domingo, 30 de octubre de 2011

Capítulo 17

Las últimas palabras salieron de mis labios, sin ganas. Había hablado horas con ese ser despreciable que solo asentía y sonreía de una manera embaucadora, bueno, embaucadora que se diga...Parecía haberse tragado todo, sin cumplir su amenaza.
Cuando terminé de hablar se acercó en dos pasos y posó su mano sobre mi hombro.
-Ahora, tu y yo quedaremos en esto-miré su mano y sus ojos alternativamente y suspiré. No tenía elección.-Vas a olvidar todo lo que ha pasado hasta aquí y las palabras que oirás en esta habitación serán lo único que te interesen-asentí sin ganas, sabiendo que por mucho que dijese seguiría sin creer a un ser tan despreciable.
Sus ojos brillaban con astucia como si supiese en lo que estaba pensando.
-Todo lo que has visto, te han contado o has oído...-tomó una pausa dramática-¡es mentira!-exclamó golpeando el aire con la mano.-Nosotros no somos tan asquerosos como crees que somos, ni siquiera somo los malos de esta película. Nosotros queremos que el mundo nos comprenda, poder vivir con los humanos mientras ellos saben nuestro secreto. En cambio, esos traidores, solo desean esconder nuestro modo de vida, solo desean destruirnos, destruir a tu madre con esa maldita piedra-su tono de voz se iba haciendo más lúgubre cada vez.
-Ya-susurré apartando el hombro como pude de su agarre.-Eso explica a esa gente de ahí fuera.
Su expresión cambió a una sonrisa macabra.
-Esos...ellos no importan ene este momento-intentó moderar la manera en la que estaba hablando, pero su voz seguía estando decorada con un leve tintineo de oscuridad.-Lo que te quiero dar a entender es que nosotros luchamos por una causa justa, la de poder vivir en paz, ellos solo quieren ser los únicos que controlen este mundo. Tus padres se revelaron ante ellos, por eso se unieron a mi-sabía donde tenía que apuntar para que me doliese, lo sabía demasiado bien. Sabía que si metía a mi madre entre todo ese barullo me desconcertaría. Pero esta vez no, esta vez seria más inteligente que él.
-Tus padres, eran buena gente, que lastima que a tu madre hiciese esa estupidez, esa pequeña tontería que le costó su vida. Después de eso tu padre se volvió loco. Nos traicionó, para que esos traidores-escupió la palabra-le encarcelasen hasta el final de su vida. Fue una pena-susurró la última frase negando con la cabeza como si de verdad lo sintiese.-Seguramente eso no te lo contaron, pero lo que le sucedió a tu madre fue culpa suya, la convencieron de que nosotros solo queríamos destruir a los humanos, ella les creyó, pero lo que en realidad querían era apresarla, al igual que tu padre. Sin ninguno de los dos, el viejo tendría a otro integrante mestizo, alguien que se pudiese introducir en las filas del enemigo, pero...tu madre le rogó antes de ser encerrada que te llevasen con una familia humana-todo parecía estar de acuerdo con la historia que ya sabía.
-¿Adivinas lo que paso?-susurró sonriente.
Negué intentando no creerme ninguna de sus palabras.
-El fue el que envió a esas pequeñas y juguetonas bestias que te hundieron en el lago, pretendían llevarte hasta el pero lo calcularon mal, al igual que todo lo anterior. Parece que encontraron a alguien difícil de roer-me sumí en mis pensamientos. mirándolo bien, por que me habían atacado, y por qué la de la piedra, y lo de hablar conmigo...Todo eso tenía algo que no me llegaba a gustar.
El roce de su mano sobre mi hombro me sobresaltó.
-Creerme, no has sido la única, a ese chico...¿cómo se llama?...¿Khad?-me preguntó con la mirada turbia.
-Khass-susurré sin poder creerlo.
-Si, su madre se unió a ellos por el mismo motivo que tu madre y descubrió que eran crueles, déspotas y que querían estar por encima de todos nosotros. Huyó, pero fue demasiado tarde para el niño-asentí dudando.
El parecía saber que si seguía hablando de ese modo toda mi cabeza se convertiría en un volcán en erupción.
-Ahora, si no te molesta, debo retirarme-susurró acercándose a la puerta y haciendome un gesto para que pasase delante de él. Me levanté de la silla y salí por la puerta. Me siguió y cerró la puerta detrás suya, la cual crujió de manera ensordecedora.
Lissie seguía allí esperando con una sonrisa de niña buena en los labios, y como si fuese el perrito faldero de ese tío, se levantó y fue corriendo hacia él.
-Señor-casi chilló.-¿Necesita algo?-el hombre asintió y me miró como si de una carga se tratase.
-Que descanse, y dile...-la miró como intuyendo que la liaría.-No, mejor no digas nada.
El hombre desapareció por el portal dejándonos allí solas en medio del silencio.
-Sígueme-susurró de mala gana. La seguí atravesando rincones, escaleras y pasillo, unos detrás de otros. Por las ventanas ya empezaba a entrar claridad. Ninguna de las dos parecía dispuesta ha hablar, hasta que rompí el silencio.
-¿Qué empresa lleváis a cabo en este sitio?-pregunté intentando sacar algo de información a la que menos barreras parecía tener.
-La igualdad entre los...-lo pensó-...humanos y nosotros-asentí. Todos parecían estar de acuerdo en el mismo punto, como si les hubiesen enseñado a dedillo la lección.
-¿Y toda esa lucha entre los dos bandos?
-No es nada. Ellos no quieren descubrir nuestros poderes naturales-bufé con resignación.
-¿Y que pasa entre Euríale y el señor?-pregunté sabiendo que eso la obligaría a reaccionar.
-Nada-se giró bruscamente.-Solo fue un encaprichamiento del señor, ahora no es nada-susurró continuando su camino. Sus ojos parecian haberse vuelto hielo cuando me miró.
-Eso no es lo que parecía antes-susurré con una sonrisilla en los labios. Era divertido, muy divertido, parecía que fuese a echar humo por las orejas de un momento a otro.
-Desde que a su hijo Kassh le secuestraron los otros, no ha habido más, ¿me entiendes?-la temperatura de la habitación bajó precipitadamente. Asentí sin poder creerme todo lo que había descubierto. Kassh era hijo de "el gran y todopoderoso" señor. Según todo eso, había sido secuestrado, mi madre se arrepentía de haberse unido a la banda del viejo, mi padre se había vuelto loca y ahora tenía a dos civilizaciones de distintas ideas enfrentadas por una piedra que se supone nos daría la salvación, o nos la quitaría. Todo era demasiado extraño.
-Ya hemos llegado-me miró, o por lo menos yo sentí esa mirada suya llena de odio y hielo. Asentí forzando una sonrisa.
Un colchón de paja y una ventana llena de escarcha me esperaban. Lissie se acercó al colchó y sen tumbó sobre el.
-Puedes dormir en el suelo-susurró dándose la vuelta.
<<Repípi celosa>>, pensé mientras me apoyaba debajo de la ventana. En esa habitación hacía demasiado frío, más que en el resto. Incluso había escarcha en la ventana.
Como pude me acurruqué sobre mi misma cruzando las piernas y rodeándolas con los brazos. Cerré los ojos y poco a poco todo se volvió oscuro a medida que el tiempo pasaba.

Los árboles me golpeaban, y la humedad se sentía en cada poro de mi piel. Alguien me estaba dando la mano, alguien muy familiar.
-Mamá-dije mirándola. Dirigió una mirada esperanzada con unos ojos azules acuosos.-¿Dónde vamos?, ¿y papá?-intentaba dejar de moverme, pero mi madre tiraba de mis manitas de niña con facilidad.
-Vamos a ir a ver a un amigo-susurró.-Papá vendrá más tarde-veía como las lágrimas escapaban de sus ojos.
El paisaje parecía siempre el mismo, los árboles me cegaban y las ramas se enganchaban al bajo de mis pantalones. De pronto mi madre se detuvo tirando de mi mano.
-Hedera, cariño, quedate aquí. Ahora vuelvo-susurró dejandome allí en medio del bosque, mientras ella se alejaba hacia una zona hundida en el terreno.
No tardaría más de diez minutos cuando de la nada salió con un niño entre sus brazos. La miré sin comprender, el niño que llevaba en brazos me resultaba familiar.
Llegó a mi lado y sin esperar más, volvió a coger mi mano y tiró, ahora con más rapidez, de ella. La seguía sin poder seguirla el ritmo, mientras que ella corría desesperada.
Por fin se detuvo. El bosque se había abierto formando un claro donde un calmado lago descansaba. Soltó al niño en el suelo y con pasos cortos y temblorosos introdujo sus tobillos en el agua. Era la primera vez que me fijaba,pero tenía la piel azul y el pelo tan blanco que resaltaba en la noche.
-Cariño-su arrodilló metiendo las rodillas en el agua. Pasó su mano por mi frente y sonrió con tristeza.-Ahora, nos tenemos que separar-susurró mientras unas lágrimas caían de sus ojos.-Tienes que prometerme una cosa-asentí sintiendo las lágrimas en los ojos,-debes cumplir la profecía, debes acabar con Fenix-susurró.
Cogió al niño otra vez entre sus manos y, lentamente, se fueron sumergiendo en el agua poco a poco. Un brillo extraño se oyó y un sonido, como si de un llanto de una criatura sobrenatural, retumbó en el aire.
-Ve con Yukon y entregale la piedra-la voz de mi madre zumbó en mis oídos con una exhalación.
La luz dejo de emitirse y ,como si la corriente lo llevase, el niño apareció en la orilla, totalmente empapado y con unos ojos blancos que parecían estar vaciós, acompañado de un enorme huevo azul.
Sin pensarlo tomé de la mano al niño y al huevo y corrí, casi arrastrandole, por largos caminos y senderos. Sin saber donde me dirigía, sin saber como llegaría. Camino tras camino, mis fuerzas empezaron a disminuir hasta quedar tendida en el suelo.
Murmullos sonaban, uno tras otro y voces fuertes y contundentes sonaban sorprendidas. Pero hubo una que reconocí al instante.
-El pequeño Kassh y la pequeña Hedera ya son unos de los nuestro-la voz de Yukon sonó llena de felicidad.

Desperté todavía apoyada en la pared y con la cabeza ladeada. Todo había sido un sueño. Limpié los rastros de lágrimas y observé la escarcha del cristal. Ya era de día.

jueves, 14 de julio de 2011

Capítulo 16

La mujer ni siquiera esperó a que la puerta se abriera del todo, tan solo pasó por el pequeño hueco entre el marco y la puerta.
Sacudí la cabeza intentando quietarme el embobamiento que tenía encima. Llevaba esperando ese momento desde hacía días, semanas, no lo sabía con certeza, ni si quiera ahora lo sé con determinación.
Entré siguiendo de cerca a Alec, que había entrado despúes que la mujer.
La habitación estaba en penumbras; el gran ventanal que había al fondo estaba cubierto por unas anchas cortinas;  las paredes decoradas con un friso de madera; un escritorio oscuro con un globo terraqueo y varios papeles esparcidos sobre él, descansaba bajo la ventana, pero lo que más llamaba la atención era la silueta de un hombre de espaldas, con el pelo desigual y un traje con solapas desgarradas.
-Señor, traigo a la chica-la mujer se dirijió al extraño hombre de espaldas anchas.-Muchas gracias, Euríale-su voz dura y grave tenía una mezcla de misterio y elegancia, pero en ese momento no me fijé en su voz, sino en ese nombre...
<<Euríale, ¿de qué me suena?, lo he oído antes lo sé, pero...>>, una imagen acudió velozmente a mi cabeza, ¡Khass!, su madre.
Toda esa información se proceso con extremada velocidad y como si fuese un autómata giré la cabeza hacia ella y até cabos. Esa sensación cuando la di la mano, era la misma; sus gafas, tapaban sus ojos de vibora. ¡¿Cómo podía haber sido tan lenta?!
-Euríale, iros, dejadnos a solas-Alec y la mujer hicieron una pequeña reverencia y desaparecieron en el aire-.Bueno, Hedera-dijo con rintintín-,creo que tu y yo debemos hablar, ¿verdad?-apoyó sus manos al escritorio que tenía justamente delante de él-.¿Sabes lo que quiero?
-Lo mismo que todo el mundo aqui, el maldito colgante-dije con voz queda.
-Exactamente, ¿sabes el por qué?-preguntó de forma misteriosa quitando las manos del escritorio de ebano.
Pensé. Era verdad, estaba intentando proteger una piedra de la cual solo sabía que mi madre estaba allí.
-¿Mi madre?-su carcajada resonó por toda la habitación.
-A esa mujer no la quiero volver a ver ni en pintura-dijo girando bruscamente. Un momento, ese no era el tío de la foto.
-¡¿Quién eres?!-exclamé mirandole fijamente, su cara era más afilada, su pelo era anaranjado cortado en mechones desiguales y sus ojos eran naranjas no rojos. Ese tío era completamente distinto que al de la foto.-Soy el fenix-sus ojos brillaron como el fuego en la noche. Mi cabeza no daba más de mi, ese tío no era el de la foto, pero todo el mundo le trataba como un amo-.Sorprendida, no era lo que esperabas-eso no era una pregunta, sabía lo que estaba pensando.
-Tu...no...-su sonrisa blanca resaltó en la penumbra de la oscuridad. Estaba asustada, ese tío no era normal, desprendía un aura....
-Oh si, el de la foto no era yo, era el estúpido de tu padre, intéligente pero estúpido-parecía estar hablandolo consigo mismo, pero no paraba de mirarme con interés. Según oí esa frase todo se derrumbo a mi alrededor, ¿cómo que mi padre?, él era....
No lo entendía, me había estado jugando la vida para esto, para no saber nada de mi misma ni de mi familia. No sabía el por qué de esa estúpida lucha y ni siquiera sabía si ese tío decía la verdad o si todo era un castillo en el aire.
-Tu padre y tu madre me fueron muy útiles-continuó como si hubiese leido el desconcierto en mi cara.-Después, tu madre cometió una estupidez y...¡caput!-remarco el final de la frase golpeando el gran escritorio con el puño.-Si te digo la verdad, me dieron incluso pena, tu madre dio su insignificante vida por salvar algo que no tenía remedio-dirijió su mano al globo terraqueo del escritorio y al tocarlo un pequeño resplandor rojo se formo entre su mano y el globo.-Que pena que no sirviese de nada, ¿verdad?
-N...no...has respondido-susurré con rabia lo suficiente alto como para que me oyese.
Soltó una carcajada.
-Eres un poco insolente-dijo acercandose con paso lento.-No dudes que te hubiese matado si no necesitase saber que planean esos...-dejó la frase en el aire con desprecio. El hombre se acercó lentamente hacia las cortinas y las abrió de golpe, dejando que una luz cegadora iluminase la gran habitación.-Pero si lo prefieres, puedes estar entre ellos-dijo señalando por la ventana, por detrás de la muralla, a un grupo de personas atadas a barrotes, cubiertas de suciedad.
Entrecerré los ojos con rabia. Ese tío era un monstruo.
-Te he dado a elejir, asi que no me mires asi-dijo sin mirarme. Me estaba poniendo de los nervios, tenía unas ganas de golpearle.
¿Elejir?, ¡¿a eso el llamaba elejir?!, o me das información o te encadeno, más bien era como decirte que puerta eliges, la de las los leones o la del camino de la gloria. ¡Qué iba a elejir! Bueno si, podría ser una heroína y quedarme encadenada cantando el típico no nos moveran, pero como lo que buscaba era sobrevivir en un nido de ratas, acepté la opción más llevadera.
-¿Qué quieres saber?-pregunté acercandome al escritorio.
Se giró hacia mi con una sonrisa gatuna pintada en su cara.
-Todo-dijo apartando la silla del escritorio-.Quiero saber todo-se sentó con delicadeza y entrecruzó las manos por encima del escritorio.
Me quedé allí en medio de la inmensa sala, de brazos cruzados y sin saber por dónde empezar. Busqué en cada recoveco de mi mente con desesperación, necesitaba algo que hiciese que el me respondiese todas mis dudas.
-Se lo que estas pensando, yo ya he hablado lo sufiente-dijo tamborileando sus dedos sobre la mesa-.Dí todo lo que sepas, no dudes que si mientes, lo sabré-soltó una de sus malditas sonrisas, de esas que me repateaban.-Puedes empezar...
-Todo lo que se es...-empecé a relatarle toda mi historia, desde ese maldito día en el pantano hasta ahora, bueno tal vez no toda mi historia, me salté unos cuantos detalles, como la localización de la piedra y el pequeño trozo que había desaparecido en mi mano, y la teoría que tenía para destruirle.

domingo, 15 de mayo de 2011

Capítulo 15

El edificio destacaba entre todos los muros que lo rodeaban. Sus ventanas tenían vidrieras y entre ellas se filtraban unos débiles rayos de luz, que parecían provenir de velas.
Alec había corrido dejando un rastro luminoso a su espalda, situándose delante nuestra. Según llegó bajó la marcha y fue con la cabeza bien alta, recibiendo halagos de todo el mundo, cosa que solo hacía aumentar su maldito ego.
Seguimos andando, hasta que una puerta de madera, con grandes bisagras y con aspecto de tener varios años, nos impidió el paso. Miré a la mujer, pero esta solo miraba al pelirrojo con impaciencia. Alec pareció darse cuenta de que si no abría la puerta inmediatamente, alguien saldría muy mal parado. Apoyó las manos sobre la vieja madera y ni siquiera tuvo que empujar, se oyó un chasquido y sin más la puerta se abrió. Cuando se apartó se lamió las palmas de la mano, como fuera un gato, pero no parecía que lo hiciese por estar sucio, sino porque parecía haberse hecho daño.
Me fijé en la puerta, intentando saber que es lo que le había hecho tanto daño, y entonces lo vi, dos pinchos negros, uno en el centro de cada puerta, manchados de sangre, y con varios agujeros para absorber la sangre derramada.
Que dolor, pensé mientras me apretaba las palmas de las manos. En ese momento hasta el pelirrojo me dio pena.
La mujer empezó a andar con rapidez, como si no le importara el sacrificio que el pelirrojo acababa de hacer.
Me quedé embobada mirando a la puerta y a su extraño mecanismo de apertura, ¡se abría con sangre!
Solo salí de ese minúsculo trance cuando el pelirrojo me golpeó el hombro al pasar por mi lado, sin borrar esa sonrisa estúpida mientras se lamía la palma de la mano. Según me golpeó me di cuenta de que debía continuar, o no conocería a Él.
Entré por la puerta, y tropecé con los tres escalones que había a continuación de la puerta.
<<Torpe>>, me reproche mentalmente viendo como la mujer y el pelirrojo seguían andando sin esperarme. Aceleré el paso, por no decir que corrí hacia ellos, y me detuve cuando estaba a palmo de la espalda de la mujer. Ni siquiera se inmutaron, solo siguieron andando.
Caminamos recto hasta llegar a una escalera de caracol, totalmente de piedra, la subimos y allí se complico todo. La habitación a la que salíamos se partía en cinco pasillos, del pasillo que seguimos, salían dos pasillos más, así sucesivamente, en total, pasamos por más de diez pasillos, muchos más. Pero, aunque parecía que nos habíamos perdido la mujer sabía por donde iba, sus pasos eran firmes y no dudaba cuando tenía que salir de un pasillo a otro.
Por fin, después de no sé cuantos pasillos cruzados, llegamos a un pasillo que se iba estrechando poco a poco. Entramos, al principio la mujer y Alec iban juntos, pero llego un momento en el que el pasillo se estrechaba tanto que solo podíamos ir de uno en uno.
Andamos unos metros y en la creciente oscuridad se empezaron a denotar pequeñas luces flotando en medio del pasillo. Al principio creí que eran simples luces, pero después de que una de ellas se acercara flotando y me atravesara un brazo, pude descubrir que era fuego, pero no quemaba, solo daba la sensación de calor.
El final del pasillo estaba atestado de esas pequeñas llamas, pero nada más, ni una puerta, ni cadena...Solo estaban las llamas y las paredes de roca.
Seguimos andando. El pasillo terminaba, ¿dónde querían ir?,¿no veían que no había más?
Empecé a mirar hacia los lados intentando encontrar una puerta, una reja, algo por donde seguí el camino, pero no, no había nada de eso.
La mujer se detuvo delante de la pared, con gesto serio. Espere a que la pared se derrumbase, pero no, la tía esa pisoteó el suelo con fuerza tres veces, ni una más ni una menos, y esperó.
El silencio recorrió el pasillo, mientras intentábamos escuchar algo, bueno yo intentaba ellos ya sabían lo que debían escuchar.
-¿Si?-una voz aguda, parecida a cuando alguien araña una pizarra con las uñas, resonó desde detrás de la pared.
-Abre-la mujer sonaba irritada.
Nada sucedió, ni se oyó, pero la mujer anduvo con decisión contra la pared y un halo azul blanquecino la envolvió. Me quedé en el sitio, tensa y esperando algo más. Y de pronto, el pelirrojo me empujó con bastante brusquedad. Sentí que mi cuerpo impactaba contra algo invisible, pero no se detenía, en cambió, era tragado con presión hacia dentro. En segundos todo volvió a la normalidad.
Me estaba empezando a cansar de sus empujoncitos y como se le ocurriese darme otro se tragaba un puñetazo.
-¿Qué queréis?, el señor está muy ocupado para recibir a gente como tú-la voz me sacó de mis pensamientos, haciendo que me girara. La voz provenía de detrás de un escritorio de metal, para ser más exactos de una chica rubia, con dos altas coletas y una cara infantil. La chica parecía que con sus palabras solo se refiriese a la mujer.
<<Que no sea ella>>, rogaba en mi interior por que esa tía no fuese el poderoso Él.
Miré a mi alrededor intentando descubrir donde estaba. Las paredes de piedra habían desaparecido, y ahora eran laminas blancas; las llamas voladoras habían sido sustituidas por dos grandes focos de luz blanca; el pasillo estrecho ahora era una sala ancha con sillas azules cerca de las paredes, plantas en los rincones y un dispensador de agua.
-Lissie, callate, aunque tu "gran" cerebro te lo impida-respondió la mujer con odio.
Lissie se levantó del escritorio y se acercó a al mujer. Parecía a punto de llorar, con los mofletes hinchados y la cara roja de rabia, todo eso sumado a la camiseta con unicornios y a los pantalones de colores, hacía que pareciese una niña pequeña con una rabieta.
-¡Cabeza de serpiente!-chilló pisoteando con fuerza el suelo.-Que sepas que el señor solo te deja pasar porque traes a esa cosa-me señaló.
Venga ya, la leche, ¿cosa?, no podía decir nada más.
-Si, claro Lissie, pero por ahora yo he conseguido más de él que tu-una sonrisa maliciosa afloró en los labios de la mujer.
La única respuesta que hubo fue la risa de Alec y los pisotones de Lissie.
Eso era exasperante, no sabía por qué discutían y tampoco sabía si en algún momento de mi vida podría ver a Él, porque si eso continuaba así...
-Bueno y si no te importa nosotros nos vamos-la mujer se acercó a paso rápido hacia la puerta que había en una de las blancas paredes.
<<Por fin>>, pensé mientras acortaba la distancia entre nosotras.
La mujer empujó la puerta, esta sonó con un leve chasquido y se abrió con lentitud.

domingo, 3 de abril de 2011

Capítulo 14

El paso de Rodny era lento, parecía como si le costase moverse. El ruido se sus pies golpeando la calle resonaba en mi cabeza, mientras una maldita pregunta flotaba en mi cabeza, intentando ser resuelta, pero no era tan fácil como podía parecer.
-No le importa-susurré con rabia. Apreté los puños con fuerza, sintiendo el dolor que me producían mis uñas al clavarse en la piel.
Soltó una pequeña carcajada, pero parecía que se hubiese desaprendido de su garganta llena de rabia y furia, como si hubiese dado en el clavo.
-No la verdad no me importa-se giró hacia mi y me mostró una sonrisa de superioridad.-Solo era simple curiosidad-ensanchó su sonrisa y se echó un mechón de pelo detrás de la oreja, era como si todo para ella no importase.-Pero bueno, ni siquiera se acordarán de mi, así que no pasa nada-esas palabras parecían cargadas con unas gotas de amargura y dolor, pero esa sonrisa seguía en su cara, como si en realidad no la importase.
-Yo tampoco te recordaría-susurré-.Serias un recuerdo demasiado horrible-la verdad, ni siquiera sabía porque lo había dicho, pero era lo que pensaba realmente.
La sonrisa pareció desaparecer por unos instantes, pero volvió a renacer, pero esta vez era una sonrisa de odio.
-Perfecto, no pretendía desprender mariposas rosas cuando me fuese-un pequeño escalofrío recorrió mi espalda, no se que daba más miedo, la mujer en sí, o imaginarte a la personificación del mal vestida de rosa, rodeada por maripositas rosas y echado flores por todos los lados.
-Pero tranquila, dentro de poco tu tampoco seras recordada-su sonrisa siguió ahí, pero ella parecía no estar. Se había quedado mirando sobre mi hombro, y parecía estar en otro mundo.
Me daban ganas de tirarla, pero a la vez, su sola presencia, tan rígida y a la vez tan suave, tan fría y tan cálida, tan malvada y tan buena, era como si un bucle de sensaciones se agrupase en su interior, hacía que no la atacase, el por qué, no lo sé, creo que era porque me infundía un gran respeto, no sé, tal vez porque era una de las piezas de ese puzzle tan enmarañado que debía resolver.
Ella seguía en su mundo, como si nada, como si no estuviese delante, de pronto movió la cabeza hacia los lados, como intentando borrar un mal sueño de su mente. Se giró y se apoyó en la barandilla de la plataforma.
-...lo que tiene el "amor"...-susurró mientras suspiraba de forma lastimera. La palabra amor, la había dicho con retintín, como si en realidad no fuese amor.
Algo tenía esa frase que me llamaba la atención, amor..., esa mujer estaba ahí por amor, ¿pero hacia quién?, hacia ese pelirrojo pesado...,no no creo, demasiado insoportable para llegar a ese extremo, hacia Él..., podía ser...pero...Moví la cabeza con brusquedad intentando librarme de mis suposiciones, y me fijé en la mujer.
-¿Amor?-pregunté intentando demostrar poco interés en este tema. No me contestó.-Entonces, tu y el pesado pelirrojo, estáis juntos...-no era una pregunta, solo quería picarla hasta el extremo de que me contestara. Sin previó aviso soltó una carcajada, creo que eso significaba un no rotundamente.
No volví a hablar, me parecía ridículo intentarlo, había intentado cabrearla, comprenderla y me estaba empezando a hartar, como se podía ser tan insensible.
El silencio se cernió sobre esa pequeña plataforma, solo se oía el aire golpeando los hombros de Rodny con violencia y sus pisadas. Esta vez el silencio no fue incomodo, era de lo más tranquilizador saber que no debía enfrentarme a esa mujer.
No se cuanto pasó hasta que el paso de Rodny empezó a bajar de velocidad, pero a partir de ese momento supuse que llegaba lo peor, sobretodo cuando vi al pelirrojo al lado de la mujer. ¡¿Cómo hacía eso?!, odiaba su velocidad, ojala un pie le fallase y terminase sobre el suelo moribundo, pero no, encima era ágil.
-Ya hemos llegado-dijo con demasiada caballerosidad.
-Bien, ahora bajamos, ve avisando de lo que traigo-le dijo con una sonrisa maliciosa dibujada en la cara. El chico saltó por la barandilla y desapareció con rapidez.-Y tu-me miró como a un trozo de carne.-Comportate, y no menciones nada delante de Él-respiré, lo primero no era un perrito al que decirle como comportarse, y lo segundo y más importante, ¡iba a conocer a Él!
La mujer se acercó al extremo de la plataforma, al principio pensé que era por ver al pelirrojo, pero me dí cuenta de que la plataforma había empezado a descender, pero Rodny no se había agachado ni un poco, es decir, ¿qué estaba pasando?
-Tienes que saltar-dijo mientras se sentaba sobre la barandilla. Miré hacia abajo rogando mentalmente porque fuera una broma, aunque parecía que lo decía muy en serio, igual que todo lo que decía.
Estaba claro que no iba a saltar, pero todo eso cambió cuando la plataforma desapareció bajo nuestros pies y el "pequeño" Rodny, había sido sustituido por un niño de ojos azules y pelo rubio cortado a tazón, tan delgado como si llevase días sin comer y con la ropa llena de agujeros.
Yo, ni siquiera sé como llegué al suelo, solo sé que hubo algo de aire que, creo, me detuvo de un buen golpe, no lo sé, en ese momento no me interesaba, luego ya me enteré por otros medios.
El niño no dejaba de llorar, me daba pena, era solo un crió de unos seis años y estaba allí, en medio de la calle, llorando y solo.
-Rodny-la mujer lo dijo como si el gigante estuviese, con la misma voz con la que se lo había dicho sobre su hombro. El niño inmediatamente paró de llorar y la miró sin verla, casi como un robot.
-¡Alec!-me giré intentando descubrir quién era ese Alec, pero ahí solo estaba el estúpido pelirrojo, el cual se giró hacia la mujer bruscamente.-Llevale con los otros-dijo mirando al niño con asco. El estúpido pelirrojo, o, Alec, cogió al niño, con ninguna delicadeza, del brazo y le llevó medio arrastrando, hasta que...desaparecieron, así sin más, fue como cruzar un campo de energía.
La mujer se puso a andar y yo me quedé ahí, inmóvil, donde pensaba ir, estábamos en medio de la nada, y la verdad no me apetecía desparecer como Alec y Rodny.
-¡Vamos!-me instó. Su voz me sacó de mi trance.
Empecé a andar hacia ella y me detuve a su lado, esperando a que hiciera algo. La mujer según me puse a su lado empezó a andar hasta detenerse en medio de la carretera esperando algo. La seguí a paso lento y me detuve a su lado, mientras miraba a ambos lados de la carretera deseando que ningún coche me llevase por delante, entonces la mujer me agarró del brazo con brusquedad y tiró de mi hacia delante, de pronto todo pareció desvanecerse.
Empecé a sentir que mi cuerpo se empezaba a separar, era como estar en varios sitios a la vez, y allí donde miraba solo había una luz azul intensa, pero esa sensación solo duró unos segundos, ya que la luz disminuyó y aparecimos delante de una fortaleza de piedra con miles de personas a su alrededor, todos parecían asustados, nos miraban con terror con los ojos vidriosos.
-Señora, por favor, dejenos en libertad-le rogaban algunos de los que estaban allí. Esa frase me hizo fijarme en ellos, todos estaban atados con cadenas gruesas de un material negro como el carbón y mas duro que el diamante.
Recorrí con la mirada toda la muralla de la fortaleza, en el extremo derecho, había algo parecido a una forja, y varias personas de cabellos llameantes atadas a ella, paseé la mirada hacia la izquierda, una fuente de agua, y varias personas con la piel llenas de escamas atada a ella. Mi mirada se posó en el extremo izquierdo de la fortaleza, allí estaba Alec, atando al niño a la pared con las gruesas cadenas, no era el único niño, toda esa zona estaba poblada de niños atados.
-¡Abrid las puertas!-grito la mujer mientras avanzaba hacia unas grandes puertas de roca. La seguí, no quería estar allí mucho tiempo, era demasiado triste, De pronto un ruido hizo que parara, la puerta de piedra había caído al suelo, partida en varias rocas pequeñas, haciendo un estruendo horrible.
La mujer pasó por el hueco que había dejado la puerta con total naturalidad. Con mucho cuidado de que no me pasase nada, nadie sabía si se iba a derrumbar la fortaleza entera, la seguí medio corriendo, y según cruzamos las puertas, todas las rocas que se había amontonado en el suelo, volvieron a su antiguo estado, el de una puerta.
En el interior el panorama era distinto, la gente andaba tranquilamente, con sonrisas pintadas en la cara, como si lo que hubiese fuera no les importase. Lo único que destacaba ahí eran varios hombres atados al suelo, a los lados de la tierra, supuse que serían los elementales de la tierra.
La mujer andaba con la cabeza alta, seguida de cerca por mi, hacia una construcción en medio de la fortaleza, todo el mundo parecía respetarla y bajaban la cabeza a su paso.
¿Dónde concho estábamos?, ¿en la tierra media?, y, ¿ por qué ese cambio de fuera a dentro de las murallas? Muchas preguntas recorrían mi mente, pero la más importante era: ¿Podría ver a Él?

sábado, 5 de febrero de 2011

Capítulo 13

No me lo podía creer, había caido en esa truco tan sucio, o mejor dicho estúpido.
Dio un tirón seco a mi brazo, haciendo que mis pies tropezasen con ellos mismos. Tiré intentando soltarme, me había atrapado, pero no iría con él tan facilmente.
-Te recomiendo que te comportes, porque a mi amigo Rodny no le hace mucha gracia-me reí, lo único que se me paso por la cabeza fue un perro, y vieniendo de él, me lo imaginaba huesudo y sucio. Pero todo ese buen humor desapareció cuando el suelo empezó a temblar bajo nuestros pies, y no era un terremotó, eran pasos y se estaban acercando.
En ese momento empecé a rezar para que ningún moustro apareciese entre los edificios.
Los golpes empezaron a crecer, de la potencia nos levantabamos unos centímetros del suelo. Eso ya no tenía gracia, y la tuvo aun menos cuando el temblor cesó y un pie sucio, gigantesco, y con las uñas amarillas con cosa verdes, apareció a mi lado. ¡Dios!, que el tobillo me llagaba a mi por la cabeza.
Subí poco a poco la cabeza , con los ojos abiertos como platos, mirando quien era el pequñín llamdo Rodny.


Un ciclope gigantesco, sonreía grotescamente dejando ver sus afilados colmillosque le sobresalian de sus fauces.
-Hola-dijo el ciclope con voz grutual, aunque parecía un niño pequeño cuando se presenta a alguién.
-Rodny, esta es Hedera, la niña que va a jugar contigo-dijo mirandome con sorna.-Hedera, este es Rodny, os lo vais a pasar muy bien.
Todo lo decía con parsimonia, como si lo que tuviesemos sobre nuestras cabezas no fuese un troll de un solo ojo y además de eso, sumale que medía más de diez metros.
Lo que no me explicaba como que nadie podía verle, no había nadie por la calle, vale, pero, ¿y desde las ventanas?
-¿Vendrás ahora?-preguntó chascando la lengua. Su ridícula voz me saco de mis pensamientos.
Miré hacia atrás buscando una salida, incluso el ejercito de moustruitos pesados o que le cayese un rayo encima, algo que ocurriese algo.
-Rodny, ¿haces los honores?-dijo alrgando el brazo hacia mi. El ciclope respondió alargando el brazo y apretando su mano a mi alrededor.
Empezó a subirme lentamente.
-Solo quermos un poco de información-le miré y vi como sonreía con saña.
-¿Qué tipo de información?-dije clavando las uñas en la mano del ciclope, este parecía no sentirlo, tenía la piel demasiado gruesa.
-Información, da igual de que tipo...-era exasperante. El se reía a carcajadas y yo ahí intentando controlarme para no ser aplastada y que hiciera zumo de Hedera.
-¿Qué información?-dije al borde de decir alguna burrada.
-Algo muy sencillo-una voz femenina sonó a mi espalda.
Giré el cuello cuanto pude, pero lo único que pude ver fue una mano pálida, casi grisacea, con unas uñas pintadas de verde fosforito.
-Rodny-el ciclope pareció desconectarse, cerró los ojos.-Suéltala-la voz era dulce, pero firme a la vez, como si el ciclope fuese en realidad un perro.
Ni siquiera parpadeó, solo asintió imperciptiblemente y abrió la mano sobre su propio hombro.
Me giré rápidamente para encararla, pero lo único que habia allí era una mujer sonriente, subida sobre una pequeña plataforma hecha sobre el hombro del ciclope.
Su pelo castaño se le ensortijaba sobre la cara, haciendoles parecer serpientes. Llevaba una ropa en tonos marrones y muy ancha, pero lo que más me llamó la atención fue que llevaba unas grandes gafas redondas de sol que la tapaban media cara. Extendió su mano y me sonrio con ¿dulzura?, tantas emociones me debian haber sentado mal.
Dudé en coger su mano, estaba demasiado dentro de la plataforma, ella podría tirarme al suelo, pero yo a ella no.
-Ven, no te haremos daño-que graciosa que era, era como si en realidad dijese: ven que solo te vamos a torturar hasta que hables.
Mire su mano con desconfianza y asco. Ella dio dos pasos hasta estar en el borde de la plataforma.
-Ahora tu puedes tirarme a mi-¿cómo...?, daba igual, tenía una oportunidad.
Rocé su mano con los dedos, y una sensación ya conocida me atravesó. Su piel estaba fría y escamosa.
Cogí su mano con fuerza, dispuesta a tirar de ella, pero algo en mi interior me dijo que no debía, y sin darme cuenta me había subido a la plataforma.
-Rodny, a casa-dijo dando una palmada en el aire. Se giró hasta darme la espalda.-¿Qué tal estan todos por allí?
-Bien-susurré de forma inaudible.
-¿Y Khass?-su voz tembló.-¿Está bien?, ¿que poderes ha obtenido en estos años?-¿a qué venía esa obsesión por Khass?