¿Buscas estó?-dijó la voz del anciano en la puerta. Tenía mi collar en la mano.
-¿Qué hace con mi colgante?-pregunté intentando estar calmada.
-Nada, solo creo que debe destruirse, creo que ya vistes ayer porque.
-¡¿Qué?!, no, yo no vi nada de eso.
-No ¿eh?, el que te vio ayer no dijo la mismo.
Me dí por vencida.
-Entré, pero no vi mi colgante, solo un hombre, un poco siniestro la verdad, pero nada más.
-Ese hombre tenía una pieza de este colgante, y hay que procurar que no consiga más o sino...-se quedo callado dando a entender el bonito final que tendriamos, todos muertos.
-Pero mi madre dijo que lo protegiese.
-¿Y si te lo roban?, con los que nos enfrentamos serian capaces de cortarte el cuello con tal de darselo a Él.
-¿Para qué?, es solo una piedra.
-Solo una piedra, pero contiene las dos cosas más preciadas para Él.