El paso de Rodny era lento, parecía como si le costase moverse. El ruido se sus pies golpeando la calle resonaba en mi cabeza, mientras una maldita pregunta flotaba en mi cabeza, intentando ser resuelta, pero no era tan fácil como podía parecer.
-No le importa-susurré con rabia. Apreté los puños con fuerza, sintiendo el dolor que me producían mis uñas al clavarse en la piel.
Soltó una pequeña carcajada, pero parecía que se hubiese desaprendido de su garganta llena de rabia y furia, como si hubiese dado en el clavo.
-No la verdad no me importa-se giró hacia mi y me mostró una sonrisa de superioridad.-Solo era simple curiosidad-ensanchó su sonrisa y se echó un mechón de pelo detrás de la oreja, era como si todo para ella no importase.-Pero bueno, ni siquiera se acordarán de mi, así que no pasa nada-esas palabras parecían cargadas con unas gotas de amargura y dolor, pero esa sonrisa seguía en su cara, como si en realidad no la importase.
-Yo tampoco te recordaría-susurré-.Serias un recuerdo demasiado horrible-la verdad, ni siquiera sabía porque lo había dicho, pero era lo que pensaba realmente.
La sonrisa pareció desaparecer por unos instantes, pero volvió a renacer, pero esta vez era una sonrisa de odio.
-Perfecto, no pretendía desprender mariposas rosas cuando me fuese-un pequeño escalofrío recorrió mi espalda, no se que daba más miedo, la mujer en sí, o imaginarte a la personificación del mal vestida de rosa, rodeada por maripositas rosas y echado flores por todos los lados.
-Pero tranquila, dentro de poco tu tampoco seras recordada-su sonrisa siguió ahí, pero ella parecía no estar. Se había quedado mirando sobre mi hombro, y parecía estar en otro mundo.
Me daban ganas de tirarla, pero a la vez, su sola presencia, tan rígida y a la vez tan suave, tan fría y tan cálida, tan malvada y tan buena, era como si un bucle de sensaciones se agrupase en su interior, hacía que no la atacase, el por qué, no lo sé, creo que era porque me infundía un gran respeto, no sé, tal vez porque era una de las piezas de ese puzzle tan enmarañado que debía resolver.
Ella seguía en su mundo, como si nada, como si no estuviese delante, de pronto movió la cabeza hacia los lados, como intentando borrar un mal sueño de su mente. Se giró y se apoyó en la barandilla de la plataforma.
-...lo que tiene el "amor"...-susurró mientras suspiraba de forma lastimera. La palabra amor, la había dicho con retintín, como si en realidad no fuese amor.
Algo tenía esa frase que me llamaba la atención, amor..., esa mujer estaba ahí por amor, ¿pero hacia quién?, hacia ese pelirrojo pesado...,no no creo, demasiado insoportable para llegar a ese extremo, hacia Él..., podía ser...pero...Moví la cabeza con brusquedad intentando librarme de mis suposiciones, y me fijé en la mujer.
-¿Amor?-pregunté intentando demostrar poco interés en este tema. No me contestó.-Entonces, tu y el pesado pelirrojo, estáis juntos...-no era una pregunta, solo quería picarla hasta el extremo de que me contestara. Sin previó aviso soltó una carcajada, creo que eso significaba un no rotundamente.
No volví a hablar, me parecía ridículo intentarlo, había intentado cabrearla, comprenderla y me estaba empezando a hartar, como se podía ser tan insensible.
El silencio se cernió sobre esa pequeña plataforma, solo se oía el aire golpeando los hombros de Rodny con violencia y sus pisadas. Esta vez el silencio no fue incomodo, era de lo más tranquilizador saber que no debía enfrentarme a esa mujer.
No se cuanto pasó hasta que el paso de Rodny empezó a bajar de velocidad, pero a partir de ese momento supuse que llegaba lo peor, sobretodo cuando vi al pelirrojo al lado de la mujer. ¡¿Cómo hacía eso?!, odiaba su velocidad, ojala un pie le fallase y terminase sobre el suelo moribundo, pero no, encima era ágil.
-Ya hemos llegado-dijo con demasiada caballerosidad.
-Bien, ahora bajamos, ve avisando de lo que traigo-le dijo con una sonrisa maliciosa dibujada en la cara. El chico saltó por la barandilla y desapareció con rapidez.-Y tu-me miró como a un trozo de carne.-Comportate, y no menciones nada delante de Él-respiré, lo primero no era un perrito al que decirle como comportarse, y lo segundo y más importante, ¡iba a conocer a Él!
La mujer se acercó al extremo de la plataforma, al principio pensé que era por ver al pelirrojo, pero me dí cuenta de que la plataforma había empezado a descender, pero Rodny no se había agachado ni un poco, es decir, ¿qué estaba pasando?
-Tienes que saltar-dijo mientras se sentaba sobre la barandilla. Miré hacia abajo rogando mentalmente porque fuera una broma, aunque parecía que lo decía muy en serio, igual que todo lo que decía.
Estaba claro que no iba a saltar, pero todo eso cambió cuando la plataforma desapareció bajo nuestros pies y el "pequeño" Rodny, había sido sustituido por un niño de ojos azules y pelo rubio cortado a tazón, tan delgado como si llevase días sin comer y con la ropa llena de agujeros.
Yo, ni siquiera sé como llegué al suelo, solo sé que hubo algo de aire que, creo, me detuvo de un buen golpe, no lo sé, en ese momento no me interesaba, luego ya me enteré por otros medios.
El niño no dejaba de llorar, me daba pena, era solo un crió de unos seis años y estaba allí, en medio de la calle, llorando y solo.
-Rodny-la mujer lo dijo como si el gigante estuviese, con la misma voz con la que se lo había dicho sobre su hombro. El niño inmediatamente paró de llorar y la miró sin verla, casi como un robot.
-¡Alec!-me giré intentando descubrir quién era ese Alec, pero ahí solo estaba el estúpido pelirrojo, el cual se giró hacia la mujer bruscamente.-Llevale con los otros-dijo mirando al niño con asco. El estúpido pelirrojo, o, Alec, cogió al niño, con ninguna delicadeza, del brazo y le llevó medio arrastrando, hasta que...desaparecieron, así sin más, fue como cruzar un campo de energía.
La mujer se puso a andar y yo me quedé ahí, inmóvil, donde pensaba ir, estábamos en medio de la nada, y la verdad no me apetecía desparecer como Alec y Rodny.
-¡Vamos!-me instó. Su voz me sacó de mi trance.
Empecé a andar hacia ella y me detuve a su lado, esperando a que hiciera algo. La mujer según me puse a su lado empezó a andar hasta detenerse en medio de la carretera esperando algo. La seguí a paso lento y me detuve a su lado, mientras miraba a ambos lados de la carretera deseando que ningún coche me llevase por delante, entonces la mujer me agarró del brazo con brusquedad y tiró de mi hacia delante, de pronto todo pareció desvanecerse.
Empecé a sentir que mi cuerpo se empezaba a separar, era como estar en varios sitios a la vez, y allí donde miraba solo había una luz azul intensa, pero esa sensación solo duró unos segundos, ya que la luz disminuyó y aparecimos delante de una fortaleza de piedra con miles de personas a su alrededor, todos parecían asustados, nos miraban con terror con los ojos vidriosos.
-Señora, por favor, dejenos en libertad-le rogaban algunos de los que estaban allí. Esa frase me hizo fijarme en ellos, todos estaban atados con cadenas gruesas de un material negro como el carbón y mas duro que el diamante.
Recorrí con la mirada toda la muralla de la fortaleza, en el extremo derecho, había algo parecido a una forja, y varias personas de cabellos llameantes atadas a ella, paseé la mirada hacia la izquierda, una fuente de agua, y varias personas con la piel llenas de escamas atada a ella. Mi mirada se posó en el extremo izquierdo de la fortaleza, allí estaba Alec, atando al niño a la pared con las gruesas cadenas, no era el único niño, toda esa zona estaba poblada de niños atados.
-¡Abrid las puertas!-grito la mujer mientras avanzaba hacia unas grandes puertas de roca. La seguí, no quería estar allí mucho tiempo, era demasiado triste, De pronto un ruido hizo que parara, la puerta de piedra había caído al suelo, partida en varias rocas pequeñas, haciendo un estruendo horrible.
La mujer pasó por el hueco que había dejado la puerta con total naturalidad. Con mucho cuidado de que no me pasase nada, nadie sabía si se iba a derrumbar la fortaleza entera, la seguí medio corriendo, y según cruzamos las puertas, todas las rocas que se había amontonado en el suelo, volvieron a su antiguo estado, el de una puerta.
En el interior el panorama era distinto, la gente andaba tranquilamente, con sonrisas pintadas en la cara, como si lo que hubiese fuera no les importase. Lo único que destacaba ahí eran varios hombres atados al suelo, a los lados de la tierra, supuse que serían los elementales de la tierra.
La mujer andaba con la cabeza alta, seguida de cerca por mi, hacia una construcción en medio de la fortaleza, todo el mundo parecía respetarla y bajaban la cabeza a su paso.
¿Dónde concho estábamos?, ¿en la tierra media?, y, ¿ por qué ese cambio de fuera a dentro de las murallas? Muchas preguntas recorrían mi mente, pero la más importante era: ¿Podría ver a Él?